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VIII. HACIA EL SENTIDO GLOBAL

Con el trasfondo de cuanto ha venido señalándose se puede uno acercar a la lectura del mismo Medellín e intentar percibir la globalidad de su mensaje. Como se ha dicho, sin lugar a dudas a nadie escapa que de Medellín se han hecho muchas lecturas, lamentablemente, las más de ellas parciales y reductivas según las ideologías o los temores de quienes se aproximaban a los resultados de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. En especial durante los años anteriores a Puebla, ha sido trágica la tenacidad de algunos para inventar un Medellín irreal en base a ciertos pasajes descontextualizados de los documentos del encuentro episcopal[77] --hay que decirlo sin tremendismo alguno, más bien con todo realismo, de cara al tiempo perdido y a los esfuerzos intra-eclesiales consumidos para mantener la unión en la fidelidad a los impulsos del Espíritu Santo--. En torno a esas «selecciones descontexualizadas» se ha producido una mitificación, que con asombrosa contumacia han difundido editoriales y ha sido defendida en algunos foros sin que sus autores se dobleguen ante el macizo testimonio de los hechos, del Medellín real, y de los esfuerzos del CELAM para mostrarlo[78].

Medellín constituye una rica experiencia eclesial que se expresa en un conjunto de documentos que manifiestan lo que la Iglesia en América Latina vivió en aquellas jornadas de agosto de 1968, y en las que se trazaron juicios y orientaciones, en alguna medida, ya integradas en el recorrido histórico del Pueblo de Dios, aunque no siempre con la fidelidad que hubiera sido de desear. Si bien la vida no se reduce a textos escritos o verbalizaciones de las experiencias, el discurso racional, propio de la persona humana, no puede prescindir de esas inevitablemente necesarias y valiosas mediaciones. Ellas poseen una cierta objetividad propia a la que es necesario acceder como un primer momento de la comprensión --el en-sí de lo real-- para, en un segundo momento, proceder a la apropiación personal objetivante: el en-sí en-mí. Si se salta el primer momento se cae de lleno en un relativismo y se da rienda suelta al subjetivismo. En la materia que nos ocupa, se tiene entonces la invención de un «Medellín» que es parcial o totalmente diverso, según los casos, del Medellín real[79]. Esto ocurre generalmente en los predios de las erradas teologías de la liberación que se mueven definitivamente en un terreno alejado de la realidad objetiva, e incluso a-histórico, a pesar de sus pretensiones.

Pero aproximarse al Medellín real, al conjunto de documentos en que se expresa, de una manera orgánica que haga lo más inteligible posible el sentido global del mensaje de los Obispos, no es tarea fácil. Ante todo está, como ya se ha mencionado, la naturaleza disímil de los documentos, tanto en las características de cada uno según sus metas particulares[80], como en cuanto al resultado final de las 16 Comisiones y los otros dos textos globales que constituyen Medellín. No menor es la limitación impuesta por el objetivo de este trabajo, que se limita, en esta parte, a ofrecer las grandes líneas o estratos y los temas principales que aparecen en Medellín.

La tarea de presentar una visión global se hace algo más fácil, por el auxilio que ofrecen dos documentos fundamentales, expresión y síntesis de Medellín. Encabezando el bloque de las 16 Conclusiones independientemente elaboradas, los Obispos presentaron una muy valiosa Introducción[81] que hace las veces de perspectiva y enfoque de las Conclusiones, al tiempo que expresa una línea de búsqueda que orienta su lectura. El otro documento, clave y expresión de Medellín, es el Mensaje a los Pueblos de América, elaborado como una presentación sintética de los Obispos latinoamericanos, al mundo católico, del resultado de esa fiesta de fe[82]. Ambos documentos, precisamente por su condición de visiones-síntesis, son un auxilio invalorable para la recta lectura de todo el acontecimiento Medellín. Será menester, pues, detenerse un poco más extensamente en ellos, ya que constituyen una inapreciable perspectiva para ahondar en el resto de los documentos de la II Conferencia General de los Obispos latinoamericanos, y así poder hacerse cargo de cuanto constituye el fenómeno Medellín.

[77]«Y se han hecho interpretaciones --de Medellín--, a veces contradictorias, no siempre correctas, no siempre beneficiosas para la Iglesia», señalaba claramente S.S. Juan Pablo II (Homilía pronunciada en la Basílica de Guadalupe, Ciudad de México, 28/1/79, 4). Ver también el Discurso inaugural en Puebla, Introducción. También ver el acápite desarrollado arriba bajo el título «A pesar de los obstáculos».

[78]No es este el lugar para ahondar en lo que bien se puede designar como la defección de muchos autores, que permaneciendo en la Iglesia --otros han salido ya--, han optado por un sui generis boicot al proceso de maduración eclesial de cara a los retos del presente mediante una orquestada sustitución del mensaje del Medellín real por perspectivas ideologizadas. Las intervenciones constantes de los Papas y de la Santa Sede, así como de Pastores, Conferencias Episcopales nacionales, y el mismo CELAM, una y otra vez desoídas, presentan a quienes con contumacia permanecen en sus visiones erradas, al menos, como desafectos a la Iglesia, a su vida y misión en la historia, cuando no como algo mucho más grave. Los esfuerzos eclesiales por el diálogo esclarecedor, en torno a la verdad y a la caridad, en búsqueda de que la tendencia --hoy bien perfilada-- que así se ha venido comportando no se termine cerrando definitivamente sobre sí misma y quiebre la comunión, sin duda permanecerán como un horizonte que la Iglesia, Madre y Maestra amorosa, no puede nunca abandonar.

[79]Por ejemplo, un autor del liberacionismo prepara el terreno para su versión del significado de Medellín sosteniendo que los textos deben morir para continuar siendo vivos y palpitantes, y así ser interpretados militantemente en «la práctica cotidiana de las comunidades» (Alejandro Cussiánovich, Exégesis de los textos doctrinales, en Dussel-Richard-Cussiánovich, La Iglesia latinoamericana de Medellín a Puebla, CEHILA-CODECAL, Bogotá s.f., p. 78. Ver también pp. 82 y 102).

[80]Recordemos que la Conferencia se organiza en tres grandes áreas, distintas aunque complementarias: Promoción Humana, Evangelización y crecimiento de la fe, y la Iglesia visible y sus estructuras.

[81]Ver arriba el desarrollo del mismo tema bajo el acápite «Jornadas de trabajo».

[82]Ver lug. cit.


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