<< >> Inicio Contenidos


I. ACONTECIMIENTO ECLESIAL

Para toda una generación, Medellín fue una voz de entusiasmo y de esperanza. Se llamó a la reunión «Pentecostés de América Latina». El Cardenal Alfonso López Trujillo, ensaya, varios años después, una visión del hecho Medellín en su presentación de las Reflexiones en el CELAM en torno a las Conclusiones del gran evento de 1968: «Medellín quiso ser la aplicación del Concilio a América Latina. ¿No es éste el gran objetivo de la Conferencia?: "La Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio". Optimismo --resalta el entonces Secretario General del CELAM, como tónica ante la repercusión de Medellín--, a pesar de los vacíos y lagunas en su recepción y en su difusión; a pesar de las reacciones provocadas, sea por la poca penetración en su real perspectiva, sea por el juego de intereses que se consideran afectados, o por las interpretaciones incompletas o desenfocadas de que fue objeto. Optimismo por todo lo que Medellín sigue y seguirá representando, sin osar desafiar el proverbio chino: "Es preciso no hacer profecías, sobre todo cuando se trata del provenir". Porque Medellín es a la vez semilla y floración. Aquélla es constantemente arrojada al surco de nuestra Iglesia evangelizadora, y Medellín es un hito evangelizador; ésta --la floración-- se percibe en la voluntad de nuestras comunidades»[2].

Medellín fue un hecho decisivo, y en ese sentido sigue siendo parte activa de nuestra historia eclesial latinoamericana. Siguiendo el aporte del Cardenal López Trujillo en Reflexiones, cabe decir que Medellín permite al CELAM entenderse, ya que las Conclusiones de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano son «como su "carta fundamental"»[3], es «ante todo un espíritu» que «refleja el espíritu de renovación de nuestras Iglesias... en la fidelidad al Espíritu», es «interpretación de los signos de los tiempos en América Latina»; es también «fruto temprano de la renovación conciliar», «profundización en la Iglesia como misterio de comunión», y presencia de la Iglesia «en diálogo vital con el mundo, no opuesta a él ni confundida con él», en una perspectiva «solidaria» y de «compromiso pastoral» en el «desarrollo integral» en el que la promoción humana es asumida «en sintonía y plena articulación con la central preocupación por el Reino»[4].

El Cardenal Pablo Muñoz Vega, Arzobispo de Quito y Primer Vice-Presidente del CELAM en el periodo de la II Conferencia General, considera que el resultado de Medellín es «un derrotero claro y firme para su propia reforma interior y para la adaptación de su acción pastoral a las exigencias del mundo actual», y que ha dotado a la Iglesia con «una vía propia, buscada afanosamente como aplicación específica para sus pueblos de la gran ruta que para los tiempos nuevos trazó el Vaticano II»[5].

Por su parte, el hoy Cardenal Eduardo Pironio, entonces Secretario General del CELAM, lo califica como «el acontecimiento salvífico de Medellín»[6]. Esta idea parece central en el enfoque de Pironio, quien en una entrevista un año después de la II Conferencia General, sostenía: «Sólo mediante una plena efusión del Espíritu de Pentecostés --que purifica y transforma-- puede entenderse un hecho eclesial como el de Medellín»[7].

Medellín es un hecho eclesial insoslayable, como es insoslayable su perspectiva evangelizadora expresada en sus tres grandes áreas que agrupan los resultados de las Comisiones y Sub-comisiones pastorales en las que se dividieron los participantes en la Conferencia: Promoción humana (Justicia, Paz, Familia y demografía, Educación, Juventud); Evangelización y crecimiento en la fe (Pastoral Popular, Pastoral de Elites, Catequesis, Liturgia); y La Iglesia visible y sus estructuras (Movimiento de Laicos, Sacerdotes, Religiosos, Formación del Clero, La Pobreza de la Iglesia, Pastoral de Conjunto, Medios de Comunicación Social).

La eclesialidad de la reflexión y las Conclusiones de Medellín se muestran con toda claridad ya desde el mismo título dado a la Conclusiones definitivas. Se llamó al Documento Final: Presencia de la Iglesia en la actual transformación de América Latina. Precisamente, el mismo Alfonso López Trujillo, que tanto ha hecho por la difusión de las líneas teológico-pastorales de la Conferencia de Medellín, afirma que «Medellín ha sido un acontecimiento religioso que interpreta la situación y el destino de América Latina desde la fe»[8]. «Medellín es una lectura de fe, arraigada en la realidad, del momento de América Latina, de su "hora" --sostenía a los cinco años de celebrada la Conferencia de Medellín--, en la que los acontecimientos son interpretados como "signos". Todo dentro de una visión peculiar de fe del hombre y de la historia»[9].

[2]Secretariado General del CELAM, Medellín. Reflexiones en el CELAM, BAC, Madrid 1977, p. xiv.

[3]Allí mismo, p. 10.

[4]Allí mismo, pp. 12 y 13.

[5]II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Iglesia y liberación humana. Los Documentos de Medellín, Editorial Salesiana (Lima) - Editorial Don Bosco (Cuenca), Quito 1971, p. 9.

[6]Secretariado General del CELAM, ob. cit., p. 27.

[7]Un año después de Medellín. Reportaje a Mons. Eduardo Pironio, «El Tiempo», Bogotá, 18/7/69, en Iglesia Latinoamericana ¿Protesta o Profecía?, Ediciones Búsqueda, Avellaneda 1969, p. 23.

[8]Alfonso López Trujillo, Teología liberadora en América Latina, Ediciones Paulinas, Bogotá 1974, p. 176.

[9]Allí mismo, p. 177.


<< >> Inicio Contenidos

La versión electrónica de este documento ha sido realizada por VE Multimedios. Derechos reservados (©) VE Multimedios™.

VE autoriza la reproducción total o parcial del presente documento sin modificación alguna y manteniendo la integridad de su sentido, pidiendo que se consigne la fuente: "Figari, Luis Fernando, Reflexión sobre Medellín. Un largo caminar, VE, Lima, 1991".