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10. Iglesia sacramento de comunión y reconciliación


Una perspectiva especial de la Constitución se puede descubrir en el horizonte de sacramento de comunión y reconciliación.

10.1 Sacramento

Ya desde el primer número de la Lumen gentium, como hemos mencionado, la Iglesia es presentada como un sacramento. En ese pasaje que hace como de clave de aproximación a toda la Constitución, se dice: «La Iglesia es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano»[58].

Los Padres conciliares al presentar a la Iglesia como sacramento retoman un concepto de honda raíz patrística que está en perfecta consonancia con la Revelación[59]. El tema había reaparecido en los años previos al Concilio Vaticano II. Es conocido, por ejemplo, el pasaje de la memorable obra de Henri de Lubac, Meditación sobre la Iglesia, sobre el particular: «La Iglesia es un misterio, lo cual equivale a decir que es también un sacramento. Además de ser "la depositaria total de los sacramentos cristianos", ella misma es el gran sacramento que contiene y vivifica a todos los demás. Ella es en el mundo el sacramento de Jesucristo, de igual manera que el mismo Jesucristo es para nosotros, en su humanidad, el sacramento de Dios»[60].

Cuando se afirma la dimensión sacramental en relación a la Iglesia, se afirma siempre en relación al Señor Jesús, «sacramento fundamental»[61], a quien está referida. Su humanidad es el signo visible de la gracia que salva --puesto que es la «imagen del Dios invisible»[62]--, y es también el medio mediante el cual alcanzamos la justificación de nuestros pecados y fuimos reconciliados con el Padre[63]. En la Iglesia el Señor Jesús prolonga su presencia y sigue obrando la reconciliación de manera real. Es a partir de esta realidad que se asimila analógicamente la Iglesia al misterio de la encarnación. Así como el Señor Jesús es el sacramento del Padre, la Iglesia es análogamente el sacramento de Cristo, signo e instrumento de salvación para la humanidad[64].

10.2 De comunión

La carta Communionis notio[65] ha puesto de manifiesto la enorme importancia que tiene el concepto de comunión para una visión adecuada de la Iglesia. «La eclesiología de comunión es una idea central y fundamental en los documentos del Concilio»[66]. Esto es especialmente notorio en la Lumen gentium en diversos pasajes[67].

Por un lado, este concepto permite expresar tanto la dimensión vertical --comunión con Dios-- como la dimensión horizontal --comunión con los hermanos--. Es un concepto que se expresa en figura cruciforme, vertical y horizontal. Es una comunión que tiene su origen y sustento en Dios mismo, que es alimentada en la Eucaristía, que se hace visible en la vida cotidiana de los seres humanos, y es no sólo de orden moral, sino ontológica y sobrenatural.

Como señala la carta Communionis notio: «el concepto de comunión debe ser capaz de expresar también la naturaleza sacramental de la Iglesia mientras "caminamos lejos del Señor", así como la peculiar unidad que hace a los fieles ser miembros de un mismo Cuerpo, el Cuerpo místico de Cristo, una comunidad orgánicamente estructurada, "un pueblo reunido por la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo", dotado también de los medios adecuados para la unión visible y social»[68].

10.3 Y de reconciliación

Venimos considerando cómo la Iglesia es signo e instrumento de la unión con Dios y al hacerlo se está afirmando que es sacramento de salvación. Pues, qué otra cosa es la salvación que la unión con Dios y la participación de su vida divina. La plenitud de la existencia del ser humano se alcanza con la recuperación de la comunión perdida con Dios. Esta comunión es obtenida a través de la reconciliación que nos trajo el Señor Jesús y que seguimos alcanzando a través de la Iglesia[69]. Ella misma nos impulsa a ser testigos de la reconciliación, buscando anunciar y testimoniar el don recibido, compartirlo y vivir coherentemente como miembros de la Iglesia, recordando que «ninguna actividad humana, ni siquiera en los asuntos temporales, puede sustraerse a la soberanía de Dios»[70].

A su vez la Iglesia es también sacramento de unidad entre los seres humanos. Puesto esto después de la unidad con Dios, queda claro que en el Señor el género humano alcanza su unidad, más perfecta que la mera unidad de especie. Queda así también de manifiesto la fuerza del dinamismo reconciliador que nos ha traído el Señor Jesús, que abre el camino para rehacer la comunión desde su sentido más pleno, con todos los seres humanos. Así lo explicita la misma Constitución al desarrollar la figura del campo de Dios donde crece el antiguo olivo, lugar permanente de reconciliación[71].

Como es fácil percibir, los conceptos de comunión y de reconciliación se suponen mutuamente. El paso previo para alcanzar la comunión es recomponer las rupturas. El Sínodo extraordinario sobre el Concilio Vaticano II en su Relación final --instrumento clave para comprender las enseñanzas conciliares-- los asocia explícitamente en relación a la dimensión sacramental de la Iglesia: «la Iglesia es como un sacramento, es decir, signo e instrumento de la comunión con Dios y también de la comunión y reconciliación de los hombres entre sí»[72]. Y en otro pasaje afirma también: «la Iglesia en cuanto una y única es como sacramento, es decir, signo e instrumento de la unidad, de la reconciliación, de la paz entre los hombres, las naciones, las clases y las razas»[73]. El Papa Juan Pablo II dice que en el Cuerpo de Cristo «debe realizarse en plenitud la reconciliación y la comunión»[74].

Tanto Pablo VI[75], como Juan Pablo II[76] han profundizado sobre la dimensión sacramental de la Iglesia uniendo sus aspectos de comunión y reconciliación. También el documento de Santo Domingo ha puesto en un lugar central de su desarrollo eclesiológico el concepto de sacramento destacando sus dimensiones de comunión y reconciliación.

Así, pues, los ricos conceptos de sacramentalidad, comunión y reconciliación son como antorchas fulgurantes que nos ayudan a profundizar en el misterio de la Iglesia y tomar conciencia de sus alcances.

[58]Lumen gentium, 1.

[59]El Catecismo de la Iglesia Católica precisa el sentido del término sacramento de la siguiente manera: «La palabra griega "mysterion" ha sido traducida en latín por dos términos: "mysterium" y "sacramentum". En la interpretación posterior, el término sacramentum expresa mejor el signo visible de la realidad oculta de la salvación, indicada por el término mysterium. En este sentido, Cristo es Él mismo el Misterio de salvación: Non est enim aliud Dei mysterium, nisi Christus ("No hay otro misterio de Dios fuera de Cristo", San Agustín, ep. 187, 34). La obra salvífica de su humanidad santa y santificante es el sacramento de la salvación que se manifiesta y actúa en los sacramentos de la Iglesia (que las Iglesias de Oriente llaman también "los santos Misterios"). Los siete sacramentos son los signos y los instrumentos mediante los cuales el Espíritu Santo distribuye la gracia de Cristo, que es la Cabeza, en la Iglesia que es su Cuerpo. La Iglesia contiene por tanto y comunica la gracia invisible que ella significa. En este sentido analógico ella es llamada "sacramento"» (Catecismo de la Iglesia Católica, 774).

[60] Henri de Lubac, Meditación sobre la Iglesia, Encuentro, Madrid 1980, p. 163. Ver en línea semejante Lumen gentium, 8. Se puede ver también la obra de Otto Semmelroth, anterior al Concilio: La Iglesia como sacramento original, Dinor, San Sebastián 1963.

[61] Como señala G. Philips: «sólo Cristo es el sacramento fundamental; la Iglesia no lo es sino como asociada» (G. Philips, La Iglesia y su misterio en el Concilio Vaticano II, ob. cit., t. I, p. 93).

[62]Col 1,15. Ver también Jn 14,9.

[63]Ver Rom 8,17 y 2Cor 5,18-21.

[64]Al hablar de sacramento se tiene en mente el concepto tradicional de sacramento como signo eficaz de gracia instituido por Cristo, pero de manera análoga --ni unívoca, ni equívoca--. Por eso en el primer numeral de la Lumen gentium, en el trascendental pasaje donde se presenta a la Iglesia como sacramento, signo e instrumento, se añade un cuidadoso como --veluti en el latín original-- para indicar que no se trata unívocamente de un sacramento sino que se está utilizando una analogía para expresar el carácter de signo e instrumento que es la Iglesia. Es muy ilustrativa la opinión del Cardenal Ratzinger sobre el particular: «Podríamos decir que los siete sacramentos no son ni posibles ni concebibles sin el sacramento uno de la Iglesia. Sólo son inteligibles como realizaciones concretas de lo que la Iglesia es en cuanto tal y totalmente. La Iglesia es el sacramento en los sacramentos; los sacramentos son modos de realizarse la sacramentalidad de la Iglesia. La Iglesia y los sacramentos se interpretan mutuamente» (Teoría de los principios teológicos, ob. cit., p. 54).

[65]«El concepto de comunión (koinonía), ya puesto de relieve en los textos del Concilio Vaticano II, es muy adecuado para expresar el núcleo profundo del misterio de la Iglesia y, ciertamente, puede ser una clave de lectura para una renovada eclesiología católica» (Congregación para la Doctrina de la Fe, Communionis notio, 28/5/1992, 1).

[66]Sínodo extraordinario de 1985, Relación final, II, C, 1.

[67]Ver Lumen gentium, 4. Ver también los nn. 8, 13, 14, 15, 18, 21, 24, 25.

[68]Congregación para la Doctrina de la Fe, Communionis notio, 28/5/1992, 3.

[69]«La misión de Cristo y del Espíritu Santo se realiza en la Iglesia, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo. Esta misión conjunta asocia desde ahora a los fieles de Cristo en su Comunión con el Padre en el Espíritu Santo: el Espíritu Santo prepara a los hombres, los previene por su gracia, para atraerlos hacia Cristo. Les manifiesta al Señor resucitado, les recuerda su palabra y abre su mente para entender su Muerte y su Resurrección. Les hace presente el Misterio de Cristo, sobre todo en la Eucaristía para reconciliarlos, para conducirlos a la Comunión con Dios, para que den "mucho fruto" (Jn 15,5.8.16)» (Catecismo de la Iglesia Católica, 737).

[70]Lumen gentium, 36.

[71]Ver Lumen gentium, 6c.

[72]Sínodo extraordinario de 1985, Relación final, II, A, 2.

[73]Allí mismo, II, C, 2.

[74]S.S. Juan Pablo II, Ut unum sint, 6.

[75]Ver S.S. Pablo VI, La reconciliación dentro de la Iglesia, 8/12/1974.

[76]Ver S.S. Juan Pablo II, Reconciliatio et paenitentia. Se puede ver también: Reconciliación. Magisterio de Juan Pablo II para América Latina, Vida y Espiritualidad, Lima 1992.


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VE autoriza la reproducción total o parcial del presente documento sin modificación alguna y manteniendo la integridad de su sentido, pidiendo que se consigne la fuente: "Figari, Luis Fernando, Una eclesiología de comunión y reconciliación. Sobre la Constitución dogmática Lumen gentium, en Vigencia y Proyección del Concilio Vaticano II, VE, Lima, 1996, pp. 29-57".