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6. Cristo, luz de los pueblos

La Constitución empieza con una confesión cristológica: «Lumen gentium cum sit Christus», «Cristo es la luz de los pueblos»[29]. Hermosas palabras que nos ponen ante la maravillosa realidad del Reconciliador. Como vemos en el Evangelio según San Lucas, Él vino «a fin de iluminar a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte»[30], vino como la «luz para iluminar a los pueblos»[31], pues Él es «la luz de los hombres»[32]. Y los Padres conciliares, en apertura al Espíritu de vida y verdad, manifiestan que desean «vehementemente iluminar a todos los hombres con la luz de Cristo, que resplandece sobre el rostro de la Iglesia, anunciando el Evangelio a todas las criaturas (cf. Mt 16,15)»[33].

La Lumen gentium nos sitúa de manera inmediata e incondicional ante la persona misma del Verbo Encarnado, cuya luz resplandece en la Iglesia[34]. Se pone en evidencia de esta manera que la Iglesia es "luz del mundo" en la medida en que refleja la luz que es el Señor Jesús; así, será siempre «luz en el Señor»[35], de allí la importancia de la exhortación del Apóstol: «Vivid como hijos de la luz»[36]. De esta manera se introduce la reflexión sobre la Iglesia dentro de la consideración del designio redentor del Padre y la obra salvadora y reconciliadora del Verbo Eterno, prolongada por obra del Espíritu Santo en la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo.

Hay un marcado acento cristológico --que sella toda la eclesiología conciliar-- y que está presente desde el principio mismo de la Lumen gentium. El texto conciliar dice: «La Iglesia es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano»[37]. Este primer párrafo de la Constitución viene a ser una suerte de clave de lectura de toda ella, e indica la orientación de fondo de su aproximación al misterio de la Iglesia.

[29]Lumen gentium, 1.

[30]Lc 1,79.

[31]Lc 2,32.

[32]Jn 1,4. Ver Jn 1,9; 3,19; 8,12; 12,46; Mt 4,16.

[33]Lumen gentium, 1.

[34]«Toda la importancia de la Iglesia se deriva de su conexión con Cristo» (Sínodo extraordinario de 1985, Relación final, II, A, 3).

[35]Ef 5,8.

[36]Ef 5,8. «La Madre Iglesia... anima a sus hijos a purificarse y renovarse para que la señal de Cristo brille con más claridad en el rostro de la Iglesia» (Lumen gentium, 15).

[37]Lumen gentium, 1.


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VE autoriza la reproducción total o parcial del presente documento sin modificación alguna y manteniendo la integridad de su sentido, pidiendo que se consigne la fuente: "Figari, Luis Fernando, Una eclesiología de comunión y reconciliación. Sobre la Constitución dogmática Lumen gentium, en Vigencia y Proyección del Concilio Vaticano II, VE, Lima, 1996, pp. 29-57".