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2. ¿QUÉ ES EVANGELIZAR?

En su exhortación apostólica post-sinodal Evangelii nuntiandi, el Papa Pablo VI definió la evangelización de la siguiente manera: «Evangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad»[10]. A todo esto el Papa Juan Pablo II añade: «La Iglesia está efectiva y concretamente al servicio del Reino. Lo está, ante todo, mediante el anuncio que llama a la conversión... La Iglesia, pues, sirve al Reino fundando comunidades e instituyendo Iglesias particulares, llevándolas a la madurez de la fe y a la caridad, mediante la apertura a los demás, con el servicio a la persona y a la sociedad, por la comprensión y estima de las instituciones humanas»[11].

Estas definiciones implican que hay tres elementos en la misión evangelizadora de la Iglesia:

Primero: Una misión ad intra, que renueve entre los católicos el entusiasmo por vivir su fe en Jesucristo, quien es «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14,6). Este elemento corresponde a las dos fases de preparación que el Santo Padre delineaba en la Tertio millennio adveniente.

Segundo: Una misión ad extra, invitando a todos, cualquiera sea su origen y condición, a oír el mensaje de salvación en Jesucristo, para que puedan unirse a nosotros en la plenitud de la fe católica. Este elemento, a pesar de todas las dudas y ambigüedades de muchos en estos últimos años, esencial para la propia vida de la Iglesia, como el mismo Santo Padre ha afirmado: «En efecto, la misión renueva la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana... ¡La fe se fortalece dándola! La nueva evangelización de los pueblos cristianos hallará inspiración y apoyo en el compromiso por la misión universal»[12].

Tercero: Una misión dirigida a las culturas humanas y que se esfuerza en armonizarlas con los valores cristianos y con el mensaje del Evangelio. Esto significa «una íntima transformación de los auténticos valores culturales por su integración en el cristianismo y la radicación del cristianismo en todas las culturas humanas»[13].

[10] Evangelii nuntiandi, 18.

[11] Redemptoris missio, 20.

[12] Redemptoris missio, 2.

[13] Sínodo extraordinario de 1985, Relación final, II,D,4; ver Redemptoris missio, 52.


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