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Lib. III, Oda X. Extremum Tanaim

Aunque de Scitia fueras,
y aunque más bravo fuera tu marido,
condolerte debieras,
Lice, del que ofrecido
al cierzo tienes en tu umbral tendido
¿La puerta, la arboleda,
no oyes, del fiero viento combatida,
cuál brama? ¿Cuál se queda
la nieve ya caída,
del aire agudo en mármol convertida?
Deja, que es desamada
de Venus esa tu soberbia vana;
no te halles burlada,
no te engendró Toscana
a ser como Penélope inhumana.
¡Oh!, aunque a domeñarte
ni tu marido de otro amor tocado,
ni ruego ni oro es parte,
ni del enamorado
la amarillez teñida de violado;
Un poco de blandura
usa conmigo, ¡oh sierpe!, ¡oh, más que yerta
encina y roble dura!
Que no siempre tu puerta
podré sufrir al agua descubierta.


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