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Lib. II, Oda XVIII. Non ebur

Aunque de marfil y oro
no está en mi casa el techo jaspeado
con la labor del Moro,
ni a las vigas de Himecia han sustentado
columnas muy labradas
de los confines de África cortadas;
Y aunque no fui heredero
de las riquezas de Atalo y su estado,
ni tengo en mi granero
el trigo que en la Apulia se ha sembrado,
ni envían mis criadas
de Laconia las granas adobadas;
Pero una medianía
con un ingenio y vena razonable
tengo, con que me hacía,
aunque pobre, a los ricos agradable;
y en aquesta pobreza
nunca pedí a los dioses más riqueza.
Ni pido al poderoso
amigo que me dé mayor estado,
pues llamo yo dichoso
al que me da mi granja y campo amado:
y veo cuál se alejan
los días que vuelan y vejez me dejan.
Tú buscas oficiales,
cuasi entregado a la vejez odiosa,
que te corten iguales
para tu entierro mármoles y losa,
casi estando olvidado
de la muerte, que tienes tan al lado.
Y poco le parece
a tu avaricia toda la ribera,
que a edificar se ofrece
dentro del mar, quizá porque acá fuera
no te sufre la tierra,
pues allá hallarás quien te haga guerra.
Tomando vas a todos
tus vasallos la tierra que han comprado,
y por todos los modos
que puedes en sus tierras te has entrado,
y sales avariento;
sólo a robar lo ajeno estás atento.
A la mujer cuitada,
cargada con sus hijas, vas echando
de su pobre morada;
su dura suerte y tu crueldad culpando,
el marido lloroso
venganza pide al cielo poderoso.
Aquesto les consuela,
ver que a aqueste señor de gran estado
el infierno le espera,
do será por menudo castigado
de cuantas sinrazones
hizo, tomando ajenas posesiones.
¿Qué andas imaginando
para adquirir aún más de lo adquirido?
Que la muerte domando
a todos va, cuantos acá han nacido,
ansí a los más señores,
como a los miserables labradores.
Pues a la centinela
que la infernal morada está guardando,
no pienses con cautela
ni con puro dinero ir engañando,
pues nunca por dinero
pudo engañar Prometeo al gran portero.
Éste tiene en cadena
a Tántalo y a todo su linaje;
éste saca de pena
al pobre que la vida le era ultraje;
y al que vive contento
le hace gustar la muerte en un momento.


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