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Lib. I, Oda XIV. O navis

¿Tornarás por ventura
a ser de nuevas olas, nao, llevada
a probar la ventura
del mar, que tanto tienes ya probada?
¡Oh!, que es gran desconcierto
¡Oh!, toma ya seguro, estable puerto.
¿No ves desnudo el lado
de remos, y cuál crujen las antenas,
y el mástil quebrantado
del ábrego ligero, y cómo apenas
podrás ser poderosa
de contrastar ansí la mar furiosa?
No tienes vela sana,
ni dioses a quien llames en tu amparo,
aunque te precies vana-
mente de tu linaje y nombre claro;
y seas noble pino,
hijo de noble selva en el Euxino.
Del navío pintado
ninguna cosa fía el marinero,
que está experimentado
y teme de la ola el golpe fiero:
pues guárdate con tiento,
si no es que quieres ser juego del viento.
¡Oh tú, mi causadora,
ya antes de congoja y de pesares,
y de deseo agora
y no poco cuidado; huye las mares,
que corren peligrosas
entre las islas Cícladas hermosas.


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