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Égloga VIII. Damón y Alfesibeo

El dulce y docto contender cantando
de Alfeo y de Damón, que embebecida
la novilla admiró, casi olvidando
la yerba y el pacer, por quien perdida
la presa tuvo el lince, y restañando
los ríos sosegaron su corrida;
digamos, pues, el canto y los amores
de Alfeo y de Damón, doctos pastores.
¡Oh tú, que hora con remo victorioso
o pasas el Timavo o la vecina
costa! ¿Si jamás día tan dichoso
veré, que me conceda con voz dina
cantar tu pecho y brazo valeroso,
cantar tu verso y musa peregrina,
a la cual sola dice justamente
la majestad del trágico elocuente?
De ti hizo principio, en ti fenece,
y todo mi cantar en ti se emplea;
recibe aquestos versos que te ofrece
la voz que tu querer cumplir desea;
al vencedor laurel, que resplandece
en torno de tu frente y la hermosea,
consiente que, allegada y como asida,
aquesta yedra vaya entretejida.
Apenas de la noche el velo frío
había el claro cielo desechado,
al tiempo que es dulcísimo el rocío
sobre las tiernas yerbas al ganado,
vertiendo de los ojos largo río,
al tronco de un olivo recostado,
Damón tocó la flauta lastimero
y comenzó a cantar ansí el primero:
Dam.- «Procede ya, Lucero, ante el sol bello,
en tanto que de Nise fementida,
por vil amor trocado, me querello
y notifico al cielo mi herida
-bien que nunca hallé provecho en ello-
en esta hora postrera de mi vida;
y tú suena, y conmigo el son levanta,
zampoña, como en Ménalo se canta.
En Ménalo contino el bosque suena,
en Ménalo los pinos son cantores,
con la voz pastoril siempre resuena,
y siempre oye sus quejas, sus amores,
y siempre oye los dioses, de la avena
dulcísima primeros inventores.
Pues suena ya, y conmigo el son levanta,
zampoña, como en Ménalo se canta.
Casó Nise con Mopso; ¿qué mixtura
no templará el amor? El tigre fiero
pondrá con la paloma, y por ventura
en uno pacerán lobo y cordero.
Dispónete que tuya es la ventura;
¡sus!, Mopso, que por ti sale el lucero.
Y tú suena, y conmigo el sol levanta,
zampoña, como en Ménalo se canta.
Mas ¡qué bien empleada la que enfado
de todos, arrogante, burla hacías;
la que mi sobrecejo y mi cayado,
mi barba y mi zampoña aborrecías;
la que de nuestras cosas el cuidado
ajeno de los dioses ser creías!
Pues suena ya, y conmigo el son levanta,
zampoña, como en Ménalo se canta.
Pequeña y con tu madre, y yo por guía,
te vi entre mis frutales hacer daño;
ya dende el suelo yo tocar podía
las ramas, y doblaba el sexto año.
Como te vi, perdí, ¡ay!, la alma mía;
llevóme en pos de sí preso el engaño.
Y tú suena, y conmigo el sol levanta,
zampoña, como en Ménalo se canta.
Ya te conozco, Amor. Entre las breñas,
en fiero punto, en día temeroso,
ni nuestro en sangre, ni con nuestras señas,
de duros Garamantes, del fragoso
Ródope procediste, y de las peñas
del Ismaro, do bate el mar furioso.
Y tú suena, y conmigo el son levanta,
zampoña, como en Ménalo se canta.
Por ti, crudo, tiñó la cruda mano
en sus hijos Medea ensangrentada;
mas ¿cuál fue de los dos más inhumano,
o tú, malvado Amor, o tú, malvada?
Tú fuiste siempre, Amor, un mal tirano;
tú fuiste una cruel desapiadada.
Y tú suena, y conmigo el son levanta,
zampoña, como en Ménalo se canta.
Mas ya siquiera huya perseguido
el lobo de la oveja, y sea arreo
del roble la azucena, y al sonido
del cisne se aventaje el cuervo feo,
y Títiro al Arión preferido,
a Arión sea en mar, en monte a Orfeo.
Y tú suena, y conmigo el son levanta,
zampoña, como en Ménalo se canta.
Y siquiera se anegue todo el mundo,
vivid, selvas, por tiempo prolongado;
que yo del alto risco al mar profundo
venir me determino despeñado.
Si no lo fue el primero, este segundo
servicio de ti, Nise, será amado.
¡Ay!, cesa ya, zampoña, y no levantes
el son, ni como en Ménalo más cantes».
Aquí dio fin Damón a su lamento,
y suspiró profunda y tiernamente;
tocó del grave mal el sentimiento
el monte, que responde en son doliente,
y luego, puesto en pie, con nuevo acento,
sonando la zampoña dulcemente
Alfeo comenzó; lo que ha cantado,
vos, Musas, lo decid, que a mí no es dado.
Alf.- «Corona aqueste altar con venda y flores;
agua me da, y enciende la verbena,
incienso macho enciende; en mis dolores
veré si hay fuerza alguna o arte buena,
veré si torno a Dafni a mis amores;
no falta sino el canto, canta y suena,
y di: ¡Ve, mi conjuro, y la mar pasa,
y vuelve de la villa a Dafni a casa!
El canto y el conjuro es poderoso
a retraer la luna reluciente;
el rostro demudó Circe monstruoso
con cantos del Ulises a la gente;
de canto rodeada vigoroso
revienta por los prados la serpiente.
Ve presto, mi conjuro, y la mar pasa,
y vuelve de la villa a Dafni a casa.
Tres cuerdas te rodeo lo primero,
de su color cada una variada
imagen, y con pie diestro y ligero
acerca de este altar y ara sagrada,
traerte alrededor tres veces quiero,
que el número de tres al cielo agrada.
Ve presto, mi conjuro, y la mar pasa,
y vuelve de la villa a Dafni a casa.
Añuda, ¡oh Amarilis!, con tres ñudos
cada uno de estos hilos colorados;
añuda ya, y no estén los labios mudos;
di en cada ñudo de estos por ti dados:
«Ñudos de amor, estrechos, ciegos, crudos,
ñudos de amor doy firmes y añudados».
Ve presto, mi conjuro, y la mar pasa,
y vuelve de la villa a Dafni a casa.
Ansí como esta cera torna blanda,
ansí como este barro se endurece,
y un mismo fuego en ambas cosas anda
y juntamente seca y enternece,
ansí tú, Amor, conmigo a Dafni ablanda,
y para las demás le empedernece.
Ve presto, mi conjuro, y la mar pasa,
y vuelve de la villa a Dafni a casa.
Esparce ese batido de harina,
de farro y sal mezclada en esa llama;
al fuego aquel laurel verde avecina,
y encima dél el bálsamo derrama.
Dafni crudo me abrasa a mí mezquina,
yo quemo en su lugar aquesta rama.
Ve presto, mi conjuro, y la mar pasa,
y vuelve de la villa a Dafni a casa.
Cual la novilla de buscar cansada
su toro por los montes, junto al río
se tiende dolorida, y, olvidada,
no huye de la noche ni del frío;
ansí me busques, Dafni, ansí buscada
en pago del amor te dé desvío.
Ve presto, mi conjuro, y la mar pasa,
y vuelve de la villa a Dafni a casa.
En los pasados años aquel ciego
y desleal me diera estos despojos,
entonces caras prendas, dulce fuego,
agora crudos y ásperos abrojos;
aquéstos, tierra, agora yo te entrego,
porque la restituyas a mis ojos.
Ve presto, mi conjuro, y la mar pasa,
y vuelve de la villa a Dafni a casa.
También estas ponzoñas producidas
en Ponto, porque el Ponto es fértil dellas,
de su lugar las mieses traducidas,
y vuelto en lobo al Meris vi con ellas;
al Meris, que las vidas fenecidas
reduce a ver la luz de las estrellas.
Ve presto, mi conjuro, y la mar pasa,
y vuelve de la villa a Dafni a casa.
Esta ceniza coge y saca afuera;
adonde el agua corre ve a lanzalla;
por las espaldas la echa, y ven ligera;
no mires, Amarilis, al echalla.
Con esto tentaré aquel alma fiera.
Mas ¿qué canto o qué dios podrá ablandalla?
Ve presto, mi conjuro, y la mar pasa,
y vuelve de la villa Dafni a casa.
¿No ves que las cenizas alzan llama
en cuanto me detengo? Por bien sea.
¡Ay! Yo no sé quién es, que alguno llama,
que la perrilla en el portal vocea.
¿Si viene por ventura, o si quien ama
soñando finge aquello que desea?
¡Ay! Pon a tu camino, pon ya tasa,
conjuro, que mi Dafni es vuelto a casa».


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