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Capítulo último
De los Proverbios de Salomón

El sabio Salomón aquí pusiera,
lo que para su aviso, de recelo
su madre, de amor llena, le dijera:
«¡Ay, hijo mío! ¡Ay, dulce manojuelo
de mis entrañas! ¡Ay, mi deseado!,
por quien mi voz contino sube al cielo.
»Ni yo al amor de hembra te vea dado,
ni en manos de mujer tu fortaleza,
ni en daños de los reyes conjurado.
»Ni con beodez afees tu grandeza,
que no es para los reyes, no es el vino,
ni para los jüeces la cerveza.
»Porque, en bebiendo, olvidan el camino
del fuero, y ciegos tuercen el derecho
del oprimido pobre y del mezquino.
»Al que con pena y ansia está deshecho,
a aquél dad vino vos; la sidra sea
de aquel a quien dolor le sorbe el pecho.
»Beba, y olvídese, y no siempre vea
presente su dolor adormecido,
húrtese aquel espacio a la pelea.
»Abre tu boca dulce al que afligido
no habla, y tu tratar sea templado
con todos los que corren al olvido.
»Guarda justicia al pobre y al cuitado;
amparo halle en ti el menesteroso,
que ansí florecerá tu grande estado.
»Mas o si fueses hijo tan dichoso,
que hubieses por mujer hembra dotada
de corazón honesto y virtuoso;
»Ni la perla oriental ansí es preciada,
ni la esmeralda que el Ofir envía,
ni la vena riquísima alejada.
»En ella su marido se confía;
como en mercaduría gananciosa,
no cura de otro trato o granjería.
»Ella busca su lino hacendosa;
busca algodón y lana, y diligente
despierta allí la mano artificiosa.
»Con gozo y con placer continamente
alegra, y con descanso a su marido;
enojo no, jamás, ni pena ardiente.
»Es bien como navío bastecido
por rico mercader, que en sí acarrea
lo bueno, que en mil partes ha cogido.
»Levántase, y apenas alborea,
reparte la ración a sus criados,
su parte a cada uno y su tarea.
»Del fruto de sus dedos y hilados
compró un heredamiento, que le plugo;
plantó fértil majuelo en los collados.
»Nunca el trabajo honesto le desplugo;
hizo sus ojos firmes a la vela,
sus brazos rodeó con fuerza y yugo.
»Esle sabroso el torno, el aspa y tela,
el adquirir, la industria, el ser casera;
de noche no se apaga su candela.
»Trae con mano diestra la tortera;
el fuso entre los dedos volteando
le huye y torna luego a la carrera.
»Abre su pecho al pobre que, llorando,
socorro le rogó, y con mano llena
al falto y al mendigo va abrigando.
»Al cierzo abrasador que sopla y suena
y esparce hielo y nieve, bien doblada
de ropa, su familia está sin pena.
»De redes que labró, tiene colgada
su cama, y rica seda es su vestido,
y púrpura finísima preciada.
»Por ella es acatado su marido
en plaza, en consistorio, en eminente
lugar, por todos puesto y bendecido.
»Hace también labores de excelente
obra para vender; vende al joyero
franjas tejidas bella y sutilmente.
»¿Quién cantará su bien? Su verdadero
arreo es el valor, la virtud pura;
alegre llegará al día postrero.
»Cuanto nasce en sus labios es cordura;
de su lengua discreta cuanto mana
es todo pïedad, amor, dulzura.
»Discurre por su casa; no está vana,
ni ociosa, ni sin que ya se le deba,
se desayunará por la mañana.
»El coro de sus hijos crece y lleva
al cielo sus loores, y el querido
padre con voz gozosa los aprueba.
»Y dicen: Muchas otras han querido
mostrarse valerosas, mas con ella
compuestas, como si no hubieran sido.
»Es aire la tez clara como estrella,
las hermosas figuras, burlería;
la hembra que a Dios teme, aquésa es bella».
Dadle que goce el fruto, el alegría
de sus ricos trabajos. Los extraños,
los suyos en las plazas a porfía
celebren su loor eternos años.



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