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DISCURSO SESENTA Y CUATRO. DE POBREZA


El bienaventurado San Bernardo, exponiendo aquel testimonio del capítulo treinta y uno del Eclesiástico que dize: «Bienaventurado el varón a quien no llevó tras sí el oro», escrive estas razones: «Verdaderamente es género de martirio la pobreza voluntaria, porque no parece que pueda alguno ser más grave que tener hambre entre muchos y muy preciosos manjares; ver a sus ojos ricos vestidos, y padecer frío estando desnudo; hallarse rodeado de riquezas, oro, plata y joyas preciosas que ofrece el mundo, de que haze ostentación el demonio y dessea nuestro apetito, y verse pobre. ¿No será razón -dize este santo doctor- que sea coronado | el que assí peleó, desechando al mundo con sus promesas, menospreciando al demonio con sus tentaciones, y, lo que es más glorioso, triumfar de sí mismo, poniendo en la Cruz de Cristo, y crucificándole con Él, todo desseo de valer y tener?». Lo dicho es de San Bernardo. A lo cual se puede añadir, en loor de la voluntaria pobreza, que es madre de muchas virtudes, como, al contrario, la abundancia de bienes temporales es ocasión de muchos vicios y pecados. Y assí como la pobreza es carga muy pesada a los que contra su voluntad la padecen, assí es muy agradable y ligera de llevar a los que de su gana la admiten y abraçan. Ni pudiera entenderse el bien que tiene consigo la pobreza voluntaria si Jesucristo, Redemptor Nuestro, que es verdadera sabiduría del Padre Eterno, no lo declarara. Y, escogiéndola, nos enseñó ser camino para la Vida Eterna, porque no es possible que con ella aya ambición /(409v)/ y sobervia, ni vicio deshonesto, ni aun avaricia, que son pestilencia e inficionan las almas. Y de que Cristo amasse la pobreza, significólo cuando dixo: «Las zorras tienen cuevas, y las aves del Cielo, nidos en que recogerse, y el Hijo del Hombre no tiene donde recline la cabeça». Siempre que se aposentava era en casas agenas; si comía, era en mesa agena; y en su muerte fue su cuerpo embuelto en sábana agena, y sepultado en sepulcro ageno. Esta doctrina dexó a sus Apóstoles, y aunque les fuessen ofrecidos grandes tesoros de algunos que recibían el Cristianismo, y riquezas para el uso común, ellos, siguiendo la pobreza, quisieron ser dispensadores, y no posseedores dellas. Y a un moço rico, que preguntó al mismo Hijo de Dios qué haría para salvarse, díxole que guardasse los Mandamientos, y replicando él que los avía guardado toda su vida, el Salvador le dixo que si quería ser perfeto vendiesse su hazienda, y, haziéndose pobre, le siguiesse. De la Pobreza trata el Discurso, y della se pondrán algunos exemplos.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] El Patriarca Jacob, saliendo de la casa de su padre y caminando para la de Labán, hermano de su madre, no se dize que llevasse consigo cavalgadura ni criado, sino que, afirmándose en su báculo, passó el Jordán. Y queriendo reposar una vez, ya puesto el sol, se recostó en la tierra, poniendo por cabeçera una piedra. Es del Génesis , capítulo veinte y ocho.

[2] Moisés apascentó ovejas de Jetro, suegro suyo, sacerdote de Madián, siendo tan pobre que no las tenía proprias. Refiérese en el Éxodo, capítulo tercero.

[3] Rut Moabitide, siendo pobre, se aprovechó de lo que era proprio de | pobres, cogiendo las espigas que quedavan libres de las manos de los segadores en la labrança de Booz, que vino después a ser su marido. Como parece en su Libro, capítulo segundo.

[4] El menor y más despreciado de los hijos de Isaí era David, cuando vino Samuel a ungirle por rey de Israel, y a la sazón estava en el campo, apacentando sus ganados, y al principio no se hizo caso dél, siendo tenido en nada. Después, estando sus hermanos en el exército del rey Saúl, le embió su padre cargado con provisión para ellos. En todo lo cual mostró ser pobre, y desta pobreza se levantó a ser rey de Israel. Es del capítulo diez y seis del Primero Libro de los Reyes.

[5] Mucha pobreza y necessidad padecía Elías Profeta, pues le forçó a pedir a la viudad Saretana un poco de agua y un bocado de pan. Y refiérese en el Tercero de los Reyes, capítulo diez y siete.

[6] Ana, muger de Tobías, vino a tanta pobreza que iva cada día, por no tener en su casa telar, a texer, donde se lo pagavan. Y assí, dixo el mismo Tobías a su hijo:

-No temas, hijo mío, la necessidad y pobreza en que estamos, porque si temiéremos a Dios tendremos grandes bienes.

Es de su Libro, capítulo segundo y cuarto.

[7] Los recabitas, que eran como religiosos entre los hebreos, no edificavan casas, ni sembravan pan, ni cogían vino, sino que vivían de limosna en tabernáculos y choças. Es de Jeremías, capítulo treinta y cinco.

[8] Nabuzardán, capitán de Nabucodonosor, rey de Assiria, quedando en Jerusalem, aviéndola el rey sujetado para destruirla, perdonó a los pobres, dexándolos en aquella tierra, y a los ricos y poderosos, o les quitó las vidas, /(410r)/ o los llevó captivos a Babilonia. Es de Jeremías, capítulo treinta y siete.

[9] Eliseo Profeta, aprendiéndolo de su maestro Elías, precióse tanto de la pobreza que la dexó muy encomendada, y como por herencia, a los religiosos, sus discípulos, los que habitavan en el Monte Carmelo, y se han llamado, y se llaman de presente, carmelitas, de donde ellos vinieron a hazer voto absolutamente de pobreza, y señalarle por uno de los tres essenciales que hazen los religiosos en su professión solemne.

[10] De la pobreza de Cristo, tratando más en particular della, dize San Lucas en el capítulo segundo que, cuando nació, le embolvió en paños su Sagrada Madre y le puso en un pesebre, por que no huvo lugar donde estuviesse en él, diversorio o mesón. San Mateo, en el capítulo diez y siete, dize que pidiendo a Cristo los cobradores de cierto tributo, que pagavan las cabeças y señores de familias, que le pagasse, embió a Pedro a pescar, assegurándole que hallaría en la boca de un pece que prendería cierta moneda con que pagasse aquel tributo por los dos. Sobre este lugar dize la Glosa que, por estar pobre el Salvador, no tuvo de qué pagarle. San Marcos, en el capítulo onze, escrive que después de aver sido recebido con pompa y magestad grande en Jerusalem, tendiendo las capas, y cortando ramos de oliva, que echavan por el suelo por donde avía de passar un jumento en que iva, llegó al templo, y siendo ya tarde, miró, dize el Evangelista, a unos y a otros, para ver si alguno le llevava a su casa combidado, y dize también la Glosa que, por estar pobre, ninguno le lisongeó ni quiso llevar consigo, y assí se bolvió a Betania. San Pablo, | escriviendo a los de Corinto, en la Segunda , capítulo octavo, dize: «Sabéis la gracia de Nuestro Señor Jesucristo, que por nosotros se hizo pobre, siendo riquíssimo, para que de cosa alguna no estuviéssemos faltos». Y no sólo quiso ser pobre, sino que escogió madre pobre y padre putativo pobre. Lleváronle a presentar al templo a los cuarenta días de su nacimiento, y la ofrenda que ofrecieron por él San Josef y la Soberana Virgen fue de pobres. Poco después, siéndole revelado al mismo San Josef que Herodes pretendía quitarle la vida, passóse a Egipto con él en compañía de la Sagrada Virgen, donde también vivieron pobres. Siendo Cristo de doze años, se quedó en Jerusalem, sin saberlo Josef ni la Sagrada Virgen, en cuya compañía avía ido a aquella ciudad, y es indicio que se tratavan como pobres, pues no traían más acompañamiento. Al cabo, se halló en el Calvario, sin hilo de ropa sobre sí, muerto en una Cruz. Su precursor San Juan Baptista, muchos cuentos de renta dexó, y vivió tan pobre en el desierto que traía un vestido texido de cerdas de camellos y comía miel silvestre y langostas. San Mateo, grande hazienda tenía en su trato de publicano o arrendador, y todo lo dexó, y se hizo pobre con Cristo. San Bartolomé, aunque natural de Galilea, mas presúmese que fue de sangre real, y el nombre dize algo con los Tolomeos, reyes de Egipto, y también se hizo pobre por entrarse en la compañía de Jesús. San Pedro, San Andrés, Santiago y San Juan, pescadores fueron, que es oficio ordinario de pobres, y ellos mismos se preciaron de serlo, cuando dixeron a Cristo:

-Señor, echad de ver que todas las cosas avemos dexado por Vos.

Y Él les mandó que /(410v)/ fuessen a predicar sin dinero, ni alforja, sino descalços y con sólo un vestido, que no puede ser cosa más pobre. Y aunque tan pobres, concedióseles entender los misterios de Dios, gracia para sanar enfermos, poder para absolver y perdonar pecados, imperio contra los demonios, evangelizar y dar buena nueva a los hombres, tener compañía con los ángeles y reinar con Cristo eternalmente. Y con esto se echa de ver cómo Dios a los hambrientos llena de bienes, y a los ricos dexa en vacío. Coligiólo Marulo de diversas partes del Evangelio.

[11] De aquel famoso pobre Lázaro dize el Evangelista San Lucas, capítulo diez y seis, que en su muerte fue llevado por ángeles al seno de Abraham, y al rico avariento le fue dicho, estando en el Infierno, que él padecía aquella pena por no aver hecho limosna, y que Lázaro estava consolado por aver | padecido pobreza, hambre y enfermedad, llevándolo todo pacientemente.

[12] De los que se convertían al cristianismo por la predicación de los Apóstoles se dize en el Libro de los Hechos de los mismos Apóstoles, capítulo segundo, que si tenían possessiones y haziendas, las vendían, y traían el precio a los Apóstoles, y ellos distribuían a cada uno conforme a su necessidad.

[13] A San Pedro pidió limosna un coxo, yendo a entrar en el templo, y él le dixo:

-No alcanço plata ni oro, mas de lo que tengo te doy, y es que en nombre de Jesucristo Nazareno te levantes sano.

Y assí sucedió. Y es del capítulo tercero del Libro de los Hechos de los Apóstoles. San Pablo, escriviendo a los de Corinto en una Carta , dize: «Estamos hambrientos y sedientos, y padecemos desnudez»; y en otra: «En hambre, en sed, en frío y desnudez passamos la vida».

Hasta aquí se coligió de la Divina Escritura. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] San Hierónimo, acérrimo defensor de nuestra Fe cristiana, pobre vivió, sin casa ni heredad, y pobre murió, como se dize en su Vida.

[2] Grande amador de pobreza fue Antonio Egipcio, el cual, heredando de sus padres grandes tesoros, los distribuyó a pobres por amor de Cristo, fundó monasterio y recibió monges; rigiólos santamente. Vino a morir, y dexó por testamento su hábito y cilicio a los que le sepultaron. Véase su Vida.

[3] Abraham, monge de Egipto, vivió en una celda hasta edad de cincuenta años, contentándose con un cilicio y un sago o hábito de monge bien tosco, y un vaso con que bevía. Dízelo Marulo, libro octavo.

[4] Menas, solitario en Italia, sólo te- nía | su hábito y unas colmenas, de que se sustentava comiendo la miel. Venían ossos a ellas, y con su báculo los aspantava. Robóselas un ladrón lombardo, de quien se apoderó el demonio, y visto por el santo ermitaño, recibió más pena de la que aquél padecía que de su daño. Passó en adelante su vida con un pan que le davan en limosna a tiempos los moradores de aquella comarca. Refiérelo Marulo.

[5] San Hilarión estava tan pobre que no temió vivir en una ermita entre ladrones, porque, viniendo a él y diziéndole si tenía temor dellos, respondió:

-El pobre no tiene que temer, porque no tiene que le quiten.

-¿Y si te quitássemos la vida? -dixeron ellos.

Replicó él:

-Poco se le da que la pierda el que está dispuesto a morir.

El mismo San Hilarión, /(411r)/ estando en Sicilia, hazía hazes de leña y los llevava a vender a poblado, para comer de aquella miseria. Y él mismo, estando cercano a la muerte, de edad de ochenta años, hizo testamento, y dexó por heredero de sus riquezas a Hesiquio, su discípulo, e inventariando su hazienda, señaló que tenía un libro de los Evangelios, una túnica de sayal, capilla y capa. Esto llama «sus riquezas», y en lo mismo da a entender cuánto fue ageno de dessearlas. Es de San Hierónimo, en su Vida, capítulo diez y siete.

[6] San Juan Eleemosinario, Patriarca de Alexandría, de las grandes limosnas que hazía estava pobre, y tan pobre que, viniendo a morir, se halló sólo con una moneda, que también mandó se diesse en limosna. Y assí, de las rentas de su Patriarcado de cada año, dándolo todo a pobres, sólo se contentava con Cristo. Es de su Vida.

[7] Alexandre, hijo del rey de Escocia, fue amador de pobreza. Persuadióle Mectildis, hermana suya, que huyessen de la casa de su padre, donde estavan ricos y honrados, y se passassen en Francia. Lo cual hizo él, y en Francia se puso a guardar las ovejas de cierto convento. Y en esta vida acabó la suya, sin ser conocido hasta después de su muerte de persona alguna. Dízelo Fulgoso. El cual también afirma de Filipe, hijo del rey de las islas Valeares, que, teniendo diversas prevendas y beneficios eclesiásticos, los dexó, excepto uno, que reservó para sustentarse; aunque, gustando de la pobreza más que otros gustan de las riquezas, desnudóse de aquel solo beneficio, y, quedando pobríssimo, fuele necessario pedir limosna de puerta en puerta para el sustento de la vida. Refiérelo Fulgoso, libro 4.

[8] Isabel, hija de Andrés Segundo, rey de Hungría, y casada con Luis Lan- gravio, | conde de Turingia, por la muerte del marido, como a dissipadora de su estado y hazienda fue privada de todo, porque todo lo repartía a pobres. Vino a tanta pobreza que, vestida de remiendos, con una rueca ganava el sustento. Refiérese en su Vida.

[9] Muchos de su voluntad se hizieron pobres, mas ninguno tan de gana lo buscó, ni con tanta diligencia lo procuró, ni tan santamente lo guardó como el Patriarca San Francisco. Contradezíale su proprio padre, afrentávale y maltratávale, teniéndose dél por deshonrado, viéndole pobre. Y nada fue parte para que no antepusiesse la pobreza a los deleites de las riquezas. La afrenta y deshonra de veras era para él si otro se hallara más pobres y assí vino a ser padre de pobres. Y dichosa pobreza, que por ser tan amada de San Francisco en esta vida que vivimos, por su respeto son más los que la siguen en su santo instituto y orden que todos los que al modo de mundo son tenidos por ricos. Refiérelo Sabélico, libro octavo.

[10] Alexo, hijo de Eufemiano, ciudadano de Roma, en tanto amó la pobreza que passó en Siria, adonde de los criados de su padre, que ivan a buscarle, recibió limosna, como de ordinario la recebía para el sustento de la vida, y lo que le sobrava dava a pobres. Bolvió a Roma, y en la misma casa de su padre vivió en mayor pobreza, en la cual perseveró hasta que por medio de su muerte fue a gozar las verdaderas riquezas del Cielo. Refiérelo Surio, tomo cuarto.

[11] Juan, llamado Calibita, fue hijo de Eutropio y Teodora, romanos de mucho nombre y muy ricos de bienes de mundo. Procurando ser pobre, en compañía de cierto monge que vino /(411v)/ a Roma bolvió con él a su monasterio, que era junto a Constantinopla, y se llamava de los Acemetos, que denota los sin sueño, porque en él de ordinario estavan los monges cantando salmos y himnos. Allí recibió el hábito Juan, y residió seis años, siendo exemplo de todos en muchas virtudes. Era tan abstinente que se le passavan no pocos días sin gustar cosa alguna, sino el Santíssimo Sacramento. Después de los seis años, alcançada licencia del Archimandrita, que era el que governava el monasterio, bolvió a Roma, trayendo siempre consigo un libro de los Evangelios que le avía dado su madre, con figuras muy elegantes y guarnecido de oro. Llegando a la ciudad, fuese a las casas de sus padres, y cerca dellas, en un rincón, hizo su assiento. Y el padre, sin conocerle, le embiava de su mesa algo que comiesse, y dezía:

-Grande es la paciencia deste pobre (pues cayendo sobre él agua y yelo, perseverava en semejante lugar). Por ocasión de estar donde está, espero que ha de hazer Dios bien a esta casa.

Salió della un día Teodora, su madre, y viéndole tan flaco y mal vestido, causóle pena grande su vista. Mandó a los criados que le echassen de allí, y aunque por fuerça le llevavan, tornávase a su puesto, y assí le dexaron. Habló con el mayordomo, a quien pidió licencia luego que allí vino para estar en aquel puesto, y díxole:

-Ruégote, señor, que pues usaste comigo los días passados de misericordia, aora la refresques, y me hagas aquí una choça para que pueda ser defendido de la elada y pluvia, y vuestra señora no me vea.

El mayordomo, que era hombre piadoso, hizo la choça, y hecha, vivía allí sirviendo al Señor, y su padre le embiava cada día de comer, de lo cual él dava la | mayor parte a pobres. Passados tres años, estava tan flaco que sus huessos se podían contar. Miró Dios sus grandes trabajos, hablóle en sueños, y díxole:

-Seas bendito, Juan, cuyo nombre te cuadra por aver imitado al que tuvo el mismo y fue virgen, el cual, dexando su hazienda y haziéndose pobre, me siguió; assí tú lo has hecho. Sabe que dentro de tres días tendrán fin tus penas y llevarás el premio merecido por la voluntaria pobreza que has guardado, y irás al descanso de los justos.

Despertó el santo varón y, començando a llorar, dixo:

-Doyte gracias, Señor, que, siendo tan indigno, quieres que vaya a la compañía de tus amigos. Suplícote que también te acuerdes de mis padres; ten misericordia dellos.

Vido al mayordomo, y díxole que hablasse de su parte a su señora (la cual ya se le mostrava favorable y le proveía en algunas necessidades) y le pidiesse de su parte que saliesse allí a le hablar, porque dentro de tres días sería su muerte, y le causaría desgusto después si no lo hiziesse. Ella vino donde su santo hijo estava. Hablóla él, diziendo:

-La causa de tu premio, que en hazerme limosna merecías, se acaba, porque yo me acabo. Y aunque pobre, quiero dexarte un don y joya de mucho precio. Mas primero quiero que me jures de que mi cuerpo procurarás sea sepultado en el hábito y lugar donde y como aora está, porque no soy digno de mejor sepulcro ni mortaja.

Ella lo juró, y él le puso en sus manos el libro de los Evangelios que ella misma le avía dado. Quiso Teodora reconocer el libro, y dixo:

-Semejante a éste es otro que yo di a Juan, mi hijo.

Fuese a Eutropio y mostrósele, y reconocido por ellos, vinieron los dos al sancto varón, y dixéronle:

-Por el nombre de la Sanctíssima Trinidad te pedi- mos /(412r)/ nos declares cómo oviste este libro, y si sabes dónde está Juan, nuestro hijo.

El siervo de Dios, no pudiendo contener las lágrimas, dixo:

-Yo soy Juan, vuestro hijo, y he sido causa de mucho desconsuelo vuestro. Este libro de los Evangelios es el que vós, señora, me distes. Y yo dexé el mundo y la parte que de sus bienes y riquezas me cabía porque desseava servir a mi Cristo y traer sobre mí su suave yugo.

Oyendo esto sus padres, derribáronse en su cuello, estando por muchas horas con él llorando. Llegó allí gente principal de la ciudad, traídos con la fama de tal acaecimiento, y todos les hazían compañía en su llanto. Y en medio de las lágrimas de sus padres, el siervo de Dios entregó su bendita alma a su Criador, quedando ellos con la mayor tristeza possible. La madre, olvidada de su juramento, quitóle aquellas vestiduras viles que tenía y vistióle otras de oro, mas luego quedó paralítica, sin poder menear algunos de sus miembros. Visto esto por Eutropio, dixo:

-Cúmplase la voluntad del siervo de Dios, nuestro hijo.

Y bolviéndole a poner sus pobres paños, fue sana la madre. Sepultáronle en la misma choça, y allí edificaron una iglesia, que enriquecieron con parte de su hazienda, y aviendo dado otra grande a pobres, passaron desta vida a la eterna. Es de Simeón Metafraste, y refiérelo Surio, tomo primero.

[12] Laurencio Justiniano, que después fue Patriarca de Venecia, siendo canónigo reglar en la iglesia de San George de Alga, y teniendo cargo de superior en el convento, estando ausente dél, encendióse fuego y quemóse el aposento donde tenían la provisión para todo su año. Cuando bolvió | a él, salieron los religiosos muy tristes a darle la nueva. Él, con rostro risueño, les dixo:

-¿De qué, hermanos, os afligís? ¿No hezistes voto de pobreza? Pues Dios sea bendito, que nos pone en ocasión de que cumplamos perfetamente semejante voto. Confiemos en Él, que Él nos proveerá.

Y assí fue, que no menos tuvieron aquel año que comer que los passados. Es de su Vida, escrita por Bernardo Justiniano, y refiérela Surio, tomo primero.

[13] Antígono, ciudadano de Florencia, distribuyó a pobres su hazienda, que era amplíssima, y quedó tan pobre que, en su muerte, de limosna se le dio sepultura. Es de Fulgoso, libro cuarto. En mi tiempo he visto, y siempre verá lo mismo el mundo, hijos de príncipes y señores de grandes estados, que los dexan y se hazen pobres, como de presente están en los sagrados órdenes de Santo Domingo, San Francisco, San Augustín, San Benedicto, y en los demás. Entre éstos, uno que puso admiración a toda la Cristiandad fue don Francisco de Borja y Aragón, duque de Gandía y marqués de Lombay, en cuyo claríssimo linaje no sólo ha avido reyes de corona, sino Summos Pontífices y Papas de Roma de grande nombre. Siendo su renta amplíssima, lo dexó todo y se entró religioso en la Compañía de Jesús, donde vivió con grande exemplo de vida, y fue electo Prepósito General della, que no poco la ilustró, assí con su persona, con su govierno y con su exemplo, sino con ser ocasión que otras personas de linaje entrassen en ella, y de presente se hallan, assí en ésta como en las demás, que viven en la guarda de los tres votos, siendo el uno de pobreza, por cuya ocasión se ha dicho esto. /(412v)/

[EXEMPLOS ESTRANGEROS]

[1] Lisandro Lacedemonio, capítán famoso y que hizo a Atenas sujeta a Lacedemonia, su patria, viniendo a morir no le hallaron una dracma o libra de plata. Tenía concertado de casar dos hijas, y visto por los hiernos su pobreza, querían dexarlas; mas la República les puso pena si las dexavan, y ayudándoles con alguna dote se efectuó el casamiento. Fue muy semejante a Lisandro Epaminondas Tebano, que mandava a Grecia en vida, y al tiempo de la muerte lo que hallaron en su casa de riquezas fue un assador de hierro sin otra cosa, y assí la República hizo la costa de su entierro. A los dos imitó en ser valiente y temido, y en ser pobre, Arístides Ateniense, que se quedara por enterrar si la República y Senado no le proveyera. Juntémosles otro: sea cuarto llamado Marco Valerio Levino. Fue cónsul de Roma, ganó a Corinto y enriquezió no sólo a Roma sino a toda Italia. Desta y de otras presas guardó para sí tan poco que, muriendo y dexando una hija, convino para que se casasse que el Senado se la dotasse. Dize todo esto Fulgoso, libro cuarto.

[2] Diógenes Cínico estava contento con una cuba que tenía por aposento, en que se defendía del calor y del frío bolviendo la boca della a la parte que le convenía. Tenía una hortera de palo con que bevía, y viendo a un labrador que bevía con la mano, quebró su hortera, teniéndola por superflua, pues naturaleza le avía proveído para aquella necessidad. Todo lo menospreciava, y juzgóle Alexandre por tan dichoso y feliz que dixo, oyéndolo muchos, que no siendo Alexandre ningún otro quisiera ser sino Dió- genes. | Refiérelo Sabélico, libro quarto.

[3] Cleantes, filósofo estoico, discípulo de Zenón, a quien sucedió en la escuela, era tan pobre al tiempo que estudiava que, por falta de papel en que se escrivía en su tiempo, se aprovechava de huessos de baca y de pedaços de jarros vedriados. Y para comer, se alquilava de noche y sacava agua de poços para regar los huertos de los atenienses. Y assí estava en continua guerra, peleando de día contra la ignorancia, y de noche contra la pobreza. Dízelo Guido, en el Libro de exemplos.

[4] Estando Escipión en España ganando ciudades y provincias para los romanos, escrivió una carta al Senado pidiendo que le embiassen sucessor, porque le convenía ir a Roma para casar una hija que tenía ya de edad competente para tomar estado, y conveníale buscar la dote. El Senado le respondió que entendiesse en la guerra hasta darle fin, que allá se tendría cuidado de casar su hija. Y assí lo hizieron, que con el parecer de la muger de Escipión y de algunos parientes la casaron, dando el Senado la dote, porque era tan pobre el padre que no tuvo con qué dotarla. Dízelo Valerio Máximo, libro cuarto.

[5] Atilio Régulo, capitán del exército romano en Africa contra los cartaginenses, alcançó dellos grandes victorias, por donde, cumpliéndose el tiempo que llevava para esta expedición, alargáronsele por otro año. Él escrivió una carta a los cónsules en que les dixo como en un pequeño campo y labrança, que era su hazienda, se avía muerto cierto labrador a cuyo cargo /(413r)/ quedó; por tanto, él les pedía que embiassen otro, pues faltando quien labrasse el campo, su muger y hijos no tendrían qué comer. Oído por los cónsules, maravillados de la pobreza de un tan insigne capitán, dieron orden en lo que pedía y proveyeron a los hijos y muger largamente el sustento. Dízelo Valerio Máximo, libro cuarto.

[6] Valerio Publícola fue tres vezes cónsul en Roma y tuvo otros cargos en que pudiera bien hazerse rico de bienes de mundo, y sólo pretendió buena fama, como la tuvo. Vino a morir, y la República pagó el entierro. Y déxase bien entender cuán pobre viviría el que muriendo no tuvo con qué dar sepultura a su cuerpo. Es de Valerio, libro cuarto.

[7] De edad de cincuenta años era Escipión, y no avía comprado ni vendido cosa en su vida, porque se contentava con poco. Mostráronle un día, para si le quería comprar, un escudo de armas fuerte y muy galano. Visto y revisto, dixo:

-El ciudadano romano más ha de poner su esperança en la mano diestra que en la siniestra.

Fue dezir: «Más cuidado ha de tener en herir que en defenderse». Dízelo Eliano, libro undécimo.

[8] Demócrito Abderites, filósofo, ninguna cosa posseyó sino su divino ingenio, o porque no lo quiso o porque no le convenía. Dízelo Sabélico, libro cuarto.

[9] Foción Ateniense, de tal manera amava la pobreza que, ofreciéndole Alexandre gran summa de oro, no quiso aceptarlo, diziendo que no tenía dello necessidad; por lo cual se puso en cuestión, y no faltavan filósofos que lo defendían, que era más liberal que Alexandre Foción, pues | menospreció su oro. A su muger le mostró una noble matrona del linaje jónico, dándose por su amiga, muchas joyas de oro, como collares, axorcas y otros ornatos semejantes. Ella le dixo:

-Yo no tengo, ni me preciara si las tuviera, semejantes joyas, sino de estar casada con Foción, que tantas vezes ha sido emperador en Atenas, y defendídola de sus enemigos y contrarios.

Es de Sabélico, libro cuarto.

[10] Aglao Sofidio, árcade y muy pobre, contentándose con un pequeño campo con que del fruto sustentava su casa, fue juzgado del oráculo de Apolo por más felice que Giges, rey de Lidia. Dízelo Guido, en el De exemplos.

[11] Sócrates Filósofo fue pobríssimo. Andava descalços sus pies, con un vestido pobre, menospreciando honras y estados de mundo, y, con esto, le dio el oráculo de Apolo por el más sabio de su tiempo. Dízelo también Guido.

[12] Anaxágoras Clazomenio, a los que seguían su filosofía dexó exemplo de pobreza. Solía dezir que con dificultad alguno podía ser muy virtuoso y muy rico. Tenía grande patrimonio, y hízose pobre de su voluntad. Es del mismo Guido, en el De exemplis.

[13] Mostrando una matrona capuana a Cornelia Romana, madre de los Gracos, muchos y muy preciosos ornamentos y vestidos de su persona, entretúvola en palabras hasta que sus hijos vinieron de la escuela, y, venidos, dixo:

-Éstos son mis vestidos y ornamentos.

Aunque también es verdad que todo lo tiene el que nada dessea, y con mayor propriedad, porque el dominio de los bienes del mundo falta y se trueca, y el menospreciarlo todo con la alma y desseo no teme golpes de fortuna contraria. Y de aquí /(413v)/ viene que es engaño hazer felicidad de las riquezas y poner en número de las mayores desdichas la falta dellas, como la abundancia de bienes de mundo tenga tantos contrarios y enemi- gos, | y la pobreza voluntaria, tantos y tan importantes provechos, lo cual mejor se declara con obras que con palabras. Es de Valerio Máximo el exemplo, libro cuarto.

Fin del Discurso de Pobreza. |


El © de la versión electrónica corresponde a Parnaseo (http://parnaseo.uv.es/Lemir.htm). La edición electrónica ha sido realizada por José Arangües de la Universidad de Zaragoza (España) 18/9/1997. Por permiso especial está presente en la BEC.

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