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DISCURSO CUARENTA Y CUATRO. DE LIBERALIDAD


Muy liberal se mostró Jesucristo, Nuestro Señor, en su Passión, haziendo largas mercedes a diversas personas, como fue al siervo Malco, a quien cortó la oreja San Pedro, que se la bolvió a su lugar y le dexó sano; al mismo San Pedro miró con ojos de misericordia y lloró él luego su pecado; a Herodes y a Pilato hizo amigos; a Barrabás libró de muerte y prisión; a las matronas de Hierusalem, que lloravan, consoló; al Cireneo fue ocasión de aprovechamiento, pagándole su trabajo; a los que le crucificaron dio sus vestiduras; a su Sagrada Madre dio el dicípulo querido Juan, y a él, su Madre; y al ladrón dio el Paraíso. El presente Discurso trata de Liberalidad, la cual no tanto consiste en lo que se da, como en el modo y razón de darse, y si le falta la medida passará a vicio de prodigalidad. Y assí, a aquél llamaremos liberal que conforme a sus fuerças con los buenos y por /(236v)/ buenas y honestas causas se muestra largo, huyendo de una parte la avaricia, y de otra, la prodigalidad, porque si se llega a una destas partes, dexa de ser virtud y da en ser vicio.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] La liberalidad de Dios, Nuestro Señor, pone admiración y espanto a quien con más claros ojos la considera. Y mostróla en darnos a su Unigénito Hijo para nuestro remedio, lo cual quiso dar a entender el Evangelista regalado San Juan cuando dixo: «Assí amó Dios al mundo, que dio su Unigénito Hijo». Dezimos que es una cosa caliente como fuego, y si preguntamos cómo es caliente el fuego, respondernos han assí: «No ay a qué comparar esse calor, sino como de fuego». Dezimos que es una cosa blanca como nieve, y la nieve, si preguntamos cómo es blanca, no ay señalarlo sino assí, «como nieve». A la traça desto dize San Juan: «Assí amó Dios al mundo, que dio su Unigénito Hijo», es dezir: «Mirad, hombres, a qué llegó el amor que Dios tiene al Mundo, mirad a qué se estiende su liberalidad, que es liberal assí, que le ama assí, que llegó a punto que dio su Hijo Unigénito por su remedio». Pues el Hijo también se mostró liberal en dar por el hombre la sangre de sus venas y su vida. Y aún dio otra dádiva, que es el bien y tesoro de toda la Iglesia, y de sus hijos, los fieles, que es su Sacratíssimo | Cuerpo y Sangre debaxo de especies de pan y vino en el Santo Sacramento del Altar. Ni la Tercera Persona, que es el Espíritu Santo, quiso dexar de mostrarse liberal con el hombre, pues antes lo es sumamente repartiendo cada día, con quien se dispone a recebirlo, sus sacratíssimos dones.

[2] La Madre de Dios también tuvo esta virtud de liberalidad, y mostrólo altamente en darnos al Hijo de Dios vestido de nuestra humanidad. Y fue como quien haze presente de un león puesto en una jaula. Dios, León se llama en el Apocalipsi : «Venció -dize- el León de la Tribu de Judá». Y éralo en la similitud antes que se hiziesse hombre, desgarrando al que se la hazía ofendiéndole, castigava al que le enojava con muertes y sangre. Mas, dándonosle la Virgen hecho hombre, dale enjaulado, pues ya cualquiera se le atreve, cualquiera le ofende, y dissimula su rigor y saña.

[3] Cornelio Centurión, de la cohorte o legión itálica en Cesárea, por ser liberal en hazer limosnas habló un ángel a San Pedro y le embió desde Jope a que le enseñase el verdadero camino del Cielo, que fue baptizándose y prosiguiendo en sus buenas obras. Refiérelo San Lucas, en el Libro de los Hechos Apostólicos, capítulo dézimo.

Lo dicho se coligió de la Divina Escritura. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] Santo Tomé Apóstol recibió del rey de la India mucho dinero para que le labrasse un palacio y aposento real. Dio el dinero a pobres liberalmente, y porque vino a noticia del rey, y ver que el edificio no se començava, enojóse contra el Apóstol y mandóle echar en la cárcel. Entretanto, Gad, hermano del rey, murió, y aviendo sido visto muerto de muchos, resucitó y dio relación al hermano de unos riquíssimos palacios que en su nombre avía Tomé, Apóstol de Jesucristo, verdadero Dios, labrado en el Cielo. De oír esto, el hermano quedó lleno de admiración y hizo salir de la cár- cel | al Apóstol, y él se hizo cristiano por gozar de aquellos palacios y edificio, que él pidió en el suelo y hallólos hechos en el Cielo. Es de Abdías, en la Vida de Santo Tomé.

[2] Martín, que después fue obispo de Tours, siendo catecúmeno y entrando por la puerta de la ciudad Ambiense, viendo un pobre desnudo, no teniendo dinero que darle, desembainó su espada y cortó la mitad de su clámide y vestido, que dio al pobre, y con la otra mitad cubrió su cuerpo. Después, siendo obispo, no sólo repartía la renta de su obispado, por la mayor parte a pobres, ni dava la /(237r)/ mitad del vestido, sino que todo él se desnudava, dexando para cubrir su cuerpo en lo interior una túnica pequeña y mal aliñada. Dízelo en su Vida Severo Sulpicio.

[3] En tiempo de Apolinar, Patriarca de Alexandría, residía en la misma ciudad Macario, ciudadano noble. El cual, aviendo quedado con grandes riquezas de su padre, gastándolas pródigamente vino a pobreza grandíssima, y era para él un daño intolerable, porque no osava de vergüença descubrirse y pedir a quien le remediasse. Tuvo noticia el Patriarca desta necessidad, y assí como otros que se veen en ella hazen enbelecos y marañas para remediarse, el Santo Pontífice hizo un santo ensayo (si assí puede dezirse) para remediar aquel hombre. Y fue que en un papel viejo, con tinta deslucida, hizo una cédula y obligación en que parecía dever su dignidad cierta cuantía al padre de aquel hombre. Llamóle, mostróle la cédula, y porque más pareciesse cierto el negocio y no se recelasse del trato, concertóse con él que atento a que era aquel negocio antiguo y olvidado, y su dignidad estava alcançada, se contentasse con parte dello, en lo cual vino el otro muy de voluntad. Diole el Patriarca cuarenta libras de oro, y con esta industria encubrió su liberalidad, que no anduviesse en boca del pueblo, y uno la alabasse, y otro la culpasse, y la necessidad de aquel hombre, sin quedar afrentado se remedió. Dízelo Fulgoso, libro cuarto.

[4] Arquebio, monge solitario de Egipto, siendo de edad de cincuenta años, vino a visitarle Juan Casiano, el cual desseava vivir como él en soledad. Y aunque Arquebio tenía en la celda donde morava sus alhajas, con grande liberalidad salió della y se la dio al huésped, con todo lo que en ella avía. Edificó otra, y estando hecha, viniendo otro monge peregrino también se la dio, y lo mismo hizo tercera vez. Considérese la liberalidad de este santo ermitaño y veráse que la de otros que tienen grande nombre en serlo, con- | feridos con él, parecerán avarientos. Refiérelo Fulgoso, libro cuarto.

[5] Por la misma ocasión de liberal limosnero, Eustaquio de gentil se hizo cristiano, y de cristiano, mártir. Era maestro de cavallos de Trajano, el cual fue oficio muy honroso en Roma. Seguía en una caça cierto ciervo maravilloso que se vido, y representósele entre sus cuernos la imagen de Jesucristo Crucificado con grande resplandor. Hablóle y díxole que por sus limosnas y liberalidad con gente necessitada se le aparecía y avisava de lo que le convenía hazer para salvarse, y era que se baptizasse y prosiguiesse en sus obras santas y intentos santos. Dízelo San Juan Damasceno, en el libro tercero De Imaginibus.

[6] Eufemiano Romano y Aglae, su muger, siendo muy ricos y no teniendo hijos, todos los días davan de comer a cierto número de pobres, sirviéndolos ellos a la mesa. Por estos oficios de liberalidad y piedad merecieron ser padres del bendito Alexo, y, contentándose de sólo este hijo, vivieron en continencia hasta la muerte. Todos estos frutos truxo la liberalidad y limosna, que pariesse la estéril, que lo nacido fuesse santo, que los padres viviessen castos, y que todos gozassen del Paraíso. Dízelo el Metafraste, en la Vida de San Alexo.

[7] San Juan Elemosinario dio insigne exemplo de liberalidad en diversas cosas, y particularmente en que saliendo de su casa cierto día, pidióle limosna un pobre y mandó a su mayordomo que le diesse seis monedas de plata. Recibiólas, y atajando por otra calle y mudando algo el traje, tornáronle a pedir limosna. Y mandóle dar otras seis, no porque le desconoció, sino por aver hallado tan liberal limosnero, que aun visto que allí avía engaño, no sabía encoger la mano para dar limosna. Intentó el pobre hazer lo mismo tercera vez, y el Patriarca le mandó dar doblada limosna. El mayordomo se embraveció y dio bozes, culpando la malicia de aquel pobre. El Santo Pontífice le habló, /(237v)/ y dixo:

-Calla, hermano, que possible es que quiera Dios provarnos si, cansados de la importunidad deste hombre, faltamos en la limosna.

El mismo San Juan solía llamar a los pobres sus amos, y como un rico ciudadano de Alexandría, sabiendo que su cama era de poco regalo, comprasse un cobertor de pluma, presentósele. Túvole una noche en su cama y no pudo dormir en toda ella, gimiendo y doliéndose que tuviesse él más regalo que sus amos, los pobres, y venido otro día, mandó vender el cobertor y dar a pobres el precio. El que se le avía presentado, viendo que se vendía su cobertor, compróle y tornósele a presentar, rogándole que guardasse para sí su presente. No fueron parte los ruegos de aquel rico hombre para que hiziesse pausa la misericordia del Patriarca. Mandóle vender segunda vez, y el rico, que estava a la mira, la compró, y tercera vez la presentó, diziendo:

-Veremos quién se cansa primero, tú en venderle, o yo en comprarle.

De oír esto el Patriarca, mostró un alegre sonriso, y dixo:

-Doy gracias a Dios que traemos pleito y contienda saludable para el rico y provechosa para el pobre, y para mí de gracioso entretenimiento.

De modo que todas las vezes que le presentó el cobertor aquel hombre poderoso, le vendió y dio el precio a pobres. Y dízelo Leoncio Obispo, y refiérelo Surio.

[8] Serapión, monge solitario, no tenía sino la túnica y el palio o capa, con un libro de los Evangelios. Vinieron a él dos pobres a pedirle limosna, y dio al uno el palio, y al otro, la túnica. Quedó desnudo, y preguntándole quién le avía quitado el vestido, mostrando el libro de los Evangelios, dixo:

-Éste.

Visto que venían a él más pobres, vendió el libro y repartióles el precio, diziendo:

-Precepto tenemos del Señor que vendamos lo que tenemos, y demos el precio dello a pobres.

Ni aun pensó que tenía cumplido con Él (como a la verdad sea consejo que se vendan los bienes de la tierra), hasta que se vendió él mismo a ciertos idólatras, y avién- dolos | convertido a la fe, con el dinero que recibió se tornó a rescatar. Y hizo esto otra vez en Lacedemonia por convertir a un principal varón y muy rico. Y después destas obras fue electo abad en Arsinoe, y fue padre de diez mil monges, y vino bien que quien los precedía en piedad los precediesse en estado y dignidad de padre. Es del De Vitis Patrum, y refiérelo Marulo, libro primo.

[9] De Pedro Logrero, vezino de Constantinopla, riquíssimo hombre, se dificultava si era más rico que avariento, o más avariento que rico. Entre ricos no se hallava a quien no excediesse en saber ganar dinero y en multiplicarlo, y entre los pobres no avía alguno que dél huviesse recebido limosna. Tratándose esto entre algunos dellos, salió delante un gran maestro de saber hazer ademanes y embelecos para sacar limosna, y obligóse a cierta pena si déste no la sacava. Fue a su casa un día que vido entrar en ella una tabla de pan del horno, y estando a su vista, ya mirando al Cielo, ya a la tierra, por los vestidos rotos se parecían sus carnes, derramava lágrimas, sospirava, llegávase a la pared como que se desmayava. Esto y todo lo demás que hazía era torcedor para el Pedro, que le hazía dar a la maldición. Muchas vezes le avía dicho que Dios le ayudasse, passó a dezirle afrentas, amenaçóle que le echaría de allí a palos. El pobre, ya mostrava que no le oía y que era sordo, ya que no se le dava de sus amenazas. Al fin, el triste logrero, por no verle y que se fuesse de allí, tomó un pan, el más regañado de la tabla, y regañando él mucho más, se le tiró a los ojos. El pobre apartó el rostro, recogió el pan y fuese muy alegre a mostrar su victoria a los otros pobres. No mucho después desto cayó enfermo el Pedro, y llegando a punto de muerte, quedó en un desmayo por algún tiempo, y libre dél, contó que fue llevado al Tribunal de Dios y acusado de graves pecados, y que en recompensa dellos no se halló para su abono y defensa sino el pan que dio al pobre. Avisóle el Juez que /(238r)/ si quería librarse de los tormentos que sus culpas merecían, que añadiesse otras limosnas hechas con mejor ánimo que la de aquel pan. Convaleció Pedro, y la mudança de su vida aprovó la verdad desta visión, porque sus limosnas eran sin número, mostrándose con los pobres tan liberal como antes fue avariento. Vido un día cierto pobre desandrajado, diole un buen vestido, y porque le pareció al pobre que con él nadie le daría limosna, vendióle, y vido Pedro el vestido en casa del comprador, lo cual le fue ocasión de mucha pena y quebranto. Mas a la noche se le apareció en sueños Jesucristo con aquel vestido, de que se consoló mucho y quedó enterado de que recibe Cristo lo que se da a pobres, tomándolo a su cuenta. Repartió cuantas riquezas tenía hasta quedar pobre, y passando a vivir a Hierusalem, se vendió y repartió el precio a pobres. Refiérelo Marulo, libro primero.

[10] Jodoco Ermitaño vivía cerca de un río acompañado con un sólo dicípulo. Hallóse con un pan al tiempo que le pedía limosna cierto pobre, diole la cuarta parte dél. Bolvió luego con otro disfraz, y diole otra parte. Vino cuatro vezes, siempre con diferente traje, y llevóse todo el pan por cuartas partes, quedando la esperança de Jodoco y de su dicípulo en sólo Dios. Afligíase el moço y consolávale el varón santo con dezir que no le faltaría remedio. En esto aparecieron dos barcas en el río, sin que persona las guiasse, y venían proveídas de lo que solían ambos comer, y assí quedaron con comida para muchos días. Dízelo Rodolfo Agrícola.

[11] Ricardo, rey de Bretaña, celebrando combite a algunos cavalleros de su corte, vido dos dellos que estava atentamente mirando ciertos vasos de oro y que hablavan entre sí. Tomó plática con ellos, y rogóles que le dixessen de qué hablavan. Y aunque con alguna vergüença, le respondieron que conferían entre sí cómo con dos vasos de oro de los que ser- vían | en la mesa fueran ricos, y quedaran contentos. El rey, sonriéndoseles, dixo:

-Pues no cesse vuestro contento por esso. Desde luego os doy los dos vasos.

Y assí se los entregó.

-Y en caso -dize- que los queráis vender, yo os los pagaré mejor que otro, porque sé su valor y precio.

También salieron a esto los dos cavalleros, y de contado sobre tabla les dio doze mil ducados por ambos vasos. Del mismo Ricardo se afirma que estando en su capilla diziendo Missa el obispo acuense, Legado del Papa Bonifacio, al tiempo de desnudarse mandó el rey, que ni del Pontifical, ni de los adereços del Altar, que eran riquíssimos, se quitasse cosa alguna. Llegó al obispo, y díxole que no era bien que en tal día sacrificasse un Legado del Sumo Pontífice con agenos ornamentos y servicio del Altar, y assí mandó que todo y lo demás que avía en la capilla real fuesse suyo. Dízelo Fulgoso, libro cuarto.

[12] Eduardo, rey de Inglaterra, varón santo, estava un día recostado sobre su cama; llegó Hugolino, camarero suyo, y puso cantidad de moneda de las rentas reales en una arca, y dexósela avierta. Vido esto un hombre particular que se halló en la sala. Llegó y tomó buena parte, y fuese. Bolvió segunda vez, y hizo lo mismo. Tornava la tercera, mas, aviéndolo visto todo el rey, díxole:

-No seas hombre tan importuno. Créeme y vete con lo que has llevado dos vezes. Conténtate con ello, porque si viene Hugolino quitártelo ha todo sin dexarte una moneda.

Oyendo el ladrón lo que el rey dezía, estando ignorante de que él o persona alguna lo huviesse visto, fuese de allí, y no era bien salido de la sala cuando llegó Hugolino, y echando menos el dinero, afligióse demasiadamente. Temía y tremía, dava suspiros y bozes. Levantóse el rey y preguntóle, como si lo ignorara, la causa de su turbación, y declarándosela, díxole:

-Calla, no te aflijas, que por aventura el que lo llevó tenía mas necessidad que yo dello. Lléveselo y hágale buen provecho, que para nosotros bástanos lo que queda.

Hi- zo /(138v)/ este santo rey una cosa con que ganó el amor y robó las voluntades de sus súbditos, y fue que aviéndoles impuesto graves pechos y tributos su padre por ocasión de las guerras con que siempre le molestavan los de Dania, trayéndole una vez cobrado este dinero a Eduardo, vido al demonio assentado sobre ello, y que hazía juegos y regozijos, por lo cual lo perdonó y mandó que en adelante no se cobrasse. Dízelo Alredo, abad cisterciense, y refiérelo Surio, tomo primero.

[13] Osualdo, rey de Bretaña, dava liberalmente de comer todos los días a grande número de pobres en un aposento de su real palacio, y como cierto día se juntassen tantos que no pudo cumplirse con ellos, el rey, por no embiar desconsolados a los que bolvían ayunos de su mesa, dio a cada uno un pedaço de plata de cierto vaso que despedaçó para este fin. Hallóse presente a semejante hecho Adriano, obispo indifianense, el cual, admirado de la liberalidad del rey, asióle la mano derecha y llególa a su rostro, diziendo:

-Indigna cosa es que tan liberal mano se envexezca o pare fea.

De aquí se afirma que muchos años después de muerto se vido en el sepulcro aquella mano fresca, y como si su dueño tuviera vida. Refiérelo Marulo, libro primero.

[14] Carolo Magno, rey de Francia, para defender al Papa Adriano de Desiderio, señor de Lombardía, passó dos vezes en Italia con gruesso exército, y aviendo vencido y enfrenado aquella gente, todo lo que su padre Pipino concedió de tierras y estados al Pontífice de Roma él lo revalidó, dándole a Parma, Mantua, Luca y grande parte de Etruria. Lo cual todo, si quisiera quedarse con ello, le era fácil. Dízelo Fulgoso, libro cuarto.

[15] San Clemente Papa tenía en un memorial escritos los nombres de viudas, huérfanos y de otra gente pobre. Leíale cada día, y ninguno faltava en proveerles lo necessario a la vida, y no sólo con los pobres de Roma hazía esta diligencia, sino que de partes remotas tenía noticia de gen- te | pobre y los remediava. En particular era su cuidado que de los paganos que se convertían, ninguno con pobreza mendigasse, porque quien, siendo él autor, se convertía a Cristo y se dedicava a su servicio, estuviesse seguro de padecer hambre. Dízelo el Metafraste en su Vida.

[16] Alexandre Papa Quinto fue liberalíssimo, y solía dezir a sus más familiares:

-Siendo yo obispo de Novara era rico. Cuando tuve capelo de cardenal començé a tener necessidad. Aora, que soy Papa, he venido a ser del todo pobre.

Refiérelo Fulgoso, libro cuarto.

[17] Santo Domingo Español, exercitándose en estudios en la ciudad de Palencia, sucediendo un año de grande hambre, desseando remediar largamente las necessidades que veía y no bastando su possibilidad, vendió sus libros, anteponiendo al estudio de letras el de piedad. Y porque está escrito que quien es inclinado a misericordia será bendito, vino a tanta perfeción que fue instituidor del sagrado Orden de Predicadores. Refiérelo Marulo, libro primero.

[18] San Francisco, cuyo instituto es de pobreza, en un camino que hizo, vido cierto pobre tan sin vestido que de su cuerpo sólo se mostrava cubierto lo que con afrenta puede descubrirse, lo demás se mostrava curtido de sol y viento. Dolióse dél el Santo Patriarca y començó a sospirar por verle tal. El fraile que le acompañava le dixo:

-¿De qué, padre, te entristeces? Possible es que lo que falta a éste de vestido, le sobre de desseo y gana de andar compuesto y galano.

Oído por el santo, mandóle por obediencia en pena de su mal juizio que se desnudasse su túnica y se la diesse. Dízelo San Buenaventura en la Vida de San Francisco.

[19] Liberalíssimo fue el rey don Alonso de Nápoles. Mostrólo en diversos casos y particularmente en uno, y fue que acostumbrava a traer en los dedos anillos de oro, de piedras finíssimas, y cuando se lavava las manos dávalos a que se los tuviesse el primero de sus criados que se ha- llava /(239r)/ cerca. Diolos una vez a uno, el cual, viendo que el rey aviéndose labado y limpiado las manos no se los pedía, parecióle que se avía olvidado dellos, y llevóselos. Dissimuló el rey y púsose otros, y aviendo passado algún tiempo, lavándose las manos como solía, y queriendo | dar los anillos, estendió aquél su mano para tomarlos. El rey retruxo la suya, y díxole en boz baxa:

-Cuando me bolváis los otros.

Mostróse liberal primero en no pedirlos, y después gracioso en negárselos, trayendo a la memoria lo de antes. Refiérelo Fulgoso, libro cuarto. |

[EXEMPLOS ESTRANGEROS]

[1] Pidió a Alexandre Magno Perillo, amigo suyo, que le ayudasse a casar una hija que tenía. Mandóle dar cincuenta talentos, que sería cada talento seis mil reales de Castilla. Perillo dixo que le bastavan diez. Respondió Alexandre:

-Aunque para ti que los has de recebir te basten diez, a mí, que los tengo que dar, no me bastan.

El liberal ánimo de Alexandre no quiso en lo que dava medir la necessidad con las fuerças flacas del amigo que recebía, sino con las grandes proprias suyas con que las hazía. Refiérelo Fulgoso, libro cuarto.

[2] El mismo Alexandre mandó a su mayordomo que diesse a Anaxarco, filósofo y muy amado dél, todo lo que pidiesse. Pidió cien talentos, y pareciéndole grande cuantía, no quiso darlo sin comunicarlo con el mismo Alexandre. Comunicóselo, y mandóle que se los diesse, diziendo:

-Anaxarco sabe que tiene amigo que puede y quiere darle ésta y mayor suma.

Es de Fulgoso, libro cuarto.

[3] Aviendo Alexandre vencido a Darío, rey de Persia, vido que de los despojos de aquella victoria un mulatero criado suyo, el cual le avía servido desde que salió de Macedonia en las guerras de Persia, llevava un macho cargado de oro, y era tanto el peso que sin poderlo llevar la bestia, él tomava parte en sus hombros y con todo esto no lo podía llevar. Vídole Alexandre muy afligido, porque temía el hombre que si perdía parte de la carga que le avían dado por peso, le costaría la vida. Llegó Alexandre a él y díxole:

-Para que se te haga más fácil el peso, llevarélo a tu casa, que yo te lo doy desde aora, | y sea para ti.

Afírmalo Fulgoso, libro cuarto.

[4] Cimón Ateniense, aviendo vencido muchos bárbaros y enriquezido su patria y gente della, mostróse liberalíssimo dando cada día de comer a diversas personas que ivan a su casa. Y cuando salía fuera llevava talegones de dinero y repartía a cuantos pobres veía. Ivan acompañándole muchos mancebos bien vestidos, y si le salía al encuentro algún ciudadano noble y con pobre vestido, hazía desnudar a uno de los que ivan con él y trocar vestido con el otro. Tenía heredades y a muchas dellas derribó las cercas para dar lugar a que los passajeros entrassen por fruta y ubas al tiempo que estavan para cogerse. Todo esto hazía un pagano, y es confusión para el Cristiano que pudiendo hazer otro tanto como él, no le dé media. Es de Fulgoso, libro cuarto.

[5] Visitó Arquesilao Filósofo a un amigo suyo llamado Cresibio, y viéndole enfermo en una cama y pobre, diziéndole algunas palabras de consuelo llegóse a él, y púsole debaxo de la almohada una bolsa con dineros. Fuese y hallando el dinero Cresibio, dixo:

-Ésta es una de las burlas que suele hazer Arquesilao.

Solía dezir el mismo Arquesilao que estimava en más ser tenido por largo y liberal, que grande baxilla de plata. Refiérelo Guidón, en el De exemplos.

[6] Sineta, labrador persiano, hallándose un día lexos de su tugurio o casa de campo y viendo venir a Artaxerxes, afligióse por ver que él sólo no guardava la costumbre de Persia, que era llevar algún /(239v)/ presente al rey siempre que se hallan en su presencia. Vido cerca de donde estava un río caudaloso y de linda agua, llamado Ciro. Fue a él, y juntando las dos manos cogió la agua que pudo retener y llegó al rey, diziendo:

-Vive para siempre, o rey Artaxerxes. Yo te honro conforme al tiempo y mi posibilidad. No quiero apartarme de ti sin hazerte algún servicio, y assí te ofrezco de la agua de Ciro. Si cerca de mi casa estuviera, yo te ofreciera lo mejor que en ella tengo, y sin duda con mayor voluntad que otros que te ofrecen mayores y más preciosos dones.

Oyó Artaxerxes al villano, y agradado de su ofrecimiento y razones, díxole:

-Yo recibo, amigo, con alegre voluntad tu don y le estimo por preciosíssimo. Lo uno, por ser agua, que es elemento precioso, y también por el nombre de Ciro que tiene el río, que es para mí venerable. Quiero que me visites estando yo en los reales con mi exército.

Dicho esto, mandó a sus eunucos que en una taça de oro recibiessen la agua de manos del villano. Después el rey le mandó dar un vestido pérsico, una taça de oro y mil daricos, que eran monedas de oro en Persia, y embióle a dezir que se alegrasse con aquel oro, en premio de lo que avía alegrado al rey con sus razones y presente, no queriendo irse sin hazerle algún servicio. También dixeron:

-Quiere que bevas con esta taça de la agua con que le serviste del río Ciro.

Dízelo Eliano, De Varia Historia , libro primero.

[7] Pitio Celeno fue tan rico y poderoso que dio hospedaje al exército de Xerxes cuando llevó todo el Oriente sobre Grecia, que secavan las fuentes y agotavan los ríos por donde passavan. Este mismo dio en presente a Darío, padre de Xerxes, un plátano y una vid de fino oro, y por semejante liberalidad era conocido entre los persas. Preguntóle Xerxes qué riquezas tenía, y respondió:

-De plata tengo dos mil talentos (y cada talento era seis mil reales).

Y de oro dixo que tenía cuarenta vezes cien mil daricos, menos siete | mil. Era el darico una moneda de oro como el escudo de España y llamávase darico porque tenía la figura del rey Darío de Persia, y assí era moneda nueva a esta sazón. Añadió Pitio:

-Y todo esto, o Xerxes, quiero dártelo y que lo lleves, que necessidad tendrás dello si dura mucho la guerra para sustentar tan grande exército.

Admiróse Xerxes assí de que un rey particular fuesse tan rico como de que llegasse a tanto su liberalidad que todo se lo ofreciesse, porque dixo Pitio que sólo con el fruto de sus heredades bastava a sustentarse. Agradecióselo Xerxes y díxole que se gozasse con su tesoro y que los siete mil daricos que le faltavan, él se los daría. Dízelo Sabélico, libro octavo.

[8] Ganó una victoria nabal Temístocles, y poniéndose con un amigo suyo a ver los cuerpos muertos en la agua, halló muchos que tenían cadenas de oro y joyas de mucho precio. Bolvióse al que estava con él, y díxole:

-Recoge todo esso que vees para ti, que no eres tú Temístocles.

Dízelo Brusón.

[9] Tolomeo Filadelfo, rey de Egipto, juntando una grande librería, quiso tener en ella traduzidos en lengua griega los libros sagrados de los judíos, que es el Testamento Viejo de la Biblia. Y aviéndole satisfecho conforme a su desseo Eleázaro, sumo sacerdote de aquel pueblo, embiándole setenta y dos intérpretes con los libros para que los traduxessen de hebreo en griego, mostrándose el rey agradecido y liberal, sin un gran presente que hizo al Templo de Hierusalem de oro, y sin las pagas que hizo a los mismos intérpretes, que fue todo con grande liberalidad, recogió todos los judíos que estavan captivos y tenidos por esclavos en Egipto por las guerras de los reyes antecesores suyos, y pagando a sus dueños el precio sin agraviar a persona alguna, llegando el número a cien mil, los embió libres a su tierra. Liberalidad grande y digna de Tolomeo, y casi increíble a los que no la vieron, considerando las fuer- ças /(240r)/ de los reyes de Egipto, que, aunque grandes, parece que en este caso subieron de su punto. Refiérelo Fulgoso, libro cuarto.

[10] Reyes ha avido que han hecho bien a sus súbditos y vassallos, mas que a sus enemigos den bien por mal, pocos son. Y destos fue uno Porsena, rey de los etruscos, el cual rematando con los romanos una larga guerra en perpetua paz, levantando los reales que tenía sobre Roma mandó a sus gentes que si no fuesse las armas, todo lo demás dexassen, porque él lo dava en don a los romanos. Es de Fulgoso, libro cuarto.

[11] Hierón, rey de Siracusas, oyendo cierta plaga y destruición que padecían los romanos por una batalla que perdieron junto al lago Trasimeno, embió a Roma trezientas mil medidas de trigo y dozientas y cuarenta libras de oro, y para que lo recibiessen respetando la religión, el oro iva en una figura de la victoria adorada por diosa de aquel pueblo. Dízelo Valerio Máximo, libro cuarto.

[12] Busa Canusia, llamada de otros Paulina, muger riquíssima en Apulia, mostró su liberalidad en que después que Anibal venció a los romanos en Canas, cerca de diez mil dellos llegaron a Canusio sin armas, desnudos, malheridos, y para perecer de hambre; Busa, sin admirarse de tanta pérdida y destruición los hospedó en aquella ciudad y a los heridos hizo curar con todo cuidado y diligencia. Dio vestidos a los que les faltavan, a otros que podían tomar armas les proveyó dellas. Consolólos a todos dándoles regaladamente de comer, y a los que quisieron passar adelante y ir a Roma les proveyó para el camino. Mereció esta famosa muger que, por mostrarse una vez liberal, siempre aya della memoria. Dízelo Guidón en el De Exemplos.

[13] Tulo Hostilio, uno de los siete primeros reyes de Roma, las heredades y haziendas que otros reyes avían advinculado a la corona real, él las distribuyó a gente pobre y necessitada. Al contra- rio | de otros reyes, que suelen aun de lo que es de pobres aprovecharse. Dízelo Fulgoso, libro cuarto.

[14] Venciendo Quincio Flamíneo con el exército romano a Filipe, rey de Macedonia, y estando apoderado de toda su tierra, mostrávanse afligidos los lacedemonios pensando que avían de quedar en perpetua sujeción a los romanos. Mandó Flamineo que se hiziesse una junta de la gente principal de Grecia, y estando en un lugar eminente, aviendo hecho señal de silencio por medio de trompetas, mandó a un pregonero dezir estas palabras: «El Senado y pueblo romano, y Quincio Flamineo Emperador, mandan que todas las ciudades de Grecia que estavan en el mando y sujeción de Filipe sean libres y no paguen a persona alguna pechos o pedidos, sino que gozen de entera libertad». Oyendo esto quedaron los presentes como embelesados de tan no pensada buena nueva. Primero callaron no pudiendo creerlo, mas repitiendo el pregonero las mismas razones, fue tan grande la bozería de todos que se vieron caer aves en tierra muertas por aquel ruido, de las que bolavan en aquella región. Es de Valerio Máximo, libro cuarto.

[15] Quinto Fabio Máximo, capitán romano, trayendo guerra con Aníbal Cartaginés dentro de Italia y no lexos de Roma, concertó con él que le diesse los captivos romanos que tenía por cierto precio. Embióselos Aníbal fiando de su palabra. Fabio ocurrió por el dinero al Senado pidiéndolo. Respondió el Senado que no lo quería dar. Mandó a su hijo que vendiesse ciertas heredades que tenía y con el precio pagó a Aníbal y redimió sus naturales romanos. Y en este exemplo, assí como se hecha de ver la baxeza del Senado en negar lo que con tantas razones devía dar, assí resplandece la liberalidad digna de Imperio en Quinto Fabio Máximo. Dízelo Valerio, libro cuarto.

[16] Particular modo en ser liberal mostró Pomponio Atico, patricio roma- no, /(240v)/ con Bruto, uno de los conjurados y que fueron en la muerte de Julio César. Queríale bien, y en todo el tiempo que se vido próspero el Bruto y estava en Roma tenido y estimado no mostró tenerle amor, ni le conversava, ni hizo por él cosa alguna, mas luego que fue echado de Roma y andava huido y perseguido le embió por dos vezes en dos ocasiones cien mil sestercios, que era dádiva de rey, y en esto se mostró contrario de lo que otros suelen hazer, que teniendo felicidad Bruto nada se dio por él, y estando infelice y perseguido le faboreció cuanto le fue possible. Es de Fulgoso, libro cuarto.

[17] Vespasiano mostró su liberalidad en dar de comer magníficamente a todos los patricios que en Roma avían tenido oficio de cónsul y estavan pobres, en reedificar ciudades puestas en aflición por terremotos o incendios, en favorecer buenos ingenios y hombres señalados en letras latinos y griegos. Y a los retóricos que mostravan su habilidad en defender causas de personas acusadas en jui- zios | dava de comer, a los poetas hizo mercedes señaladas. Refiérelo Guidón, en el De Exemplos.

[18] Tito, hijo de Vespasiano, no fue poco liberal. El cual tenía de costumbre todos los días dar en don alguna cosa digna del estado que tenía, y como uno se passasse sin dar algo, advertido dello ya tarde y de noche, dixo a los de su cámara con un sentimiento grande:

-¡ amigos, que este día he perdido!

Refiérelo Fulgoso, libro cuarto.

[19] Nerva fue electo en emperador de Roma siendo muy viejo, y en lo poco que tuvo el Imperio repartió liberalmente quinze vezes cien mil monedas de oro a personas, como senadores y prefetos, que padecían pobreza, para que comprassen possessiones y tierras con que se sustentassen. Dio assí mismo a pobres muchos vasos de plata y de oro, quitándolos de su aparador y baxilla, en lo cual se mostró más padre de todos que emperador romano. Refiérelo Fulgoso, libro cuarto.

Fin del Discurso de Liberalidad. |


El © de la versión electrónica corresponde a Parnaseo (http://parnaseo.uv.es/Lemir.htm). La edición electrónica ha sido realizada por José Arangües de la Universidad de Zaragoza (España) 18/9/1997. Por permiso especial está presente en la BEC.

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