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DISCURSO TREINTA Y TRES. DE HOSPITALIDAD


Si los que se examinan en Universidades para recebir algún grado estuviessen ciertos de las preguntas que les avían de hazer y de los argumentos que les avían de poner, ninguno se descuidaría en llevar buenas respuestas. De donde parece que, pues nos quiso Dios hazer merced | tan señalada que, aviéndonos de juzgar delante la Universidad de ángeles y hombres, primero nos declaró cuáles han de ser las preguntas, que son aquellas seis Obras de Misericordia que refiere San Mateo en el capítulo veinte y cinco, y son como seis días claros en que avemos de trabajar para merecer entrar en el ver- dadero /(181r)/ Sábado del sosiego y quietud perdurable, falta es de aviso no llevar buenas respuestas aparejadas, cuales sabemos que él quiere que llevemos. Una dellas es la Hospitalidad, de que trata el presente Discurso.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] Abraham estava assentado en el Valle de Mambre, a la puerta de su tabernáculo y casa, porque no passasse algún peregrino sin ir a hospedarse en ella. Vido que llegavan tres, y sin querer saber de dónde venían, ni adónde ivan, fue a ellos. Y, reverenciándolos, les ruega, no como quien avía de dar, sino como si uviera de recebir, que fuessen a su casa a ser hospedados y servidos. Y, entrando en ella, lo primero les labó los pies, para que se entienda que es la humildad el fundamento de todas las virtudes morales. Púsoles en la mesa panes subcinericios, manteca, leche y un ternero, para demostrar que la comida ha de ser lo que basta y no superfluidades, que dañan la alma y quitan la salud del cuerpo. A la despedida les fue acompañando hasta salir fuera de casa, porque faltando este comedimiento con los huéspedes, más parece que los echan que no que los despiden. Y porque usava de esta virtud de hospitalidad con los hombres mereció esta vez recebir ángeles en su casa, y tales ángeles, que representavan el misterio de la Trinidad en las Personas, que eran tres, y en la adoración, que fue una, la unidad de la Essencia. Es del capítulo diez y ocho del Génesis.

[2] Lot, estando en Sodoma, recibió a hospedaje en su casa dos destos ángeles, lleváandolos a ella casi por la fuerça, para culpar nuestra tibieza en semejantes obras, pues primero nos quiebran las cabeças con ruegos y lástimas que hazemos cosa de provecho. Lot, assí mismo, con tanto efecto quiso librar a sus huéspedes de la injuria que les quería hazer aquella nefanda gente, que ofreció dos hijas suyas para que usassen mal dellas, porque, estando turbado, quiso evitar una maldad grande con otra menor. Y devemos imitarle en guardar fe a nues- tros | huéspedes, aunque sin turbación del entendimiento, porque, defendiendo al huésped, no sea Dios ofendido. Y queriendo los ángeles recompensar el hospedaje que les hizo Lot, le sacaron con su familia de entre tan mala gente, a la cual con fuego del Cielo querían destruir, como la destruyeron, quedando libres Lot con dos hijas suyas. Es del Génesis, capítulo doze.

[3] La Sumnamitide, siempre que passava el profeta Eliseo por su casa le hospedava en ella y le dava la comida. Y no porque fuesse continuo el passar por allí el profeta ella se cansava, antes acordó de le señalar un aposento que fuesse suyo, y como proprio se sirviesse dél siempre que quisiesse. Y por esta obra de virtud, siendo estéril, haziendo oración por ella Eliseo tuvo un hijo, y muriéndosele de poca edad, le resucitó el profeta. Es del Cuarto de los Reyes, capítulo cuarto.

[4] Marta, hermana de María y de Lázaro, teniendo hospedado a Cristo en su casa, no contentándose de toda la diligencia que ponía de su parte para servirle y regalarle, citó a María, su hermana, delante del Salvador, para que la ayudasse. Y danos documento de la diligencia y solicitud que en semejantes obras devemos tener, pues aunque Marta hospedó a Cristo en propria persona, nosotros cada día le podemos hospedar en sus pobres. Es de San Lucas, capítulo dézimo.

[5] Los dos discípulos que ivan a Emaús, llevando en su compañía a Jesucristo, aunque sin conocerle, teniéndole por peregrino, casi por fuerça le hizieron hospedar en su compañía. Y, sentado a la mesa, conociéronle en el partir del pan. Esto haze el oficio de la hospitalidad, que nos lleva hasta el conocimiento de Dios, de manera que al que vemos en espejo y enigma en la tierra, le veremos rostro a rostro en el Cielo, como afirma San Pablo en la Primera a los de Corinto, capítulo treze. De los dos discípulos escrive San Lucas, capítulo veinte y cuatro. /(181v)/

[6] San Pablo, escriviendo a los Hebreos , capítulo treze, les dize: «La caridad de fraternidad esté en vosotros, y no os olvidéis de la hospitalidad; por ésta merecieron algunos tener ángeles por huéspedes». Y Cristo dize a sus discípulos: «El que os recibiere a vosotros, a Mí recibe; y quien me recibe a Mí, recibe al que me embió. El que recibiere al profeta en nombre de profeta recibirá la merced y premio de profeta, y quien recibiere al justo en nombre de justo recibirá el premio y merced de justo. Y cualquiera que diere a bever a uno destos pequeñuelos un jarro de agua fría | tan solamente, en nombre de discípulo, de verdad os digo que no perderá su premio». Es de San Mateo, capítulo décimo.

[7] Onesiforo, natural de Efeso, tenía costumbre de hospedar en su casa a los discípulos de Cristo, y assí, San Pablo, escriviendo a Timoteo, en la Primera, capítulo primero, dize: «Haga Dios misericordia a la casa de Onesiforo, porque diversas vezes me favoreció, no avergonçándose de que yo estuviesse preso y en cadena, sino que viniendo a Roma me buscó con cuidado y me halló. Déle Dios que halle misericordia en el último día, por la que usó comigo en Efeso».

Lo dicho se coligió de la Divina Escritura. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] San Silvestre, antes que fuesse Papa, residiendo en Antioquía, hospedava peregrinos, y entre otros recibió en su casa a un Timoteo, que le vido luego padecer martirio por Cristo, y él le dio sepultura. Siendo Sumo Pontífice, perseverando en su costumbre, hospedava también en su casa a todos los peregrinos de que tenía noticia que venían a la ciudad. Es de su Vida, y refiérelo Marulo, libro primero.

[2] San Gregorio Papa, particular cuidado tuvo de hospedar peregrinos, y sin los que venían a él como a casa propria y conocida, hazía buscar otros por la ciudad, y sentados a la mesa los visitava y servía. Y por esta humildad mereció un día tener por combidado a Cristo, porque, apartándose de la mesa un poco, cuando tornó, vido que faltava della uno en quien antes tenía puestos sus ojos por parecerle santo. Y, admirándose desto, la siguiente noche se le apareció Jesucristo, y le dixo:

-Por aver recibido cada día a tu mesa mis miembros, oy quise que recibiesses la cabeça.

Saquemos de aquí que, si queremos que Cristo se aposente en nosotros, no desechemos los pobres peregrinos. Es de San Juan Diácono, en la Vida de San Gregorio, libro segundo, capítulo veinte y dos.

[3] Severo Sulpicio, en la Vida de San | Martín, escrive de cierto monge del desierto que tenía por costumbre, de noche, cenando un pedaço de pan, dar parte dello a una loba que venía allí por aquella ración. Sucedió que se quedó con otro monge a cenar una noche, vino la loba por su ración, y no saliendo el monge a ello, entró en la celda y vido en una espuerta cinco panes. Tomó el uno dellos, comiósele y fuesse. Bolvió el ermitaño y, hallando menos el pan, entendió quién le avía hurtado. Aguardó a que viniesse la loba, y no vino en muchos días, de que el buen hombre estava triste, porque le faltava el consuelo que tenía en verla y darle aquel pan, de lo que él avía de comer, faltando preregrino o pobre a quien darlo. Hizo oración a Dios y bolvió la loba, aunque se detuvo lexos, y desviada dél, no osava levantar los ojos a mirarle, hasta que el ermitaño fue a ella y la halagó y dio el pan. Y ella se fue muy contenta, tornando cada día por su ración.

[4] Gerbonio, obispo populonio, por encubrir sus huéspedes puso su vida en peligro de muerte. Y fue el caso que recibió en su casa ciertos enemigos del rey Totila, y, encubriéndolos allí, fue por mandado del tirano echado a ossos ferocíssimos para ser despedaçado dellos, y con todo esto guardó fidelidad a sus huéspedes, no descubriéndolos. Llegaron los /(182r)/ ossos y no le tocaron, de lo cual avergonçándose el rey, de que no perdonasse a quien las fieras perdonavan, mandóle dexar ir libre. Dízelo San Gregorio en sus Diálogos , libro primero, capítulo onze.

[5] Estando Marino Monge en su celda en el desierto, vino un día a él un feroz javalí, huyendo de los perros de ciertos caçadores. Recogióle y túvole en guarda, hasta que entendió que estava libre de aquel peligro, que le dexó ir libre. Bien se mostrara liberal con huéspedes el que lo fue con una salvagina. Y naturalmente, la bestia sintió la inclinación del santo monge, pues en tan manifiesto peligro quiso más valerse dél que librarse huyendo por la montaña. Dízelo Marulo, libro primero.

[6] Passando a Constantinopla por negocios de la República Cristiana San Dacio, obispo de Milán, y llegando a Corinto, como llevasse grande acompañamiento, viendo una casa bastante para su hospedage, pidióla, y respondiéronle los vezinos della que no se habitava porque el demonio residía en ella y la tenía por suya.

-Pues por lo mismo -dixo Dacio- yo quiero hospedarme en ella.

Y assí lo hizo. Sucedió que a la media noche oyó el santo perlado que el demonio fingía las bozes de diversos animales: bramidos de leones, balidos de obejas, rebuznos de asnos, silvos de serpientes, gruñidos de puercos, y assí otros semejantes. Dacio, de oír la armonía, levantóse de la cama despechado, y hablando en boz alta con el demonio, le dixo:

-Bien has negociado, miserable, ¿tú eres el que dixiste ' Pondré mi silla al Aquilón, y seré semejante al Altíssimo' ? Mira como por tu sovervia te has hecho semejante a las bestias, y aviendo indignamente querido imitar a Dios, dignamente eres imitador de bestias.

A esta boz, el demonio se afrentó, y fue de manera que nunca más en aquella casa se oyeron espíritus malos, sino que fue habitada en adelante. Refiérese en su Vida.

[7] En Roma vivía cierto hombre, cuya hazienda era pequeña, mas su ánimo | era grande en hospedar peregrinos, y particularmente religiosos, a los cuales servía y regalava, teniendo pena porque su posibilidad quedava muy corta a su desseo. Y, estando una noche fatigado por esto, medio dormido oyó una boz que le dixo:

-Visto he tu caridad en hospedar peregrinos, y que por esto tienes necessidad. Quiero no solamente remunerarte en la Eterna Vida, sino también en la temporal. Habla a un hombre rico, tu vezino, que tiene una viña de menor precio que la tuya, y truécasela, y en medio della cavarás debaxo de un montón de piedras y hallarás allí lo que antiguos romanos pusieron.

No se movió por esta boz aquel hombre, hasta que tres vezes le fue dicho lo mismo, que obedeció. Habló al rico acerca del trueco de la viña. El otro vino en ello muy de buena gana y le pagó lo que tenía de mejora. Y con esto fue a la viña ya suya con su muger y un hijo, y dos hijas que tenía; cabaron debaxo del montón de piedras, y aviendo gastado algún tiempo y no pareciendo cosa alguna, las hijas y el hijo burlavan del padre y les pesava de lo que avía hecho, dexándolos en mayor necessidad y pobreza. El padre dezía:

-En ninguna manera puedo creer que he sido engañado.

Porfió en cabar, hasta que descubrió un vasso de mármol lleno de agua, y una olla de vidro llena de bálsamo, y otra vasija de varro con tres piedras finas grandes. La agua que estava en el vaso de mármol, pareciéndoles que no era de precio, la derramaron, y dando parte della en los azadones y picos con que abrieron la tierra, quedaron de color de oro, porque era hecha con tal arte que todo lo que bañava al parecer tornava oro, y désta usavan alquimistas para hazer oro falso y aparente, y no quiso Dios que su devoto se aprovechasse desta agua, y por esso se derramó sin hazerse caso della. Mas del bálsamo y de las tres piedras preciosas sacaron tanto dinero que el padre y hijos quedaron bien ricos y alabaron a Dios, prosiguiendo en sus obras de hospitalidad. Lo dicho es del Promptuario de exemplos.

/(182v)/ [EXEMPLOS ESTRANGEROS]

[1] Cimón Ateniense hizo de sus casas mesón para común uso de todos los peregrinos y forasteros que viniendo a Atenas quisiessen allí posar. Y lo mismo de sus viñas, huertas y heredades, derribóles las cercas, setos y tapias, pregonando que las hazía francas para cuantos quisiessen aprovecharse dellas. Por esto Cratino le llamó divino hombre y liberalíssimo con huéspedes. Critias Tirano desseava para sí las riquezas de los Escopades, las victorias de Agesilao y la liberalidad de los huéspedes de Cimón. Dízelo Sabélico, libro séptimo.

[2] Por temor de una guerra que tenían los atenienses fueles forçado echar de la ciudad todas las mugeres y niños, como inútiles para defenderla de los ene- migos | y dañosas porque gastavan la provisión estando cercados. Recibiéronlas los troezenios, que era señoría de por sí, y hiziéronles buen hospedaje, dándoles sustento a costa de la república. Y pregonaron que los niños anduviessen libres por toda la ciudad y que pudiessen tomar libremente, dondequiera que lo hallassen, cualquiera cosa de comer. Es de Sabélico, libro séptimo.

[3] En la guerra civil entre romanos, en tiempo de Mario, aviendo sido muertos el padre y un hermano de Marco Craso, él huyó a España y se escondió en una cueva, adonde no sólo le tuvo encubierto Julio Paciano Español, sino que le dio de comer regaladamente todo el tiempo que allí estuvo. Dízelo Sabélico.

Fin del Discurso de Hospitalidad. |


El © de la versión electrónica corresponde a Parnaseo (http://parnaseo.uv.es/Lemir.htm). La edición electrónica ha sido realizada por José Arangües de la Universidad de Zaragoza (España) 18/9/1997. Por permiso especial está presente en la BEC.

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