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5.2. Las amenazas de la cultura de muerte

El documento de Santo Domingo se detiene en las amenazas que se ciernen contra la familia en el continente por el influjo de lo que califica, siguiendo al Papa Juan Pablo II, de una cultura o anticultura de muerte[50]. Se acoge en el documento dominicano la expresión que el Santo Padre utilizó en su Discurso inaugural: anticultura de muerte[51], sin dejar de usar la expresión más difundida: cultura de muerte[52]; se destacan así las características antihumanas y antivida de esta cultura o pseudocultura.

Frente a la cultura de muerte hay que edificar la cultura de la vida[53]. En el apartado sobre la familia y la vida se hacen importantes afirmaciones sobre la cultura de muerte y sus características antihumanas[54]. Esto no es un asunto secundario. El hecho de haber explicitado la estrecha vinculación de la familia con la vida lleva a colocar a la familia en el corazón mismo de la argumentación en favor de una cultura de la vida. «Nos desafía la cultura de la muerte --dice el documento--. Con tristeza humana y preocupación cristiana somos testigos de las campañas antivida, que se difunden en América Latina y en el Caribe perturbando la mentalidad de nuestro pueblo con una cultura de muerte»[55]. Se denuncia con términos enérgicos la amenaza de la anticultura de la muerte[56].

Tenemos aquí una interesante clave de aproximación al misterio de la familia. Para comprender a cabalidad lo que es el sentido de la vocación al matrimonio y a la vida en familia es necesario aproximarse desde el horizonte de la cultura. Al hacerlo así se está poniendo en el lugar central al ser humano y el ámbito en el que éste debe desarrollarse. Al ser la cultura el ámbito dinámico donde el ser humano vive, la morada del hombre, como se ha dicho, no se puede hablar de la familia sin hablar de la cultura. Por eso el Papa Juan Pablo II en su encíclica Centesimus annus afirmó: «Contra la llamada cultura de la muerte, la familia constituye la sede de la cultura de la vida»[57].

Santo Domingo al presentar las amenazas a la familia desde la cultura de muerte se inscribe claramente dentro de esta perspectiva. Frente a esta cultura de la muerte hay que afirmar la cultura de la vida.

[50] El origen de estas expresiones culturales antihumanas está en el pecado (ver Santo Domingo, 9).

[51] Ver Juan Pablo II, Discurso inaugural, Santo Domingo, 12/10/1992, 18. El documento usa la expresión en el n. 219.

[52] El documento habla de cultura o anticultura de muerte en: Santo Domingo, Mensaje, 40; Santo Domingo, 9, 26, 219, 235.

[53] Ver Santo Domingo, 116.

[54] Ver Santo Domingo, 219.

[55] Lug. cit.

[56] Hay algunas situaciones en relación a la familia y la vida, generadas por la cultura de muerte, que merecen una atención especial en el documento. Se trata de los casos de los niños abandonados, las madres solteras, las familias miserables y los desprotegidos como son los enfermos y los ancianos.

[57] Centesimus annus, 39.


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