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La Soberbia[15]


Capítulo XVII

La soberbia es un tumor del alma lleno de pus. Si madura, explotará, emanando un horrible hedor

. El resplandor del relámpago anuncia el fragor del trueno y la presencia de la vanagloria anuncia la soberbia.

El alma del soberbio alcanza grandes alturas y desde allí cae al abismo.

Se enferma de soberbia el apóstata de Dios cuando adjudica a sus propias capacidades las cosas bien logradas.

Como aquel que trepa en una telaraña se precipita, así cae aquel que se apoya en sus propias capacidades.

Una abundancia de frutos doblega las ramas del árbol y una abundancia de virtudes humilla la mente del hombre.

El fruto marchito es inútil para el labrador y la virtud del soberbia no es acepta a Dios.

El palo sostiene el ramo cargado de frutos y el temor de Dios el alma virtuosa. Como el peso de los frutos parte el ramo, así la soberbia abate al alma virtuosa.

No entregues tu alma a la soberbia y no tendrás fantasías terribles. El alma del soberbio es abandonada por Dios y se convierte en objeto de maligna alegría de los demonios. De noche se imagina manadas de bestias que lo asaltan y de día se ve alterado por pensamientos de vileza. Cuando duerme, fácilmente se sobresalta y cuando vela los asusta la sombra de un pájaro. El susurrar de las copas de los árboles aterroriza al soberbio y el sonido del agua destroza su alma. Aquel que efectivamente se ha opuesto a Dios rechazando su ayuda, se ve después asustado por vulgares fantasmas.

Capítulo XVIII

La soberbia precipitó al arcángel del cielo y como un rayo los hizo estrellarse sobre la tierra.

La humildad en cambio conduce al hombre hacia el cielo y lo prepara para formar parte del coro de los ángeles.

¿De qué te enorgulleces oh hombre, cuando por naturaleza eres barro y podredumbre y por qué te elevas sobre las nubes?

Contempla tu naturaleza porque eres tierra y ceniza y dentro de poco volverás al polvo, ahora soberbio y dentro de poco gusano.

¿Para qué elevas la cabeza que dentro de poco se marchitará?

Grande es el hombre socorrido por Dios; una vez abandonado reconoció la debilidad de la naturaleza. No posees nada que no hayas recibido de Dios, no desprecies, por tanto, al Creador.

Dios te socorre, no rechaces al benefactor. Haz llegado a la cumbre de tu condición, pero él te ha guiado; haz actuado rectamente según la virtud y él te ha conducido. Glorifica a quien te ha elevado para permanecer seguro en las alturas; reconoce a aquel que tiene tus mismos orígenes porque la sustancia es la misma y no rechaces por jactancia esta parentela.

Capítulo XIX

Humilde y moderado es aquel que reconoce esta parentela; pero el creador[16] lo creó tanto a él como al soberbio.

No desprecies al humilde: efectivamente él está más al seguro que tú: camina sobre la tierra y no se precipita; pero aquel que se eleva más alto, si cae, se destrozará.

El monje soberbio es como un árbol sin raíces y no soporta el ímpetu del viento.

Una mente sin jactancia es como una ciudadela bien fortificada y quien la habita será incapturable.

Un soplo revuelve la pelusa y el insulto lleva al soberbio a la locura.

Una burbuja reventada desaparece y la memoria del soberbio perece.

La palabra del humilde endulza el alma, mientras que la del soberbio está llena de jactancia.

Dios se dobla ante la oración del humilde, en cambio se exaspera con la súplica del soberbio.

La humildad es la corona de la casa y mantiene seguro al que entra.

Cuando te eleves a la cumbre de la virtud tendrás necesidad de mucha seguridad. Aquel que efectivamente cae al pavimento rápidamente se reincorpora, pero quien se precipita de grandes alturas, corre riesgo de muerte.

La piedra preciosa se luce en el brazalete de oro y la humildad humana resplandece de muchas virtudes.

[15] El término Hyperephanía proviene del superlativo hypér y phaíno, "lo que aparece": aquello que aparece como más de lo que es, arrogancia, altanería.

[16] Evagrio utiliza el término Demioyrgós, que en la tradición griega equivalía al trabajador manual o a la divinidad que creaba el mundo a partir de una materia preexistente. Parece ser que acá lo quiere utilizar en el sentido de Dios creador, aunque esta acepción no queda totalmente clara.


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