<< >> Título Contenidos


I. LA ESCUELA CATÓLICA Y LA MISIÓN SALVÍFICADE LA IGLESIA


Misión salvífica de la Iglesia

5. Dios Padre en su misterioso designio de amor, llegada la plenitud de los tiempos envió a su Hijo Unigénito a inaugurar en la tierra el Reino de Dios y a realizar la obra de la redención de los hombres. Para continuar su obra de salvación, Cristo ha instituido la Iglesia como organismo visible vivificado por el Espíritu.

6. Movida por este Espíritu, la Iglesia profundiza continuamente en la conciencia de sí misma meditando sobre el misterio de su ser y de su misión.[2] Renueva así el descubrimiento de su relación vital con Cristo «para encontrar mayor luz, nueva energía y mayor gozo en el cumplimiento de su propria misión, y para determinar los modos más aptos para hacer más cercanos, operantes y benéficos sus contactos con la humanidad, a la que ella pertenece, aunque distinguiéndose por caracteres propios inconfundibles»,[3] y a cuyo servicio está destinada para que la humanidad alcance su plenitud en Cristo.

7. La misión de la Iglesia es, pues, evangelizar; es decir, proclamar a todos el gozoso anuncio de la salvación, engendrar con el bautismo nuevas creaturas en Cristo y de educarlas para que vivan conscientemente como hijos de Dios.

Medios al servicio de la misión salvífica de la Iglesia

8. Para llevar a cabo su misión salvífica, la Iglesia se sirve principalmente de los medios que Jesucristo mismo le ha confiado, sin omitir otros que, en las diversas épocas y en las varias culturas, sean aptos para conseguir su fin sobrenatural y para promover el desarrollo de la persona. Es deber esencial de la Iglesia desarrollar su misión adaptando los medios a las cambiantes condiciones de los tiempos y a las nuevas necesidades del género humano.[4] Al encontrarse con diversas culturas y frente a las continuas conquistas de la humanidad, la Iglesia, a través del anuncio de la fe, revela «al hombre de todos los tiempos el único fin trascendente que da a la vida un sentido más pleno».[5] Para llevar a término esta misión, la Iglesia crea sus propias escuelas, porque reconoce en la escuela un medio privilegiado para la formación integral del hombre, en cuanto que ella es un centro donde se elabora y se trasmite una concepción específica del mundo, del hombre y de la historia.

Contribución de la Escuela Católica a la misión salvífica de la Iglesia

9. La Escuela Católica entra de lleno en la misión salvífica de la Iglesia y particularmente en la exigencia de la educación a la fe. Sabiendo que «la conciencia psicológica y moral son llamadas por Cristo a una simultánea plenitud como condición para que el hombre reciba convenientemente los dones divinos de la verdad y de la gracia»,[6] la Iglesia se siente comprometida a promover en sus hijos la plena conciencia de que han sido regenerados a una vida nueva.[7] El proyecto educativo de la Escuela Católica se define precisamente por su referencia explícita al Evangelio de Jesucristo, con el intento de arraigarlo en la conciencia y en la vida de los jóvenes, teniendo en cuenta los condicionamientos culturales de hoy.

Compromiso educativo de la Iglesia y pluralismo cultural

10. En el curso de los siglos, la Iglesia buscando «incesantemente la plenitud de la verdad divina»,[8] se ha acercado progresivamente a las fuentes y a los medios de la cultura para adquirir un conocimiento cada vez más profundo de la fe y un fructuoso diálogo con el mundo. Movida por la fe, que la impulsa a creer que quien la conduce es el Espíritu del Señor, la Iglesia intenta discernir en los acontecimientos, en las búsquedas y en las aspiraciones de nuestro tiempo[9] cuáles son las llamadas más urgentes a las que debe responder para realizar el designio de Dios.

11. En la sociedad actual, caracterizada entre otras manifestaciones, por el pluralismo cultural, la Iglesia capta la necesidad urgente de garantizar la presencia del pensamiento cristiano; puesto que éste, en el caos de las concepciones y de los comportamientos, constituye un criterio válido de discernimiento: «la referencia a Jesucristo enseña de hecho a discernir los valores que hacen al hombre, y los contravalores que lo degradan».[10]

12. El pluralismo cultural invita, pues, a la Iglesia a reforzar su empeño educativo para formar personalidades fuertes, capaces de resistir al relativismo debilitante, y de vivir coherentemente las exigencias del propio bautismo. Además, la apremia a promover auténticas comunidades cristianas que, precisamente, en virtud de su proprio cristianismo, vivo y operante, puedan dar en espíritu de diálogo, una contribución original y positiva a la edificación de la ciudad terrena y, con tal fin, la estimula a potenciar sus recursos educativos. Estas mismas finalidades se imponen a la Iglesia frente a otros elementos característicos de la cultura contemporánea, como el materialismo, el pragmatismo y el tecnicismo.

13. Para garantizar estos objetivos, como respuesta al pluralismo cultural, la Iglesia sostiene el principio del pluralismo escolar, es decir, la coexistencia y --en cuanto sea posible-- la cooperación de las diversas instituciones escolares, que permitan a los jóvenes formarse criterios de valoración fundados en una específica concepción del mundo, prepararse a participar activamente en la construcción de una comunidad y, por medio de ella, en la construcción de la sociedad.

14. Dentro de este panorama corresponde a la Escuela Católica un puesto proprio en la organización escolar de las diversas naciones, teniendo en cuenta las modalidades y posibilidades que se presentan en las diversos contextos ambientales. Por medio de esta alternativa la Iglesia trata de responder a las exigencias de cooperación que se manifiestan hoy en un mundo caracterizado por el pluralismo cultural. Contribuye así a promover la libertad de enseñanza y, por consiguiente, a sostener y a garantizar la libertad de conciencia y el derecho de los padres de familia a escoger la escuela que mejor responda a su propria concepción educativa.[11]

15. Por último, la Iglesia está plenamente convencida de que la Escuela Católica, al ofrecer su proyecto educativo a los hombres de nuestro tiempo, cumple una tarea eclesial, insustituible y urgente. En ella, de hecho, la Iglesia participa en el diálogo cultural con su aportación original en favor del verdadero progreso y de la formación integral del hombre. La desaparición de la Escuela Catolica constituiría una pérdida inmensa[12] para la civilización, para el hombre y para su destino natural y sobrenatural.

[2] Cf. PAULO VI, Carta Encíclica «Ecclesiam Suam», 7.

[3] Ibid. 13.

[4] Cf. CONCILIO VATICANO II, Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo «Gaudium et Spes», 4.

[5] PAULO VI, Alocución a Su Emma. el Señor Cardenal Gabriel-María Garrone, 27 de noviembre de 1972.

[6] PAULO VI, Carta Encíclica «Ecclesiam Suam», 15.

[7] Cf. CONCILIO VATICANO II, Declaración sobre la Educación Cristiana «Gravissimum Educationis», 3.

[8] CONCILIO VATICANO II, Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación «Dei Verbum», 8.

[9] Cf. CONCILIO VATICANO II, Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo «Gaudium et Spes», 11.

[10] PAULO VI, Alocución al IX Congreso de la O.I.E.C., en «L'Osservatore Romano», 9 de junio de 1974.

[11] Cf. CONCILIO VATICANO II, Declaración sobre la Educación Cristiana «Gravissimum Educationis», 8.

[12] Cf. PAULO VI, Alocución al IX Congreso de la O.I.E.C., en «L'Osservatore Romano», 9 de junio de 1974.


<< >> Título Contenidos

La versión electrónica de este documento ha sido realizada por VE Multimedios. Derechos reservados (©) VE Multimedios™.

El texto en versión electrónica puede ser reproducido sin modificación alguna y manteniendo la integridad de su sentido, siempre que se mencione que ha sido realizado por VE Multimedios™.