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Capitulo IX:
Escalon nono, de la memoria de las injurias

Con mucha razon se compáran las virtudes aquella escalera que vio Jacob[87]; y los vicios con aquella cadena que cayó de las manos de San Pedro[88]. Pues las virtudes enlazadas la una con la otra ( por razon de una casualidad y consequencia natural que tienen entre sí) hacen una perfecta escalera que nos sube hasta el cielo; mas los vicios trabados entre sí como eslabones, por esta misma orden y consequencia que ay en ellos, hacen una espiritual cadena que tiene los hombres presos en el peccado, y los lleva hasta el infierno. Por lo qual aviendo ya declarado como el furor tiene por hija la memoria de las injurias, es razon que tratemos agora della.

Memoria de las injurias es accrescentamiento del furor, guarda de los peccados, odio de la justicia, destruccion de las virtudes, veneno del anima, gusano que siempre muerde, confusion de la oracion, perdimiento de la charidad, clavo hincado en el corazon, dolor agudo, amargura voluntaria, peccado perpetuo, maldad que nunca duerme, y malicia que todas las horas se comete. Este escuro y molestissimo vicio es de la orden de los que engendran otros vicios, y son engendrados de otros (como ya diximos) y por esso traterémos mas brevemente dél.

El que desterró de su anima la ira, desterró tambien la memoria de las injurias, que procede della; mas si el padre estuviere vivo, nunca dexará de engendrar tales hijos. Por otra pasrte el que conservare la charidad desterrará la ira; mas el que quisiere sustentar enemistades, muy grandes trabajos nos obliga. La mesa y combite caritativamente offrescido muchas veces reconcilió los desavenidos; y las dádivas y presentes ablandan el corazon. La mesa curisamente aparejada sirve para grangear amistad; mas muchas veces por la ventana de la charidad se entró la hartura del viente; por lo qual de tal manera avemos de procurar los bienes, que no abramos la puerta para los males.

Noté una vez que la passion del odio fue bastante para apartar unos que estaban amancebados de muchos dias; de manera que la memoria de las injurias (fuera de todo lo que se podia esperar) quebró este tan fuerte vinculo de la fornicacion; y maravilléme de vér como un demonio curaba otro demonio: aunque esto mas fue por dispensacion de Dios (que por todas las vias encamina nuestro bien) que por obra del demonio.

Muy lexos está la memoria de las injurias del grande, y verdadero, y natural amor; mas no lo está la fornicacion; porque muchas veces este amor (aunque limpio) viene degenerar y desvarar en amor no limpio. Y por esso quando la condicion de las personas es sospechosa, siempre se sede el hombre zelar aun deste amor; porque muchas veces desta manera se caza la paloma, quando el amor sencillo y natural viene hacerse sensual.

A quien muerde la memoria de las injurias, acuerdese de las que el demonio le ha hecho, y embravezcase contra él; y el que quiere travar enemistades, tavelas con su cuerpo, que es un enemigo falso y engañoso, y mientras más se regala, mas nos daña. Suelen los que tienen memoria de las injurias favorescerse con la autoridad de las escripturas, torciendolas à su sentido, y pretendiendo con ellas socolor de zelo deffender su mal proposito. Baste para confundir à estos la oracion que el Salvador nos enseñó[89] ; la qual no podremos decir si tuvieremos memoria de las injurias.

Si despues de mucho trabajo no pudieres del todo desterrar esta passion de tu animo, à lo menos trabaja con las palabras y con el rostro por mostrar à tu enemigo que te pesa de lo hecho; para que siquiera por aver tenido esta manera de dissimulacion con él, ayas verguenza de no tenerle el amor que le debes; accusandote y remordiendote con esto la propia conciencia.

Y entonces te has de tener por libre dessa enfermedad, no quando rogares por tu enemigo, no quando le ofrescieres dádivas y presentes, no quando le traxeres à comer à tu mesa; sino quando viendole en alguna calamidad espiritual ò corporal, assi te compadezcas dél, y assi la sientas, como si tu mismo la padeciesses.

El Monje solitario que dentro de su anima guarda la memoria de las injurias, es como un basilisco que está dentro de su cueva, el qual doquiera que vá lleva consigo su ponzoña. Gran remedio es para desterrar esta memoria, la memoria de los dolores de Jesus, quando el hombre considerando aquella tan grande clemencia y paciencia, ha verguenza de verse tal. En el madero podrido se engendran gusanos: y muchas vezes en los hombres que parescen mansos y amadores de una falsa quietud, está encerrada la ira. El que esta memoria desterró de sí, alcanzará perdón; mas el que la retiene y sustenta, indigno se hace de la divina misericordia. Muy buen medio es el trabajo y la aspereza de la vida para alcanzar perdon de los peccados; mas mucho mejor es el perdon de las injurias, porque escripto está[90]: Perdonad, y sereis perdonados.

Por donde uno de los grandes argumentos è indicios de la verdadera penitencia es el olvido de las injurias: mas el que guardando las enemistades piensa que hace penitencia, semejante es à aquel que estando durmiendo sueña que corre. Alguna vez me aconteció ver à unos que saludablemente exortaban à otros al perdon de las injurias; y teniendo ellos tambien que perdonar; de tal manera se movieron y avergonzaron con sus mismas palabras, que vinieron à perdonar y à curar su propia enfermedad con el remedio de la agena. Ninguno tenga esta ciega passion por simple y pequeño vicio; porque muchas vezes llega à alterar a los espirituales varones.

[87]Genes. 28

[88]Act. 12

[89]Matth. 6

[90]Luc. 6


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