<< >> Up Título Contenidos


V. Un ejemplo

Es de noche y veo que en la cima de una montaña se enciende un fuego; a poco rato de arder noto que en la montaña opuesta asoma una luz, brilla por breve tiempo y desaparece. Ésta ha salido después de encendido el fuego en la parte opuesta; pero de aquí no puedo inferir que haya entre los dos hechos relación alguna. Al día siguiente veo otra vez que se enciende el fuego en el mismo lugar y que del mismo modo se presenta la luz. La coincidencia en que ayer no me había parado siquiera ya me llama la atención hoy; pero esto podrá ser una casualidad, y no pienso más en ello. Al otro día acontece lo mismo; crece la sospecha de que sea una señal convenida. Durante un mes se verifica lo propio; la hora es siempre la misma, pero nunca falta la aparición de la luz a poco de arder el fuego; entonces ya no me cabe duda de que un hecho es dependiente del otro o, por lo menos, hay entre ellos alguna relación; y ya no me falta sino averiguar en qué consiste una novedad que no acierto a comprender.

En semejantes casos el secreto para descubrir la verdad y prevenir los juicios infundados consiste en atender a todas las circunstancias del hecho, sin descuidar ninguna, por despreciable que parezca. Así, en el ejemplo anterior, supuesto que a poco de encendido el fuego se presentaba la luz, diríase, a primera vista, que no es necesario pararse en la hora de la noche y ni tampoco en si esta hora variaba o no. Mas en la realidad estas circunstancias eran muy importantes, pues según fuese la hora era más o menos probable que se encendiese fuego y apareciese luz, siendo siempre la misma era mucho menos probable que los dos hechos tuviesen relación que si hubiese sido variada. Un imprudente que no reparase en nada de eso alarmaría la comarca con las pretendidas señales; no cabría ya duda de que algunos malhechores se ponen de acuerdo, se explicaría sin dificultad el robo que sucedió tal o cual día, se comprendería lo que significaba un tiro que se oyó por aquella parte, y cuando la autoridad tuviera aviso del malvado complot, cuando recayera ya negra sospecha sobre familias inocentes, he aquí que los exploradores enviados a observar de cerca el misterio podrían volver muy bien riéndose del espanto y del espantador y descifrando el enigma en los términos siguientes: Muy cerca de la cima donde arde el fuego está situada la casa de la familia A, que a la hora de acostarse aposta un vigilante en las cercanías porque tiene noticia de que unos leñadores quieren estropear parte del bosque plantado de nuevo. El centinela siente frío y hace muy bien en encender lumbre sin ánimo de espantar a nadie sino es a los malandrines de segur y cuerda. Como cabalmente aquella es la hora en que suelen acostarse los comarcanos, lo hace también la familia B, que habita en la cumbre de la montaña opuesta. Al sonar el reloj, levanta el dueño los reales de la chimenea, dice a todo el mundo: "Vámonos a dormir", y entre tanto, él sale a un terrado al cual dan varias puertas y empuja por la parte de afuera para probar si los muchachos han cerrado bien. Como el buen hombre va a recogerse, lleva en la mano el candil, y heos aquí la luz misteriosa que salía a una misma hora y desaparecería en breve, coincidiendo con el fuego y haciendo casi pasar por ladrones a quienes sólo trataban de guardarse de ladrones.

¿Qué debía hacer en tal caso un buen pensador? Helo aquí. A poco rato de encendido el fuego aparece la luz, y siempre a una misma hora poco mas o menos, lo que inclina a creer que será una señal convenida. El país está en paz; con que esto debiera de ser inteligencia de malhechores. Pero cabalmente no es probable que lo sea, porque no es regular que escojan siempre un mismo lugar y tiempo, con riesgo de ser notados y descubiertos. Además que la operación sería muy larga durando un mes, y estos negocios suelen redondearse con un golpe de mano. Por aquellas inmediaciones están las casas A y B, familias de buena reputación, que no se habrán metido a encubridores. Parece, pues, que o ha de ser coincidencia puramente casual, o que si hay seña, debe de ser sobre negocio que no teme los ojos de la justicia. La hora del suceso es precisamente la en que se recogen los vecinos de esta tierra; veamos si esto no será que algunos quehaceres obligan a los unos a encender fuego y a los otros a sacar la luz.


<< >> Up Título Contenidos

La versión electrónica de este documento ha sido realizada por VE Multimedios. Derechos reservados (©) VE Multimedios™.
El texto en versión electrónica puede ser reproducido sin modificación alguna y manteniendo la integridad de su sentido, siempre que se mencione que ha sido realizado por VE Multimedios™.