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XI. Inhabilidad de dicho hombre para los negocios

No hay peores hombres para lo negocios; desgraciado el asunto en que ellos ponen la mano, y desgraciados muchas veces ellos mismos si en sus cosas se hallan abandonados a su propia y exclusiva dirección. Las principales dotes de un buen entendimiento práctico son la madurez del juicio, el buen sentido, el tacto, y estas cualidades les faltan a ellos. Cuando se trata de llegar a la realidad es preciso no fijarse sólo en las ideas, sino pensar en los objetos; y esos hombres se olvidan casi siempre de los objetos y sólo se ocupan de sus ideas. En la práctica es necesario pensar, no en lo que las cosas debieran o pudieran ser, sino en lo que son; y ellos suelen pararse menos en lo que son que en lo que pudieran o debieran ser.

Cuando un hombre de entendimiento claro y de juicio recto se encuentra tratando un asunto con uno que adolezca con los defectos que acabo de describir, se halla en la mayor perplejidad. Lo que aquél ve claro, éste lo encuentra obscuro; lo que el primero consideraba fuera de duda, el segundo lo mira como muy disputable. El juicioso plantea la cuestión de un modo que le parece muy natural y sencillo; el caviloso la mira de una mira diferente; diríase que son dos hombres de los cuales el uno padece una especie de estrabismo intelectual, que desconcierta y confunde al que ve y mira bien.


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