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IV. Ejemplo sacado de las fisonomías, que aclara lo dicho sobre el modo de adelantar en la filosofía de la historia

Si el lector se contenta con lo que dicen los otros y no trata de examinarlo por sí mismo, logrará tal vez un conocimiento histórico, pero no intuitivo; sabrá lo que son los hombres y las cosas, pero no lo verá; dará razón de la cosa, pero no será capaz de pintarla. Una comparación aclarará mi pensamiento. Supongamos que se me habla de un sujeto importante que no puedo tratar ni ver, y, curioso de saber yo algo de su figura y modales, pregunto a los que le conocen personalmente. Me dirán, por ejemplo, que es de estatura más que mediana, de espaciosa y despejada frente, cabello negro y caído con cierto desorden, ojos grandes, mirada viva y penetrante, color pálido, facciones animadas y expresivas; que en sus labios asoma con frecuencia la sonrisa de la amabilidad, y que de vez en cuando anuncia algo de maligno; que su palabra es mesurada y grave, pero que con el calor de la conversación se hace rápida, incisiva y hasta fogosa; y así me irán ofreciendo un conjunto físico y moral para darme la idea más aproximada posible; si supongo que estas y otras noticias son exactas, que se me ha descrito con toda fidelidad el original, tengo una idea de lo que es la persona que llamaba mi curiosidad y podré dar cuenta de ella a quien como yo estuviese deseoso de conocerla. Pero ¿es esto bastante para formar un concepto cabal de la misma, para que se me presente a la imaginación tal como es en sí? Ciertamente que no. ¿Queréis una prueba? Suponed que el que ha oído la relación es un retratista de mucho mérito: ¿será capaz de retratar a la persona descrita? Que lo intente, y, concluida la obra, preséntese de improviso el original; es bien seguro que no se le conocerá por la copia.

Todos habremos experimentado por nosotros mismos esta verdad; cien y cien veces habremos oído explicar la fisonomía de una persona; a nuestro modo nos hemos formado en la imaginación una figura, en la cual hemos procurado reunir las cualidades oídas; pues bien: cuando se presenta la persona encontramos tanta diferencia que nos es preciso retocar mucho el trabajo, si no destruirlo totalmente. Y es que hay cosas de que es imposible formarse idea clara y exacta sin tenerlas delante, y las hay en gran número y suma-mente delicadas, imperceptibles por separado, y cuyo conjunto forma lo que llamamos la fisonomía. ¿Cómo explicaréis la diferencia de dos personas muy semejantes? No de otra manera que viéndolas: se parecen en todo, no sabríais decir en qué discrepan; pero hay

alguna cosa que no las deja confundir: a la primera ojeada lo percibís, sin atinar lo que es.

He aquí todo mi pensamiento. En las obras críticas se nos ofrecen extensas y tal vez exactas descripciones del estado del entendimiento en tal o cual época, y a pesar de todo no la conocemos aún; si se nos presentasen trozos de escritores de tiempos diferentes, no acertaríamos a clasificarlos cual conviene; nos fatigaríamos en recordar las cualidades de unos y otros, pero esto no nos evitaría el caer en equivocaciones groseras, en disparatados anacronismos. Con mucho menos trabajo saliéramos airosos del empeño si hubiésemos leído los autores de que se trata; quizá no disertaríamos con tanto aparato de erudición y crítica, pero juzgaríamos con harto más acierto.

-- El giro del pensamiento -- diríamos --, el estilo, el lenguaje, revelan un escritor de tal época; este trozo es apócrifo: aquí se descubre la mano de tal otro tiempo.

-- Y andaríamos clasificando sin temor de equivocarnos, por más que no pudiésemos hacernos comprender bien de aquellos que, como nosotros, no conociesen de vista aquellos personajes.

Si entonces se nos dijera:

-- Y tal cualidad ¿cómo es que no se encuentra aquí? ¿Por qué tal otra se halla en mayor grado? ¿Por qué...?

-- Imposible será -- replicaríamos quizá nosotros -- satisfacer todos los escrúpulos de usted; lo que puedo asegurar es que los personajes que figuran aquí los tengo bien conocidos, y que no puedo equivocarme sobre los rasgos de su fisonomía porque los he visto muchas veces[20].

[20] La filosofía de la historia, si bien ha adelantado algo en los últimos tiempos, es, sin embargo, una ciencia muy atrasada. Probablemente sufrirá modificaciones no menos profundas que otra ciencia también nueva: la economía política. Para los católicos hay en esta clase de estudios el grave inconveniente de que varias de las obras principales que en esta materia se han escrito, han salido de manos de protestantes, o escépticos; así es que se las encuentra llenas de errores y equivocaciones en lo concerniente a la Iglesia. Verdad es que últimamente en Inglaterra, en Francia y en Alemania, se está rehaciendo la historia en un sentido favorable al catolicismo; pero ésta es una mina riquísima, de la cual no se ha explotado más que una pequeña parte. Los tesoros abundan; sólo se necesita trabajo.


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