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Conclusión

Queridos jóvenes, sois los testigos de la Buena Nueva del Señor en vuestros países y en América Latina. Tenéis grandes riquezas espirituales para compartir con vuestros hermanos. Cristo os llama a seguirlo para encontrar la felicidad y construir con vuestros hermanos una sociedad de justicia y de paz. Os llama a resucitar en otros jóvenes la visión sobre la vida.

Seréis verdaderos constructores de la Iglesia, templo espiritual[12], si lleváis la buena nueva a todas las naciones; si entabláis diálogo con vuestros hermanos de diferentes orígenes y culturas; si acogéis a los heridos de la vida, a los pobres, a los enfermos, a los minusválidos y a los prisioneros; y si acogéis también a los representantes de las diversas clases, de cualquier parte del mundo que vengan.

Poned al servicio de todos vuestros hermanos vuestro dinamismo y vuestra alegría de vivir vuestra generosidad, vuestro ardor, para continuar construyendo la Iglesia desde la vuestra testimonio de vida, haciendo progresar de esta manera toda la sociedad. Que la oración de todos os dé la fuerza para ser discípulos de Cristo y constructores de nueva humanidad.

Cristo es nuestra esperanza, es nuestra alegría. Durante los días siguientes, abrid vuestro corazón y vuestra mente a Cristo. Formáis parte de la Iglesia que os quiere revelar el camino de la salvación y la vía de la felicidad. Os invito a dejaros guiar por el Señor y a caminar con él. Que vuestra vida cristiana sea un "acostumbrarse" progresivo a la vida con Dios, según la hermosa expresión de san Ireneo, para que seáis misioneros del Evangelio.

Que este Primer Encuentro de Jóvenes Pro-Vida del Mercosur sea para vosotros una invitación a acoger a Cristo y convertiros cada vez más en sus discípulos.

Mucho me alegra saber que con el Pontificio Consilio para la Familia podemos, desde y en la Iglesia, llevar esta hermosa lucha, en profunda unidad y convergencia.

Durante estos días, de manera especial, pediré a Dios que, con el poder de su Espíritu, reavive constantemente en vosotros el deseo de encontraros con Cristo y que os dé la valentía de defender la vida, la familia y grandes valores, siguendolo a donde os guíe.

Que la bendición de Dios os acompañe a vosotros y a los jóvenes de vuestra edad que no han podido venir aquí.

El Señor de la vida, que ha muerto y Reina vivo, os bendiga.

[12] cf. Lumen gentium, 6


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