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4. PERSPECTIVAS PARA EL FUTURO Y COMPROMISO DE LOS CRISTIANOS

A tratar el tema de la Iglesia y de su compromiso a favor de los derechos humanos en la nueva Europa se detuvo también la Segunda Asamblea Especial para Europa del Sínodo de los Obispos, que tuvo lugar en Roma del 1º al 23 de octubre de este año. En esta última parte de mi intervención me detendré brevemente en el aporte sinodal a nuestro tema: es un aporte que se sitúa al interior y como aspecto particular de un Sínodo que ha tenido como "centro" de oración y de reflexión a "Jesucristo viviente en su Iglesia, fuente de esperanza para Europa". Como se ve, nos movemos clara y rigurosamente en la perspectiva de la evangelización de Europa, y con un consciente y voluntario acento en la esperanza, como resalta en el Mensaje final del Sínodo. Los Obispos dicen: "con la alegría y la autoridad de quien sabe hablar en nombre de Cristo el Señor que nos ha mandado, nos hacemos embajadores y testigos para toda Europa del "Evangelio de la esperanza". La palabra que San Pedro ha dirigido a los primeros cristianos, nosotros la decimos a vosotros. `No les tengáis miedo ni os turbéis. Al contrario, dad culto al Señor, Cristo, en vuestros corazones, siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza.' (1Pe 3,14-15)... Y con vosotros, a nuestra Europa --que habitamos con amor y que vemos tan sedienta de una esperanza que está en riesgo constante de perderse-- repetimos cuanto nos ha dicho el Papa Juan Pablo II al inicio de los trabajo sinodales: `Con la autoridad que le viene de su Señor, la Iglesia repite al hombre de hoy: Europa del Tercer Milenio `no dejes que se te caigan los brazos' (Sof 3,16); no cedas al desaliento, no te resignes a los modos de pensar y de vivir que no tienen futuro, porque no se apoyan en la firme certeza de la Palabra de Dios" (nn. 1-2).

De los trabajos del Sínodo poseemos los Lineamenta preparatorios, el amplio y valioso Instrumentum laboris, las relaciones de las intervenciones tanto de cada Obispo como de los Obispos reunidos en los "trabajos de grupo" (circoli minores), como fueron referidos oficialmente por L'Osservatore Romano, y el Mensaje final (nuntius) con el título "Testimoniamos con alegría el `Evangelio de la Esperanza' en Europa". Las Proposiciones, en cambio, fueron enviadas al Santo Padre con la invitación-pedido de ofrecer a la Iglesia en Europa una exhortación apostólica post-sinodal, así como lo hizo con los demás Sínodos continentales de los últimos años. Nosotros nos referimos particularmente al Mensaje final para tomar de él elementos que se refieren directamente a la Iglesia y a su compromiso con los derechos del hombre en Europa. Como hemos ya dicho, el acento se pone en la esperanza. No se trata de ninguna manera de una esperanza ingenua, porque se conjuga con un profundo realismo al mirar la actual situación de Europa, de esta compleja realidad geográfica, pero sobre todo histórica y cultural. Escriben: "Ante nosotros se presentan situaciones dramáticas e inquietantes que manifiestan la obra del espíritu del mal y de cuantos lo siguen. ¿Cómo olvidar todas las formas de violación de los derechos fundamentales de las personas, de las minorías, de los pueblos --en particular la `limpieza étnica' y el impedimento a los prófugos de regresar a sus casas-- con el enorme peso de injusticias, violencia, muerte que abruman este siglo, llegado ya al atardecer?" (n. 6) Pero la intención fundamental que mueve a los Obispos es la de individuar y potenciar los fenómenos y las razones que abren a la esperanza. En una semejante perspectiva, los Obispos escriben: "Constatamos con alegría la creciente apertura de los pueblos, unos a los otros, la reconciliación entre las naciones que por largo tiempo han sido hostiles o enemigas, la expansión progresiva del proceso unitario de los Países del Este europeo. Se están adelantando reconocimientos, colaboraciones, intercambios de todo tipo, de modo que poco a poco se crea una cultura, o incluso una conciencia europea..." (n. 6).

Los Obispos abren aquí el discurso más específico sobre los derechos del hombre diciendo: "Saludamos con satisfacción lo que se ha hecho para precisar las condiciones y modalidades del respeto de los derechos humanos. En el contexto... de la legítima y necesaria unidad económica y política en Europa, mientras anotamos lo signos de esperanza ofrecidos por la consideración que se da al derecho y a la calidad de vida, hacemos vivos votos para que, en fidelidad creativa a la tradición humanista y cristiana de nuestro Continente, se garantice el primado de los valores éticos y espirituales. Es un deseo el nuestro que nace de la convicción firme de que no hay unidad verdadera y fecunda para Europa si ésta no es construida sobre fundamentos espirituales!" (n. 6)

En el Mensaje de los Obispos resuenan particularmente estimulantes algunos llamados: "El amor sincero que, como Pastores, tenemos por Europa, nos mueve a dirigir con confianza apelaciones a cuantos --sobre todo a nivel institucional, político y cultural-- tienen una responsabilidad específica en la suerte de nuestro Continente: - no calléis, sino alzad la voz cuando son violados los derechos humanos de los individuos, de las minorías, de los pueblos, comenzando por el derecho a la libertad religiosa; - reservad la más grande atención a todo lo que se refiere a la vida humana desde su concepción hasta la muerte natural y la familia fundada sobre el matrimonio: éstas son las bases sobre las que se apoya la común casa europea; - proseguid, con valor y urgencia, el proceso de integración europea extendiendo los círculos de los pueblos miembros de la Unión, valorando en sapiente armonía las diversidades históricas y culturales de las naciones, asegurando la globalidad y la unidad de los valores que son propios de Europa en sentido humano y cultural; - afrontad, según la justicia y la equidad y con sentido de gran solidaridad, el creciente fenómeno de las migraciones, haciendo de ellas nuevo recurso para el futuro europeo: - haced todo esfuerzo para que a los jóvenes se garantice un futuro verdaderamente humano con trabajo, cultura, educación en los valores morales y espirituales; - abrid las puertas de Europa a todos los países del mundo trabajando siempre, en el contexto actual de globalización, en formas de cooperación no sólo económica sino también cultural y social; y acoged el llamado que, junto al Santo Padre, os renovamos, a condonar o al menos reducir la deuda internacional de los Países en vía de desarrollo, como han hecho ya algunos países" (n. 6).

Todo esto, concluyen los Padres sinodales, en la perspectiva de futuro y de la nueva Europa: "Cumpliendo esta y otras responsabilidades, las raíces cristianas de nuestra Europa y su rica tradición humanista podrán encontrar nuevas formas de expresión para el verdadero bien de la persona y de la sociedad" (n. 6).

Deseo concluir en términos aún más concretos y comprometedores, es decir, de responsabilidad personal. En realidad, la perspectiva de la Iglesia y de su compromiso a favor de los derechos humanos no puede no traducirse en la perspectiva más inmediata y capilar de cada una de las comunidades cristianas, e incluso de los cristianos individuales, en particular de aquellos fieles laicos que tienen la vocación específica de "buscar el Reino de Dios ocupándose de las cosas temporales y ordenándolas según Dios" (Lumen gentium, 31). Justamente a los cristianos laicos, individuales y asociados, se dirigió el Papa en el Mensaje para la 74ª Sesión de las "Semanas Sociales de Francia", el 17 de noviembre de los corrientes, alabando su "deseo de cumplir una obra innovadora para preparar el futuro, sobre todo en Europa". Para después precisar: "En particular, es importante desarrollar una cultura social cuyo centro sea el hombre, como persona y como miembro de un pueblo". Y concluía: "A la vigilia del tercer milenio, los cristianos están llamados a entrar en un nuevo mundo como protagonistas, comprometiéndose a innovar con el fin de promover la justicia y la dignidad del hombre y a construir con todos los hombres de buena voluntad una sociedad que respete a cada ser humano" (L'Osservatore Romano, 27 de noviembre de 1999, p. 5). No es posible ni tampoco necesario, en esta sede, entrar a indicar los contenidos proyectuales y operativos de los cristianos en el orden de los derechos humanos en Europa.

Quizá resulta más interesante y estimulante volver a proponer a cada uno de nosotros el interrogativo presente en el Instrumentum laboris del Sínodo: "Cómo continuar a ser signo, en Europa, de un Dios que sigue buscando al hombre, dispuestos incluso a perder posiciones de rendimiento que pueden hacernos caer en la ilusión de que nuestros países son todavía cristianos, pero firmemente decididos a dar razón de la gran esperanza que hay en nosotros?". Y es aún este texto preparatorio del Sínodo el que nos sugiere una respuesta: "Se trata, en esta línea, de proponer la ecuación fundamental de nuestra fe, por la cual los derechos de Dios son los derechos del hombre y los derechos del hombre son los derechos de Dios. Ello comporta un reconocimiento de la centralidad, en la acción pastoral, de la defensa del hombre, sobre todo de los más débiles y de los más pobres, en una óptica no meramente asistencialista, sino de promoción y de crecimiento de la persona. Este es ciertamente otro signo de esperanza que los cristianos pueden lleva a Europa, como fermento de una sociedad que remite al centro el hombre con sus problemas y sus aspiraciones" (n. 75).


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