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XI.

Por tanto, acusa el Señor con mayor fuerza a los israelitas, mostrándoles con esto haberse hecho dignos de mayor castigo, por haber pecado después de los honores que habían conseguido de Él, diciendo unas veces: [96]"A vosotros solos he reconocido entre todas las naciones de la tierra; por tanto, castigaré sobre vosotros vuestras impiedades". Y otras: [97]"He tomado de vuestros hijos los profetas, y de vuestros jóvenes los consagrados". Y antes de los profetas, queriendo manifestar que reciben mayor pena los pecados cometidos por los sacerdotes, que los que lo son por personas particulares; [98]ordena que el sacrificio que se haya de ofrecer por los sacerdotes fuese igual al que se ofrecía por todo el pueblo.

Ahora, semejante ordenación, es de uno que quiere manifestar que necesitan de mayor remedio las heridas de los sacerdotes, y que este debe ser tan grande, cuanto es el que conviene, o debe aplicarse a las heridas de todo un pueblo. Ahora bien, es cierto que no tendrían mayor necesidad, sino fuesen mucho más graves. Se agravan, pues, más, no por su naturaleza, sino por la dignidad del mismo sacerdote que las comete.

Y qué hablo yo de los hombres, que manejan este ministerio: [99]las hijas de los sacerdotes, a las cuales nada toca el sacerdocio, por la dignidad del Padre, son castigadas más acerbamente por unos mismos pecados; y siendo el pecado igual tanto en éstas, como en las hijas de los particulares, siendo uno y otro pecado de estupro, con todo es más grave la pena en las primeras. Ves tú, cuán superabundantemente te muestra Dios, que toma mucho mayor castigo del sacerdote, que de aquéllos que le están sujetos? porque castigando con mayor rigor que a las otras a la hija por causa del padre, es constante que no pedirá la misma pena que a los otros, sino mucho mayor, al que es causa de que se le aumente el castigo. Y con mucha razón, porque el daño no se ciñe y extiende a él solo, sino que trasciende a las almas de los más débiles, y que tienen puesta en él la mira. Ezequiel, [100]queriendo enseñarnos esto mismo, pone una distinción entre el juicio de los carneros y el de las ovejas.

[96] Amos. 3. 2.

[97] Amos. 2. 11.

[98] Lev. 4. 3.

[99] Deut. 22.

[100] Ezeq. 34. 17.


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