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X.

¿Pero al presente, dijo Basilio, te hallas libre de semejantes trabajos? ¿o no tienes algún cuidado, viviendo sólo contigo mismo?

Crisóstomo: No me faltan, respondí yo, aun al presente. ¿Cómo es posible, que siendo hombre, y viviendo en esta vida trabajosa, pueda estar libre de afanes y cuidados? Pero no es lo mismo entrarse en un pliego inmenso, que pasar un río.

Grande es la diferencia que hay entre estos, y aquellos cuidados. Y al presente, si pudiera yo ser útil a los otros, yo mismo lo querría, y sería esta una cosa que yo apetecería; pero sino puedo ser útil al prójimo, me contentaré si logro salvarme a mí mismo y librarme de la tempestad.

Basilio: ¿Y tú crees que esta es una gran cosa? ¿o juzgas que de algún modo podrá salvarse aquél, que no haya procurado ayudar a su prójimo?

Crisóstomo: Has dicho bien, respondí yo, porque no puedo creer que se pueda salvar el que no tiene cuidado alguno de la salud de su prójimo. A aquel desventurado de nada le sirvió el no haber menoscabado el talento; pero fue causa de su perdición el no haberlo aumentado y acrecentado otro tanto.

Con todo, yo creo que si fuere acusado de no haber procurado la salud del prójimo, será mas suave mi castigo, que si fuere llamado juicio; porque después de haber recibido una honra tan grande, habiendo empeorado yo, he perdido a otros y a mí mismo. Al presente, creo que no me espera otro castigo, sino el que corresponda a la grandeza de mis pecados. Pero después de haber recibido esta potestad, yo creería tener, no duplicado o triplicado castigo, sino mucho más multiplicado y más grave, por haber escandalizado a muchos y ofendido a Dios que me había dado un tan gran honor.


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