<< >> Up Título Contenidos


IX.

¿Y quién podrá contar las otras incomodidades, ultrajes, violencias, quejas de grandes y de pequeños, de prudentes y de imprudentes? Aquel género, principalmente de hombres, que carece de un recto discernimiento, es quejoso y no admite fácilmente excusas. Y el buen prelado no debe despreciar ni aun a éstos, sino que con dulzura y mansedumbre ha de satisfacer a todos de lo que le acumulen, y estar pronto, y dispuesto a perdonarles una queja fuera de razón, antes que soltar la rienda a la ira.

Y si San Pablo temió hacerse sospechoso de hurto con sus discípulos, y por esto echó mano de otras personas para la administración del dinero, [94]para que ninguno nos reprenda, como él mismo dice, en esta gran porción que administramos ¿cómo es posible que nosotros dejemos de poner toda la mayor diligencia para apartar las malas sospechas, aunque sean falsas, y sin razón, y aunque muy ajenas de nuestra opinión? A la verdad, de ningún pecado nos hallamos tan distantes, cuanto estuvo San Pablo del hurto; y con todo, aunque se hallase tan libre de una acción tan fea, no por eso despreció la sospecha del vulgo, aunque necia y poco razonable.

Verdaderamente era una locura sospechar tal cosa de aquella alma bienaventurada y admirable; y con todo, vemos que apartó lejos de sí las ocasiones de semejante sospecha tan absurda, y que sólo podía caber en el ánimo de un mentecato, y no despreció la locura del vulgo, ni tampoco dijo: "¿a quién podrá venir al pensamiento el sospechar semejante cosa, teniendo todos de mí tan alta estima, y veneración, ya por mis milagros, ya también por la inocencia de mi vida?" Pero no fue así, sino que sospechó de sí y creyó que podía nacer esta mala sospecha, y la arrancó desde las raíces; o por mejor decir, no permitió que naciese. ¿Y por qué? [95]"Procuremos, dice, cosas honestas, no sólo delante de Dios, sino también delante de los hombres".

Tan grande, y aun mayor cuidado conviene tenerse, no sólo para desvanecer en los principios, cuando se mueve una fama no buena, sino para prevenir desde lejos, de donde pueda nacer; y anticipadamente quitar de delante aquellas ocasiones, de donde puede tener origen, no esperando a que tome fuerzas y a que vaya de boca en boca por el vulgo, porque entonces no será fácil el sofocarla, sino muy difícil, o por ventura imposible; y aun cuando esto se pueda, no podrá hacerse, sino cuando muchos hayan sido ya dañados.

¿Pero hasta cuándo proseguiré yo contando aquellas cosas, que no pueden comprenderse con el pensamiento? El reducir a número todas las dificultades que allí se encuentran, no es otra cosa, que pretender medir la profundidad del mar. Pues aunque uno se halle libre de toda pasión, lo que no es posible; con todo, para corregir los pecados ajenos, se ve obligado a sufrir infinitas y graves angustias y trabajos. Y si a esto se juntan las propias pasiones, mira ¿qué abismo será este de trabajos y de pensamientos? ¿y cuántas cosas no debe sufrir aquél, que quiere pasar sobre sus propios males y sobre los ajenos?

[94] 2. Cor. 8. 20.

[95] Rom.$12. 17.


<< >> Up Título Contenidos