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IX.

Pero nada de esto me toca a mí, dijo Basilio, pues yo no soy enemigo oculto, ni declarado, ni de aquéllos que intentan ofender a otro, sino todo lo contrario; pues he dejado siempre a tu arbitrio todas mis cosas, habiendo seguido por aquel camino, por donde tú me has mandado.

Juan: Por lo mismo, ¡oh varón bueno, y admirable!, con prevención te he dicho que no solamente en la guerra y con los enemigos, sino en la paz y con los más amigos, es bueno usar de la astucia. Y en prueba de que ésta sea útil, no sólo a los que engañan, sino también a los engañados, acércate a algunos de los médicos, y pregúntales cómo curan a los enfermos, y te dirán que no se contentan solamente con el arte sino que hay ocasiones, en que valiéndose del engaño, y acompañando su socorro, restituyen por este medio la salud a los enfermos. Cuando el hastío de éstos, y la gravedad de la dolencia no dan lugar a los consejos de los médicos, es necesario en tal caso ponerse la máscara del engaño para poder ocultar, como sucede en una escena, la verdad del hecho.

Y si quieres, yo te contaré uno de los muchos que acostumbran usar. Se vio uno en cierta ocasión acometido de calentura muy ardiente: crecía el ardor y el enfermo rehusaba tomar todo aquello que pudiese mitigar el fuego, y por el contrario apetecía, y hacía grandes instancias, pidiendo a todos los que entraban a visitarle, que le alargasen vino puro con abundancia y le diesen con qué saciar este mortal deseo. No hay duda que si alguno hubiera condescendido con su gusto, lejos de mitigarle el ardor, hubiera puesto fuera de sentido a aquel desgraciado. Viéndose, pues, el arte perplejo, y no encontrando algún otro medio, y quedando enteramente inútil, entró en su lugar el engaño, y dio tales pruebas de su virtud, y eficacia, como oirás ahora de mí. Tomando, pues, el médico una vasija de tierra que acababa de salir del horno, y habiéndola puesto en una buena cantidad de vino hasta empaparse, la sacó vacía, y llenándola de agua, mandó que oscureciesen el cuarto donde yacía el enfermo, poniendo muchas cortinas para que la luz no descubriese el artificio y se la alargó para que bebiese, como si estuviera llena de vino puro. El enfermo antes de tomarla en las manos, engañado luego del olor que salía del vaso, no se detuvo a indagar curiosamente qué era lo que se le había dado, sino que persuadido del olor, y deslumbrado por la oscuridad, agitado del deseo, tragó con gran ansia lo que le habían presentado, y saciándose, apagó en el punto aquel ardor, y evitó el peligro que le amenazaba.

¿No ves la utilidad de un engaño? Y si quisiera alguno reducir a número todas las astucias que usan los médicos, alargaría infinitamente su discurso. Se hallará también, que no solamente los que curan los cuerpos, sino también los que atienden a las enfermedades del alma, han aplicado frecuentemente esta medicina. De este modo redujo[8] el apóstol San Pablo aquellos tantos millares de judíos. Con este fin circuncidó a Timoteo,[9] el mismo que amenazó a los gálatas,[10] que Cristo nada aprovecharía a los que se circuncidasen. Por esto permanecía bajo el yugo de la Ley; bien, que juzgaba demérito, después de la fe en Jesucristo,[11]la justificación que proviene de la Ley.

Grande es la fuerza de un engaño, como este no sea con fin dañado. Ni se puede esto llamar engaño, sino una cierta economía, una sabiduría, y arte propia, para buscar camino donde no le hay, y para corregir los vicios del alma. Ni podré yo llamar homicida a Phinees, aunque de un solo golpe mató a dos;[12]ni tampoco a Elías después de los cien soldados[13]con sus oficiales, y después de aquel abundante arroyo de sangre[14]que hizo correr con la muerte de aquéllos que se habían consagrado a los demonios. Si esto concediéramos, y pretendiéramos examinar las cosas en sí mismas, y desnudas del fin e intención de los que las ejecutaron, podría cada uno, sin dificultad, condenar a Abraham de parricidio,[15] y del mismo modo acusará a su nieto y biznieto de malicia y engaño. Pues aquél se usurpó la primogenitura[16]y el otro[17] pasó al campo de los israelitas las riquezas de los egipcios.

Pero no es esto así, no. No permita Dios semejante atrevimiento. Pues no sólo no culpamos a estos tales, sino que por el contrario los admiramos por semejantes hechos; pues ellos por los mismos merecieron la aprobación divina. Será digno de ser llamado engañador, aquél que use del engaño con fin torcido; pero no el que lo hace con buena intención. Muchas veces es necesario usar de la astucia y por medio de este artificio ocasionar grandísimo bien. Aquél, pues, que camina sin esta cautela, ocasiona gravísimos daños a quien no ha querido engañar.

[8] Act. XXI. 26.

[9] Act. 16. 3.

[10]Galat.5. 2. it. Act. 15. 1.

[11] Philip. 3. 7.

[12] A Zambri y a Gozbi por haberse mezclado con los madianitas contra el precepto de Dios. Numer. 25. 8.

[13] Que le había enviado Ococías y que hizo morir con fuego bajado del cielo. IV. Reg. 1. 10.

[14] Fueron 850 los falsos profetas que mandó matar Elías. III Reg. 18. 40.

[15] Obedeciendo a Dios que le mandó sacrificar a su hijo. Genes. 22. 3.

[16] Jacob, hijo de Isaac, a quien su hermano Esaú vendió la primogenitura por un plato de lentejas. Genes. 27. 19.

[17] Moisés. Exod. 11. 2.


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