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La traducción del siglo XIX


Así se puede designar a la única traducción completa de la Biblia en todo el siglo XIX. Como el siglo XVIII dio a luz a la Biblia del p. Scío, el XIX tuvo también sólo una traducción, conocida como de Torres Amat, aunque no son pocos los que gustan llamarla de Petisco y Torres Amat. ¿Quiénes fueron estos traductores?

El padre José Miguel Petisco

Por ser menos conocido que Torres Amat, parece conveniente empezar por José Miguel Petisco. Nació en Ledesma, en las vecindades de Salamanca, el 28 de setiembre de 1724. Sintiendo el llamado de la vocación sacerdotal decidió ingresar a la Compañía de Jesús, lo que hizo a través del noviciado de Villagarcía. Fue ordenado sacerdote, y como es costumbre entre los jesuitas luego de su tercera probación hizo su cuarto voto en 1758. Viajó a Lión donde se especializa durante dos años en el estudio del griego y el hebreo. Por el decreto de expulsión de los jesuitas de España debe salir al destierro. En Córcega y Bolonía enseña Sagradas Escrituras, hasta la supresión pontificia de la Compañía de Jesús, en 1773.

Ante estos acontecimientos decide establecerse en Bolonía. Luego de la traducción al italiano de la Vulgata por Antonio Martini, del breve pontificio a él dirigido y de las nuevas disposiciones de la Inquisición española de 1782, Petisco decide empezar una traducción de la Vulgata al castellano. Inicia sus labores en 1786. Trabaja en Italia y regresa con el texto prácticamente finalizado a España en 1798. El Señor lo llama el 27 de enero de 1800.

Entre sus obras hay unas traducciones de Cicerón, así como una gramática griega publicadas en Villagarcía. Se dice que le fue arrebatada su traducción de Los Comentarios de Cayo César, que salió bajo el nombre del presbítero José Goya y Muniain, publicada en Madrid en 1798. Algo semejante se afirma de su traducción de la Biblia, como se verá más adelante.

Mons. Félix Torres Amat

Hijo de J. Torres Cereols y de Teresa de Amat y Pont, nace Félix en Sallent, en la comarca de Bagés, Barcelona, el 6 de agosto de 1772. Entre sus once hermanos tuvo dos que también fueron sacerdotes: Ignacio y Valentín. Desde niño tuvo notable facilidad para los idiomas, estudiando latín en su pueblo natal, y a partir de los doce años griego, hebreo, francés e italiano en Alcalá de Henares. Para 1794 había culminado sus estudios de filosofía y teología. Fue ordenado sacerdote en 1796, dedicándose a la enseñanza de filosofía, matemáticas, retórica y teología. Para 1817 se le encuentra en Barcelona, donde fue nombrado Vicario General. En 1835 es consagrado en Barcelona como Obispo de Astorga. Durante este tiempo desarrolla diversas actividades públicas. El Señor lo llama el 29 de diciembre de 1847.

La vinculación con su tío materno el arzobispo Félix Amat de Palou y Pont[87], vinculado al grupo jansenista y regalista, acusado de afrancesado por el grupo del rey Fernando VII, debido a sus acciones bajo el régimen de José Bonaparte, le trajo a Torres muchas desavenencias. De ideas semejantes a las de su tío escribió en su defensa un par de obras que fueron puestas en el Índice, y que le valieron fuertes críticas del padre Jaime Balmes[88].

Mons. Félix Torres Amat fue miembro de numerosas academias como la de las Buenas Letras de Barcelona, la Geográfica de París, la de Historia de Madrid. Además de la traducción de la Biblia, y de un Indice cronológico de las cosas más notables de la Santa Biblia, en diecisiete tomos, dio a imprenta en Barcelona, en 1836, un diccionario o Memoria para ayudar a formar un Diccionario crítico de escritores catalanes. Sus impugnadores lo han acusado de haber plagiado a su hermano Ignacio[89]. En la noticia que da José Vives Gatell[90], dice: «Su obra principal son las también discutidas Memorias. Confiesa él (Félix) en la introducción que la idea partió de su hermano Ignacio que, como bibliotecario y después deán de Gerona, reunió más de un millar de noticias de autores catalanes, en parte perdidas al huir de Gerona sitiada, parte aprovechadas en las Memorias y se sabe que Torres Amat visitó varias bibliotecas de España en busca de otros centenares de noticias»[91]. Por su parte Bohigas, al dar referencia de la obra, señala: «Parte importante de esta obra la constituyen las papeletas que había hecho Ignacio Torres Amat, hermano de Félix, en la Biblioteca Pública Episcopal de Barcelona, de la que fue bibliotecario. Estos materiales se completaron con otros de las bibliotecas de Barcelona, Madrid, El Escorial, Zaragoza, Valencia, etc., obtenidos bien directamente, bien por medio de amigos, y con datos sacados de bibliografías anteriores y obras eruditas»[92]. Sobre esto y el asunto de la Biblia, G.Ma. Verd es un tanto tendencioso en relación a Mons. Torres, llegando incluso a acusarlo de «plagio»[93].

El asunto de la traducción de la Biblia

En 1823 inicia Torres la publicación de su traducción sobre la Vulgata en nueve volúmenes, a partir del Nuevo Testamento. En 1824 empezó a publicar el Antiguo Testamento y culminó al año siguiente. Al aparecer el Nuevo Testamento corrieron rumores de que se lo había apropiado de Petisco. Al salir de prensa el primer tomo del Antiguo Testamento traía unas aclaraciones sobre ese asunto, señalando que se había valido de un texto castellano anónimo, que algunos pensaban que era del padre Petisco.

Según el parecer de algunos el asunto está totalmente resuelto: Torres habría tomado el manuscrito de Petisco y lo publicó bajo su nombre. Para otros, la cosa no queda tan clara: «cuya total o parcial originalidad ha dado lugar a muchas y no satisfactoriamente resueltas cuestiones»[94]. Concediendo que Torres conoció el manuscrito, no deciden cuánto lo usó y cuánto se debe a sus propias investigaciones. Por ejemplo, el Comentario Bíblico San Jerónimo, dice: «Se ha afirmado que esta traducción era en realidad obra de José Miguel Petisco[95]; de hecho, ha sido publicada varias veces bajo el nombre de ese jesuita (+1800). Lo más probable es que se trate de una traducción distinta, si bien Torres Amat --como él mismo declara en el prólogo de la obra-- tuvo delante el manuscrito inédito de Petisco»[96].

Por un lado está la duda sembrada por las acusaciones de haber plagiado las introducciones de Mons. Martini, en la traducción italiana. Por otro está el asunto del uso de las investigaciones de su hermano Ignacio, fallecido en 1811, en una obra que Félix Torres Amat publica en 1836, concediéndole el crédito de la idea y de muchas notas. Finalmente está el asunto de Petisco, a quien según opinión de algunos autores le habrían plagiado una obra en 1798, cuando aún vivía y se encontraba en España o muy cerca de estarlo. Todo el asunto resulta extraño y por demás desagradable.

Características

En todo caso, dejando la resolución del polémico asunto a los expertos en esos menesteres, cabe señalar que la Biblia conocida como de Torres Amat presenta una traducción de mejor estilo literario que la del padre Scío. El costo es la multitud de añadidos o glosas que por momentos la hacen parecer parafrástica. Es de lectura fácil y agradable. Varias veces ha sido revisada e incluso se han recortado sistemáticamente sus glosas o paráfrasis.

La traducción ha tenido mucho éxito. Las ediciones se han multiplicado a lo largo de los años. Incluso, en este mismo año se la ha editado en lenguaje electrónico, en un CD adaptado a los multimedios[97].

[87]1750-1824.

[88]Ver Balmes, pp. 179ss.

[89]1768-1811.

[90]Al momento de escribir aparece como Director de la Biblioteca Balmes de Barcelona y Exdirector del Instituto Enrique Flórez, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y uno de los codirectores del Diccionario de Historia Eclesiástica de España.

[91]Aldea, vol. IV, pp. 2582s.

[92]Bohigas, p. 83.

[93]Aldea, Suplemento I, p. 614.

[94]Aldea, IV, p. 2582.

[95]Ver J. March, La traducción de la Biblia de Torres Amat es sustancialmente la del padre Petisco (Madrid, 1936).

[96] "San Jerónimo", 69:189; ver también Tuya, p. 588.

[97]El CD-ROM preparado en Colombia ofrece la notable vistosidad y sonido de los multimedios, así como un tan breve como útil índice de temas que lleva a los textos. Pero, en eso quedan los avances. Las notas aparecen a pie de página, respondiendo al esquema de texto impreso. Las ayudas hipertextuales y el entorno Windows no han sido adecuadamente aprovechados en esta edición electrónica. Sin embargo le cabe ser la primera edición electrónica latinoamericana, al menos por lo que tenemos noticia. La Biblia de las Américas y la Reina Valera Actualizada que han sido editadas en lenguaje electrónico son versiones no-católicas, por un lado, y por otro han sido hechas en los Estados Unidos de Norteamérica.


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