Interés de la Iglesia por los aspectos sociales
y morales de las competiciones deportivas

Mensaje de S.S. Juan Pablo II a los jugadores del equipo nacional de Argentina y al equipo de la Sociedad Deportiva «Roma»

22 de marzo de 1987

Me es grato daros mi cordial bienvenida, dirigentes y jugadores del equipo nacional de fútbol argentino, que habéis venido a esta ciudad para disputar un encuentro amistoso con el equipo "Roma", que actualmente está celebrando el sexagésimo aniversario de su fundación.

En esta circunstancia deseo expresar mi felicitación al equipo argentino que ha alcanzado las más altas metas en el ámbito del deporte futbolístico mundial. Por ello, esta audiencia me ofrece la ocasión para manifestaros el interés de la Iglesia por los aspectos sociales y morales que las competiciones deportivas suponen para las relaciones interpersonales y los encuentros internacionales, destinados a promover y acrecentar lazos de amistad y de convivencia pacífica entre los pueblos.

Como bien enseña el Concilio Vaticano II: "Los ejercicios y manifestaciones deportivas…ayudan a conservar el equilibrio espiritual, incluso de la comunidad, y a establecer relaciones fraternas entre hombres de todas las clases, naciones y razas" (Gaudium et spes, 61).

Para que estos deseos se vayan convirtiendo en feliz realidad, y como prenda de abundantes dones divinos os imparto mi bendición apostólica, que extiendo con afecto a vuestras familias y a vuestros conciudadanos, con quienes tendré el gusto de encontrarme en mi próxima visita pastoral a vuestra patria.

Y ahora dirijo mi saludo también a los dirigentes y jugadores de la Sociedad deportiva Roma , que celebran el 60 aniversario de la fundación de la sociedad "gualda-roja".

Me uno a vuestra alegría y os exhorto a perseverar en la perspectiva, siempre viva en vuestra sociedad, de conceder amplio espacio a expresiones significativas y valientes de hermandad y amistad. Junto con la eficacia y el éxito, exaltad siempre en todas las competiciones los valores morales que acompañan al auténtico deportista, es decir, el comportamiento maduro y prudente, el autocontrol, el equilibrio interior.

Os pido además que manifestéis siempre, en todas las circunstancias, el espíritu cristiano que anima vuestra conciencia de creyentes y que sabe exaltar los sentimientos de lealtad, concordia, solidaridad fraterna, indispensables para que toda manifestación deportiva sea verdaderamente humana y constructiva.

Estoy seguro de que afrontaréis con este espíritu el encuentro amistoso de mañana, fiesta de San José, y deseo que con la protección de este gran Santo se pueda garantizar siempre en el mundo del deporte la cordialidad viva y el espíritu pacífico y amistoso que unen a todos los verdaderos deportistas en una familia única, grande y serena.

Con estos deseos, os bendigo de corazón. 


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