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RESTAURACIÓN DE LA FILOSOFIA DE SANTO TOMÁS DE AQUINO

MANDATOS Y CONSEJOS

"DIOS DE LAS CIENCIAS"


18. Los motivos que Nos mueven a querer esto con gran ardor son muchos. -Primeramente, siendo costumbre en nuestros días tempestuosos combatir la fe con las maquinaciones y las astucias de una falsa sabiduría, todos los jóvenes, y concretamente, los que se educan para esperanza de la Iglesia, han de ser alimentados por esto mismo con el poderoso y robusto pábulo de doctrina, para que, con enérgicas fuerzas y provistos de toda clase de armas, a tiempo se acostumbren a defender con una gran sabiduría la causa de la religión, dispuestos siempre, según la doctrina de los Apóstoles a satisfacer a todo el que pregunte la razón de aquella esperanza que tenemos[47], y exhortar con la sana doctrina y argüir a los que contradicen[48]. Además, muchos de los hombres que, por haber apartado su espíritu de la fe, aborrecen las enseñanzas católicas, profesan que sólo la razón es, para ellos, la única muestra y guía. Para sanar, pues, a éstos y volverlos a la fe católica, además del auxilio sobrenatural de Dios, nada juzgamos más oportuno que la sólida doctrina de los Padres y de los Escolásticos, los cuales demuestran los firmísimos fundamentos de la fe -su divino origen, su infalible verdad, los argumentos que la hacen creíble, los beneficios que ha prestado al género humano y su perfecta armonía con la razón-, con evidencia y eficacia tan grande que basta para doblegar los entendimientos, aun los más opuestos y recalcitrantes.

19. Por su parte, la sociedad doméstica y aun la misma sociedad civil, que en peligros tan graves se encuentran, como todos vemos, a causa de la peste de tan perversas opiniones, vivirían ciertamente más tranquilas y más seguras, si en las Universidades y Escuelas se enseñase doctrina más sana y más conforme al magisterio de la enseñanza de la Iglesia, tal como la contienen los volúmenes de Tomás. Porque todo lo relativo a la genuina esencia de la libertad -hoy degenerada en licencia-, al origen divino de toda autoridad, a las leyes y a su naturaleza, al paternal y equitativo imperio de los Príncipes supremos, a la obediencia a los gobernantes, a la mutua caridad entre todos; todo cuanto sobre estas cosas y otras del mismo tenor enseña Tomás, tiene una robustez grandísima e invencible para echar por tierra los principios del nuevo derecho, que son peligrosos -bien patente está-, para el tranquilo orden de las cosas y para el público bienestar. -Finalmente, de la restauración de las ciencias filosóficas, por Nos propuesta, cabe prever y esperar un aumento y gran auxilio para todas las ciencias humanas. Porque todas ellas acostumbraron así a tomar de la filosofía, cual ciencia reguladora, la sana enseñanza y el recto método, como a sacar energía de aquélla, cual de una común fuente de vida. La historia y una constante experiencia demuestran cómo, cuando subsistió incólume el honor de la filosofía y predominante su sano juicio, florecieron las artes liberales en su máximo esplendor; pero cómo quedaron descuidadas y casi olvidadas, cuando la filosofía decayó o enredóse entre ineptos errores. -Por lo cual, aun las mismas ciencias físicas, tan apreciadas hoy y tan admirables por tantos inventos, que doquier conquistarían singular estima, pues de la restauración de la antigua filosofía no han de recibir daño alguno, antes bien recibirán gran defensa. Porque, para su fructuoso ejercicio e incremento, no basta tan sólo el examen de los hechos y la mera observación de la naturaleza, ya que de los hechos se debe ascender más alto y hay que investigar profundamente para conocer la esencia de las cosas corpóreas, para descubrir así las leyes a que obedecen como los principios de donde proceden su orden y unidad en la variedad, y la mutua afinidad en la diversidad: investigaciones a las que de modo admirable comunica gran fuerza, luz y auxilio la filosofía escolástica, con tal de enseñarla con un sabio método.

MANDATOS Y CONSEJOS

20. Y precisamente aquí es donde conviene señalar la grave injuria con que se afirma que la filosofía es contraria al progreso e incremento de las ciencias naturales. Pues cuando los Escolásticos, siguiendo la doctrina de los Santos Padres, enseñaron con frecuencia, en la antropología, que la inteligencia humana solamente desde las cosas sensibles se eleva a conocer las cosas incorpóreas e inmateriales, claramente entendieron que nada era tan útil al filósofo como investigar con diligencia los arcanos de la naturaleza; y se consagraron al estudio, intenso y continuo, de las cosas naturales. Lo cual confirmaron con su conducta; pues Santo Tomás, el bienaventurado Alberto Magno y otros príncipes de los escolásticos, no se consagraron a la contemplación de la filosofía, de tal suerte que no pusieran un gran empeño en conocer las cosas naturales; y muchas de sus afirmaciones y opiniones en este género de cosas las aprueban los maestros modernos y las reconocen conformes con la verdad. Además, en nuestros mismos días muchos y muy insignes Doctores de las ciencias físicas confiesan llana y claramente que, entre las ciertas y aprobadas conclusiones de la física más reciente y los principios filosóficos de la Escuela, no existe verdadera pugna.

21. Nos, pues, mientras manifestamos que recibimos de buen grado y con gratitud todas las doctrinas científicas y todos los célebres inventos, de cualquier origen, a vosotros todos, Venerables Hermanos, con grave empeño os exhortamos a que, para defensa y gloria de la fe católica, bien de la sociedad e incremento de todas las ciencias, renovéis y propaguéis, cuanto posible sea, la áurea sabiduría de Santo Tomás. Decimos la sabiduría de Santo Tomás; pues, si hay alguna cosa tratada por los escolásticos con demasiada sutileza o enseñada inconsideradamente, si hay algo menos concorde con las doctrinas comprobadas de los tiempos modernos, o, finalmente, que de ningún modo se puede aprobar, de ninguna manera está en Nuestro ánimo el proponerlo para que sea seguido en nuestro tiempo. -Por lo demás, que maestros, elegidos inteligentemente por vosotros, procuren imbuir en los ánimos de sus discípulos la doctrina de Tomás de Aquino, y pongan de relieve su solidez y su excelencia sobre todas las demás. Las Universidades, fundadas por vosotros, o que hubiereis de fundar, ilustren y defiendan la misma doctrina y la usen para la refutación de los errores que circulan. -Mas, para que no se beba la supuesta doctrina en vez de la verdadera, ni la corrompida en vez de la sincera, cuidad de que la sabiduría de Tomás se busque en las mismas fuentes o al menos en aquellos ríos, que, según cierta y conocida opinión de hombres sabios, han salido de la misma fuente y todavía corren íntegros y puros; pero de los que se dicen haber procedido de éstos, y en realidad crecieron con aguas ajenas y no saludables, procurad apartar los ánimos de los jóvenes.

"DIOS DE LAS CIENCIAS"

22. Conocemos muy bien que Nuestros propósitos serán de ningún valor si a las comunes empresas, Venerables Hermanos, no favorece benigno Aquel que en las SS. Escrituras es llamado Dios de las ciencias[49], en las que también se nos avisa que toda dádiva buena y todo don perfecto viene de arriba, pues desciende del Padre de las luces[50]. Y además: Si alguno necesita de sabiduría, pídala a Dios, que la da a todos con abundancia y a nadie zahiere, y le será concedida[51].

También en esto sigamos el ejemplo del Doctor Angélico, que nunca se puso a estudiar ni a escribir sin antes haberse hecho propicio a Dios por la oración; por ello confesaba ingenuamente que todo cuanto sabía lo había adquirido no tanto por su estudio y trabajo, cuanto por haberlo recibido divinamente: por eso mismo todos nosotros roguemos, todos juntos, a Dios con oración humilde y concorde que derrame sobre todos los hijos de la Iglesia el espíritu de ciencia y entendimiento, y les abra la inteligencia para entender la sabiduría.

Y, para recibir de la divina bondad más abundantes sus frutos, interponed también delante de Dios el patrocinio tan eficaz de la Virgen María, que es llamada Silla de la Sabiduría, y tomad a la vez por intercesores al bienaventurado José, purísimo esposo de la Virgen María, y a los grandes Apóstoles, Pedro y Pablo, que con la verdad renovaron el universo mundo corrompido por el inmundo cieno de errores y lo llenaron con la luz de celestial sabiduría.

Por último, sostenidos con la esperanza del divino auxilio y confiados en vuestra diligencia pastoral, a todos vosotros, Venerables Hermanos, a todo el Clero y el pueblo encomendado a cada uno de vosotros, con todo amor en el Señor os damos la Bendición Apostólica, augurio de celestiales dones y testimonio de Nuestra singular benevolencia.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 4 de agosto de 1879, segundo año de Nuestro Pontificado.

[47] 1 Pet. 3, 15.

[48] Tit. 1, 9.

[49] 1 Reg. 2, 3.

[50] Iac. 1, 17.

[51] Ibid. 1, 5.


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