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«AETERNI PATRIS FILIUS»
SOBRE LA RESTAURACIÓN DE LA FILOSOFÍA CRISTIANA

Carta encíclica del Papa León XIII promulgada el 4de agosto de 1879

 

  1. IMPORTANCIA DE LA FILOSOFÍA
  2. SANTO TOMÁS DE AQUINO
  3. RESTAURACIÓN DE LA FILOSOFÍA DE SANTO TOMÁS DE AQUINO

El hijo unigénito del Eterno Padre, que apareció en la tierra para salvar el linaje humano e iluminarlo con la divina sabiduría, hizo muy grande y admirable beneficio al mundo cuando, estando para ascender de nuevo al cielo, mandó a los apóstoles que fuesen a enseñar a todas las gentes[1], y dejó a la Iglesia, que él había fundado, por común y suprema maestra de los pueblos. Pues los hombres, a quienes la Verdad había libertado, debían ser conservados por la verdad; ni hubieran durado por largo tiempo los frutos de las celestiales doctrinas por los que se logró la salvación para el hombre, si Cristo Nuestro Señor no hubiese constituido un magisterio perenne para instruir los entendimientos en la fe; pero la Iglesia, ora por estar animada con las promesas de su divino Fundador, ora por imitar su caridad, de tal suerte cumplió su mandato que tuvo siempre por mira, y fue su principal deseo, el enseñar la religión y luchar perpetuamente con los errores. Tal es la finalidad de los diligentes trabajos de cada uno de los Obispos, de las leyes y decretos promulgados en los Concilios, y, sobre todo, de la cotidiana solicitud de los Romanos Pontífices, a quienes, como a sucesores del bienaventurado Pedro -Príncipe de los Apóstoles- en el primado, pertenecen el derecho y deber de enseñar y confirmar a sus hermanos en la fe. -Pero como, según el aviso del Apóstol, por la filosofía y la vana falacia[2] suelen ser engañadas las mentes de los fieles cristianos y es corrompida la sinceridad de la fe en los hombres, los supremos pastores de la Iglesia siempre juzgaron ser también propio de su misión promover con todas sus fuerzas las ciencias que merecen tal nombre, y a la vez proveer con singular vigilancia para que las ciencias humanas se enseñasen en todas partes según la regla de la fe católica; y en especial la filosofía, de la cual sin duda depende en gran parte el buen método de las demás. Ya Nos, Venerables Hermanos, os advertimos brevemente esto mismo, entre otras cosas, cuando por primera vez Nos dirigimos a vosotros por Nuestra primera Encíclica; pero ahora, por la gravedad del asunto y la condición de los tiempos, Nos vemos compelidos por segunda vez a tratar con vosotros de establecer para los estudios filosóficos un método que no sólo corresponda perfectamente al bien de la fe, sino que sea el exigido por la misma dignidad de las ciencias humanas.

[1] Mat. 28, 19.

[2] Col. 2, 8.


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