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CAPÍTULO XI
De los ejercicios devotos no aprobados

459. Para que no se usen en las Iglesias, sobre todo con ocasión de las Cuarenta Horas, esos cuadernos en que, o bien se añaden en las Letanías de los Santos nombres de Santos exóticos, o bien se suprime uno que otro versículo en las oraciones, prohibimos que se usen otros cuadernos fuera de los que están plenamente conformes a las ediciones auténticas.

460. Fuera de las Letanías del Santo Nombre y Sagrado Corazón de Jesús, de las de la Santísima Virgen llamadas Lauretanas, y de las de los Santos, ninguna otra se considerará aprobada por la Santa Sede, si no consta absolutamente que haya para ello especial indulto Apostólico. Prohíbese igualmente cualquiera adición o cambio en las letanías aprobadas[543]. Por tanto, no permitirán los Ordinarios que se recen públicamente otras letanías fuera de las citadas, u otras que aprobare la Santa Sede: pueden, sin embargo, y aun están obligados a examinar las demás letanías u otras nuevas, y aprobarlas si lo juzgan conveniente; pero sólo para el rezo meramente privado y extralitúrgico[544].

461. Las oraciones y ejercicios devotos que contienen algo insólito, o que parecen fomentar el espíritu de novedad, aunque tengan el imprimatur de alguna Curia Diocesana (cuyo imprimatur es a menudo sospechoso, y puede ser obra de un falsario) por ningún motivo se usarán en las Iglesias u Oratorios, sin licencia expresa del Ordinario, quien, previa la revisión escrupulosa que hará por sí mismo o por medio de censores recomendables por su ciencia y madurez, responderá lo que en conciencia juzgue que conviene, pidiendo también, si es necesario, el voto del Metropolitano. Si el caso pareciese difícil y grave, se abstendrá de todo juicio definitivo, y someterá todo el negocio a la Santa Sede. En materia tan importante, no sean sobrado fáciles los Ordinarios ni los censores diocesanos de libros, y tengan presente la gravísima admonición del Santo Oficio de 13 de Enero de 1875[545].

462. Por lo que toca al culto de la Santa Faz o Santo Rostro, obsérvese absolutamente el decreto de la misma Suprema Congregación de 4 de Mayo de 1892. Sépase, por tanto, que la Santa Sede "jamás tuvo intención de fomentar, ni mucho menos de aprobar directa o indirectamente el culto especial y distinto al Rostro adorable del Redentor, sino únicamente favorecer la veneración que desde tiempos remotos se ha dado a la imagen del Rostro del Divino Redentor, o a las copias de la misma imagen, para que en el ánimo de los fieles, con la veneración y contemplación de dicha imagen, se aumente cada día la memoria de la pasión de Cristo, y se acreciente en sus corazones el dolor de los pecados, y el ardiente deseo de reparar las injusticias hechas a Su Divina Majestad"[546].

463. Alejen los párrocos con todas sus fuerzas, a los fieles a su cuidado cometidos, de las profanaciones de la sincera devoción que no rara vez tienen lugar en algunos Santuarios de los suburbios, en ciertos días del año, con gravísima irreverencia a Dios y a sus Santos. Cuando sepan, por tanto, que en esas capillas que la piedad de nuestros mayores consagró a Dios en los suburbios o en los campos, se celebran fiestas donde con evidente escándalo y detrimento de las almas se cometen delitos y otras muchas acciones pecaminosas, mandamos que, sin permiso de la Curia episcopal, y bajo las penas que a su arbitrio impondrá el Ordinario, ningún sacerdote se preste a servir allí en los divinos Oficios[547].

[543] S. R. C. 14 Agosto 1858 ad 3 (n. 3074).

[544] S. R. C. 20 Junio 1896 (n. 3916).

[545] Vide supra, art. 157.

[546] Coll. P. F. n. 2205.

[547] Conc. Prov. Neogranat. an. 1868, tit. 5. cap. 7.


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