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CAPÍTULO III
Del Culto de la Santísima Virgen María

380. Cuando buscamos la gracia, busquémosla por medio de María. Exhortaos a todos los fieles a que, confesando con fe firme y corazón lleno de gozo, que la Inmaculada Virgen María, amorosísima Madre nuestra, en el primer instante de su Concepción, por singular gracia y privilegio de Dios Todopoderoso, en vista de los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano, fue preservada inmune de toda mancha de pecado original[462], celebren solemnemente la fiesta de dicha Inmaculada Concepción, y practiquen ejercicios de piedad aprobados, en honor de tan sublime misterio.

381. En los catecismos, en los sermones, y siempre que la oportunidad se presente, fomenten los sacerdotes con todo empeño y ahinco la devoción a la Santísima Madre de Dios; procuren ensalzar cuanto puedan sus dotes y privilegios, su misericordia y poderosa intercesión; promuevan con ardor la celebración de las fiestas que le están consagradas, triduos y novenas en su honor, y el mes de María; y restablezcan, confirmen o erijan, servatis servandis, las cofradías marianas que florecen en la Iglesia universal.

382. Entre todos los ejercicios de piedad hacia la Madre de Dios, recomiéndese en primer lugar el acercarse con piedad y frecuencia a los Sacramentos de la Penitencia y Eucaristía en todas las solemnidades marianas. Entre los mismos ejercicios de piedad aprobados, promuévase ante todo el rezo cotidiano del Rosario, no individual, sino como, según antigua costumbre, se practica en la América Latina, en las familias y en común, y también el uso del escapulario de la Santísima Virgen del Carmen, y de otros aprobados por la Sede Apostólica.

383. Como de la restauración de la antiquísima y saludable costumbre del rezo, así privado y doméstico, como público, del santo Rosario de María, resultan innumerables beneficios, así a los individuos como a las familias y a la sociedad, una y mil veces exhortamos a todos y cada uno de los fieles a que procuren rezar todos los días, por lo menos la tercera parte del Rosario. Todos los pastores de almas, todos los padres de familia y los patrones, esfuércense, con la asidua e incesante propagación de esta devoción, por dar a conocer a aquella que con sus poderosas oraciones, prepara camino segurísimo para la vida eterna en favor de los que, con la palabra y con el ejemplo suelen promover su culto, y excitar a los fieles a tenerle amor y confianza. En el mes de Octubre hágase este público rezo del Rosario con toda solemnidad, conforme a las reiteradas exhortaciones y mandatos de Nuestro Santísimo Padre León XIII en sus devotas y sabias Encíclicas sobre el Rosario mariano.

[462] Pius IX, Bulla dogm. Ineffabilis, 8 Diciembre 1854.


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