<< >> Up Título Contenidos


c) A la familia


16. Primeramente, con la misión educativa de la Iglesia concuerda admirablemente la misión educativa de la familia, porque ambas proceden de Dios de una manera muy semejante. En efecto, a la familia, en el orden natural, le comunica Dios inmediatamente la fecundidad, principio de vida y consiguientemente principio de educación para la vida, junto con la autoridad, principio de orden.

a) derecho anterior al Estado

Dice el Angélico Doctor con su acostumbrada nitidez de pensamiento y precisión de estilo: El padre carnal participa singularmente de la razón de principio, la que de un modo universal se encuentra en Dios... El padre es principio de la generación, educación y disciplina, y de todo cuanto se refiere al perfeccionamiento de la vida humana[20].

La familia, pues, tiene inmediatamente del Creador la misión, y, por lo tanto, el derecho de educar a la prole, derecho inalienable por estar inseparablemente unido con una estricta obligación, derecho anterior a cualquier otro derecho de la sociedad civil y del Estado, y por lo mismo inviolable por parte de toda potestad terrena.

b) inviolable

17. Acerca de la inviolabilidad de este derecho da la razón el Angélico: En efecto, el hijo naturalmente es algo del padre...; así, pues, es de derecho natural que el hijo, antes del uso de la razón, esté bajo el cuidado del padre. Sería, pues, contra la justicia natural que el niño antes del uso de la razón fuese sustraído al cuidado de los padres o de alguna manera se dispusiera de él contra la voluntad de los padres[21]. Y como l obligación del cuidado de los padres continúa hasta que la prole esté en condición de proveerse a sí misma, perdura también el mismo inviolable derecho educativo de los padres. Porque la naturaleza no pretende solamente la generación de la prole, sino también su desarrollo y progreso hasta el perfecto estado del hombre en cuanto es hombre, o sea el estado de virtud[22], dice el mismo Angélico Doctor.

Por esto la sabiduría jurídica de la Iglesia se expresa así en esta materia, con precisión y claridad comprensiva en el Código de derecho canónico, en el can. 1113: Los padres tienen gravísima obligación de procurar con todo empeño la educación de sus hijos, tanto la religiosa y moral como la física y la cívica, y de proveer también a su bienestar temporal[23].

En este punto es tan concorde el sentir común del género humano, que se pondrían en abierta contradicción con él cuantos se atreviesen a sostener que la prole, antes que a la familia, pertenece al Estado, y que el Estado tiene sobre la educación absoluto derecho.

Es, además, insubsistente la razón, que los tales aducen, de que el hombre nace ciudadano y que por ello pertenece primariamente al Estado, sin atender a que, antes de ser ciudadano, el hombre debe existir, y la existencia no la recibe del Estado, sino de los padres, como sabiamente declara León XIII: Los hijos son como algo del padre, una extensión, en cierto modo, de su persona: y, si queremos hablar con propiedad, los hijos no entran a formar parte de la sociedad civil por sí mismos, sino a través de la familia, dentro de la cual han nacido[24]. Por lo tanto: La patria potestad es de tal naturaleza, que no puede ser extinguida ni absorbida por el Estado, como derivada que es de la misma fuente que la vida de los hombres[25], afirma en la misma encíclica León XIII. De lo cual, sin embargo, no se sigue que el derecho educativo de los padres sea absoluto o despótico, porque está inseparablemente subordinado al fin último y a la ley natural y divina, como lo declara el mismo León XIII en otra memorable encíclica suya, de los principales deberes de los ciudadanos cristianos, donde expone así en resumen el conjunto de los derechos y deberes de los padres, a quienes la misma naturaleza da el derecho de educar a sus hijos, imponiéndoles al mismo tiempo el deber de que la educación y enseñanza de la niñez corresponda y diga bien con el fin para el cual el Cielo les dio los hijos. A los padres toca, por lo tanto, tratar con todas sus fuerzas de rechazar todo atentado en este particular, y de conseguir a toda costa que en su mano quede el educar cristianamente, cual conviene, a sus hijos, y apartarlos cuanto más lejos puedan de las escuelas donde corren peligro de que se les propine el veneno de la impiedad[26].

Obsérvese, además, que el deber educativo de la familia comprende no sólo la educación religiosa y moral, sino también la física y civil[27], principalmente en cuanto tienen relación con la religión y la moral.

c) reconocido

18. Este incontrastable derecho de la familia ha sido varias veces reconocido jurídicamente por las naciones que se cuidan de respetar el derecho natural en las disposiciones civiles.

Así, para citar un ejemplo de los más recientes, el Tribunal Supremo de la República Federal de los Estados Unidos de la América del Norte, al resolver una importantísima controversia, declaró que no compete al Estado ninguna potestad general de establecer un tipo uniforme de educación en la juventud, obligándola a recibir la instrucción de las escuelas públicas solamente, y añadió la razón de derecho natural: El niño no es una mera criatura del Estado; quienes lo alimentan y lo dirigen tienen el derecho, junto con el alto deber, de educarlo y prepararlo para el cumplimiento de sus deberes[28].

d) amparado

19. La historia testifica cómo, particularmente en los tiempos modernos, ha habido y hay de parte del Estado violación de los derechos conferidos por el Creador a la familia, y a la vez demuestra espléndidamente cómo la Iglesia los ha tutelado siempre y defendido; y de hecho la mejor prueba está en la especial confianza que las familias han puesto en las escuelas de la Iglesia, como escribimos en Nuestra reciente Carta al Cardenal Secretario de Estado: "La familia ha caído pronto en la cuenta de que es así, y desde los primeros tiempos del cristianismo hasta nuestros días, padres y madres, aun poco o nada creyentes, mandan y llevan por millones a sus propios hijos a los institutos educativos fundados y dirigidos por la Iglesia"[29].

20. Es que el instinto paterno, que viene de Dios, se orienta confiadamente hacia la Iglesia, seguro de encontrar en ella la tutela de los derechos de la familia, es decir, la concordia que Dios ha puesto en el orden de las cosas. La Iglesia, en efecto, aunque consciente como es de su divina misión universal y de la obligación que todos los hombres tienen de seguir la única religión verdadera, no se cansa de reivindicar para sí el derecho -y de recordar a los padres el deber- de hacer bautizar y educar cristianamente a los hijos de padres católicos: con todo, es tan celosa de la inviolabilidad del derecho natural educativo de la familia, que no consiente, a no ser con determinadas condiciones y cautelas, que se bautice a los hijos de los infieles, o se disponga como quiera de su educación contra la voluntad de sus padres, mientras los hijos no puedan determinarse por sí, abrazando libremente la fe[30].

21. Tenemos, pues, como lo declaramos en Nuestro discurso ya citado, dos hechos de altísima importancia: "La Iglesia, que pone a disposición de las familias su oficio de maestra y educadora, y las familias que acuden presurosas para aprovecharse de él, y confían sus propios hijos a la Iglesia, por centenares y millares, y estos dos hechos recuerdan y proclaman una gran verdad, importantísima en el orden moral y social, a saber: que la misión de la educación corresponde, ante todo y sobre todo, en primer lugar a la Iglesia y a la familia, y que les corresponde por derecho natural y divino, y, por lo tanto, de manera inderogable, ineluctable, insubrogable"[31].

[20] 2. 2ae., 102, 1.

[21] Ibid. 10, 12.

[22] Suppl. 3a., 41, 1.

[23] C.I.C. c. 1153.

[24] Enc. Rerum novarum 15 maii 1891.

[25] Ibid.

[26] Enc. Sapientiae christianae 10 ian. 1890.

[27] C.I.C. c. 113.

[28] "The fundamental theory of liberty upon which all governments in this union repose excludes any general power of the State to standarize its children by forcing them to accept instruction from public teachers only. The child is not the mere creature of the State, those who nurture him and direct his destiny have the right coupled with the high duty, to reorgnize, and prepare him for additional dutles". U. S. Supreme Court Decision in the Oregon School Cases, June 1, 1925.

[29] Ep. ad Card. a publicis Ecclesiae negotiis, 30 maii 1929.

[30] C.I.C. 750, **** 2; S. Th. 2. 2ae., 10, 12.

[31] Oratio habita ad alumnos Tusculani Conlegii, vulgo di Mondragone, 14 maii 1929.


<< >> Up Título Contenidos